martes, 13 de enero de 2009

Economía - Acerca de la Crisis del Gas Natural y Nuestro Modelo Energético

¡Nos Invaden los Rusos!


Leyendo estos días la prensa uno no deja de sorprenderse con las noticias que nos llegan acerca de aquellos países damnificados por la "guerra" entre Ucranianos y Rusos por el suministro (y el precio) del gas natural.


Creo que no hay debate posible. Aunque como decía Nietzsche no hay fenómenos morales, sino fenómenos moralmente interpretados, aquí nos topamos con una cuestión fundamentalmente ética. El gas natural no es fruto de un I+D ruso o de años de investigación durante la época de los zares, Lenin, Stallin o la perestroika. Estamos hablando de un bien natural de dominio público. Es lícito que Rusia trate de explotarlo sacando un beneficio para sí, pero no que corte el suministro a media europa poniendo en peligro vidas humanas en plena ola de frío siberiano. Lo que ha hecho es injustificable.


Pienso que lo acontecido nos debe llevar a un debate más profundo. Por encima de opiniones acerca del cambio climático o la explotación de los recursos, los países deben guiarse por la sostenibilidad de su sistema energético. No podemos obviar que el desarrollo económico de las naciones ha venido ligado de forma indisoluble al crecimiento de la demanda energética. Siempre ha sido así. Desde 1970 hasta el año 2004 se sabe que, por cada 1% que aumentó el PIB mundial, la demanda de energía lo hizo en un 0,64%. Desde el año 2004, esta proporción se ha visto alterada por un fenómeno que tampoco se puede pasar por alto: la industrialización de la India y de China. La baja industrialización y motorización de las economías emergentes, deben hacernos reflexionar en este sentido.


Es por ello que la crisis del petróleo del pasado mes de julio del año 2008, cuando el barril Brent llegó a cotizar a 147 $, está más relacionada con una época de bonanza económica y el desarrollo de los dos países asiáticos, que con movimientos especulativos en el mercado de futuros como se trató de explicar. Sólo hay que ver cómo el frenazo mundial de la economía ha hundido el precio del crudo hasta límites insospechados. La energía, por lo tanto, es sinónimo de desarrollo en todos los sentidos. Negar la misma a determinados países, supone condenarles a la pobreza con todas sus consecuencias.


Da miedo pensar, por lo tanto, en manos de quien está nuestra energía. Si dependemos de las tensiones geopolíticas en Oriente Medio, del pie con el que se levante Hugo Chávez o de cuatro amigos oligopolistas rusos vinculados con negocios cuando menos sospechosos y que cuando se aburren se compran un club de fútbol, la cosa es para pensársela. Urge, por lo tanto, el desarrollo definitivo de las energías alternativas, renovables y accesibles a todo el mundo. Como economista, cada vez encuentro menos razones para seguir apostando por el petróleo o el gas natural (y eso siendo benevolente), pero como ser humano, como persona que vive en este mundo, creo que es imperativo desde un punto de vista ético que todos los pueblos tengan acceso a la energía y al desarrollo que de ella se deriva.

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