sábado, 30 de julio de 2011

Economía - Diez razones por las que EEUU repetirá la crisis del 2008

Perspectivas desde el otro lado del Atlántico

Hace unos días, mi buen amigo Paco Alcaide me hacía llegar un interesantísimo artículo firmado por Brett Arends y publicado por el Wall Street Journal y Marketwatch el pasado 6 de Julio, titulado como reza este post: "Diez razones por las que EEUU repetirá la crisis del 2008". El texto rebosa de sentido común y, aunque el poso que nos deje sea más bien pesimista, