miércoles, 29 de junio de 2011

Vinos del Mundo - Reflexiones Post Vinexpo

Sobre lo autóctono, el clima y el terruño

Ante todo quiero empezar pidiendo disculpas por lo tardado en colgar este post, pero los que me conocéis sabéis que llevo unos dían yendo de cráneo. La semana pasada estuve en Vinexpo, Burdeos, junto con Prowein, probablemente la feria más importante del mundo del vino. De nuevo fue una gran oportunidad de reencontrame con clientes y buenos amigos, así como de conocer cosas más que interesantes de todos los lugares del mundo, los cuales no hubiera podido catar en circunstancias normales. Tuve la suerte, además, de que el ratito que me pude escapar a catar, lo hice acompañado de enólogos, por lo que el lujazo fue doble.

Como siempre que salgo fuera, vuelvo con la mente abierta, cargado de humildad (cada vez se hacen mejores vinos en todas partes del mundo), pero también con cierta sensación de refuerzo por varios motivos. Primero, porque sigo creyendo que nuestro sector vitivinícola puede salir a competir a pecho descubierto fuera de nuestras fronteras. Segundo, porque aunque es cierto que en el llamado "entry-level" probablemente nos ganen la partida los vinos del nuevo mundo, en las categorías "premium" tenemos la mejor calidad / precio del mercado. Tercero, porque te das cuenta de que el terruño, lo autóctono y la climatología son definitivamente los factores que marcan la diferencia. Sí, los enólogos luego son artistas que saben conjugar bien los colores, pero sin una buena materia prima, no hay nada que hacer. Cuarto y último, en el mundo del vino, no se le pueden pedir peras al olmo. En función de lo explicado en el punto tres, uno debe adaptar sus variedades, cuando no son zonas de tradición histórica, a sus circunstancias. Ahora me explicaré.

Vinos de Friuli: Ubicada en el noreste de Italia,colindante con Eslovenia, es una de las zonas "tocadas" por la mano de Dios para la elaboración de vino. Sobre todo blancos. En el stand oficial de la denominación de origen, si cabe el término, pude probar auténticas maravillas, como un tocai (uva blanca típica de la región) o un sauvignon blanc riserva del año 2006 de los mejores que he probado en mi vida, fermentado parcialmente en barrica y con una crianza de un año en las mismas. Sí, el Sauvignon Blanc no es italiano, pero en aquellos lares la climatología y el suelo han permitido una adaptación magníofica.  Por último, caté otro vino blanco elaborado con valpolicella, otra uva típica de Friuli.

Vinos del Piamonte: Aquí sólo caté una de mis debilidades, un Barolo, creo que del 2006, con mucho carga tánica y con unos aromas a fruta madura muy marcados. No me quedé con la marca, lo siento. Elaborado con Nebbiolo, uva típica del Piamonte, probablemente, junto con la San Giovese, la más conocida de Italia. Son vinos que suelen ser caros, pero si se tiene la oportunidad, merece la pena catarlos.

Vinos Argentinos: Probé varios tipos de Malbec. Jóvenes, Reservas, de viñedos en altura (más de3.000 metros), de viñedos más bajos, con cepas jóvenes y cepas viejas. Magníficos todos, cada uno de ellos demostrando sus virtudes en función de sus tipos de suelo y rigores climáticos. El único pero que yo le veo a los vinos argentinos, y les pasa lo mismo a los chilenos, es que pasan de un precio muy asequible a otros prohibitivos casi sin pasos intermedios. Los que más me gustaron dentro del nivel sobresaliente de los vinos argentinos, fueron los de Catena Zapata, bodega de gran prestigio en todo el mundo. El Malbec es una uva orginaria de Francia, pero su adaptación al "nuevo mundo" ha sido prodigiosa. Pude probar algunos blancos argentinos, fundamentalmente Chardonnay. Los de precio más bajo me dejaron más indiferente, pero probé algunos fermentados parcialmente en barricas, procedentes de cepas antiguas y en altura que me dejaron perplejo.

Vinos Chilenos: Fundamentalmente estuvimos catando con la gente de Montes Alpha, los cuales amablemente nos hicieron un recorrido por sus productos chilenos e incluso los que elaboran en el Valle de Napa (EEUU). Probamos algún Sauvignon Blanc que no me llamó demasiado la atención, pero cuando pasamos a los tintos, la cosa se puso seria. El Montes Alpha Merlot y el Cabernet Sauvignon me parecieron fascinantes, pero el que sin duda fue para quitarse el sombrero fue un Pinot Noir también elaborado en Chile. No había probado algo semejante con dicho varietal ni en la propia Francia. De nuevo hablamos de variedades no autóctonas pero que la climatología y el suelo han aceptado como casi suyas. Por último probamos algunas mezclas de diferentes variedades que también me parecieron excelentes aunque como explicaba de los vinos argentinos, algunos con precios prohibitivos. 

Vinos del Valle de Napa: Probé, en esta ocasión, los de Montes Alpha. Maravilloso el Cabernet Sauvignon, de los mejores que he probado de dicho varietal. Por lo general tengo la sensación de que el Cabernet de aquellas tierras es la variedad que mejor se ha adaptado a la zona, por mucho que la película "Entre Copas" nos tratase de iniciar en el consumo del Pinot Noir.

Vinos Uruguayos: Para los que no lo sepan, en Urugay se hacen unos vinazos espectaculares. Ocurre que la producción es limitada y que rara vez salena  Europa, pero merece la pena probarlos, eso sí, con algún matiz. Estuvimos catando dos Tanat de dos parcelas prácticamente limítrofes. Nada que ver el uno con el otro. Uno más mineral, otro más afrutado. Ambos con una carga tánica exuberante, complejos, pero muy interesantes para consumidores expertos. El Tanat es una variedad procedente de Francia, concretamente de la región de Madiran, en el pre Pirineo francés, relativamente cerca de la frontera con España, con apenas 150 metros sobre el nivel del mar. Es habitual en regiones del País Vasco Francés, siendo precisamente un vasco quién llevo la uva a Uruguay. Allí, en un clima menos frío, el Tanat se ha adaptado de maravilla, produciendo unos caldos con menor carga tánica que en nuestro país vecino. Tal vez por ese clima tan particular, el tempranillo uruguayo que caté no me dijo nada del otro mundo. Técnicamente me pareció impecable, pero volvemos al inicio: la importancia de la materia prima y su adaptación al entorno. El tempranillo es la uva de España y aquí se produce bien en zonas frías, con grandes contrastes térmicos y veranos secos, todo lo contrario que la zona vitivinícola de Urugay.

Vinos de Brasil: Caté sobre todo diferentes Cabernet Sauvignon. Reconozco que no me quedé muy bien con la zona de producción, pero tengo que decir que los vinos del país carioca no me llamaron demasiado la atención. Desde un punto de vista técnico, irreprochables, pero tengo la sensación de que la uva no había llegado a su punto óptimo a la tolva.

Termino hablando de un vino de mis amigos de Plaimont, bodega Francesa del pre Pirineo galo. Ellos sólo apuestan por variedades autóctonas y la verdad es que hacen unos vinos sumamente interesantes.  En concreto me quedo con La Faite Blanco, elaborado con uvas que a la gran mayoría ni le sonarán: Gros Manseng, Arrufiac, Petit Courbu y Petit Manseng. Cada vez me gusta más lo que hacen. Plaimont es una enorme cooperativa que viene defendiendo lo autóctono con cada vez mayor éxito, como lo hacen con la uva Colombelle, a partir de la cual hacen un vino blanco joven, de relación calidad / precio excepcional, que es para quitarse el sombrero.

¡Qué los disfrutéis!

2 comentarios:

Katy dijo...

Por que veo disfrutaste lo lindo haciendo lo que te gusta y si encima sales fortalecido mejor que mejor,
He probado algún vino chileno y argentino también. Pero no me preguntes por nombres porque con el vino me pasa como con los melones, se si está bueno cuando los cato:) No te rías...
Un abrazo

Fernando dijo...

Gracias por pasarte, Katy, como siempre, y por tu comentario. La verdad es que me lo he pasado muy bien, pero lo cierto es que sólo pude catar cuando cerraba la feria y en un ratito que me escapé del stand. Aún así, como estás rodeado de colegas, siempre puedes probar cosas interesantes.

Respecto a tus gustos, los enólogos siempre dicen una cosa: el mejor vino es el que le gusta a uno, así que me parece fantástica la analogía con los melones.

Un fuerte abrazo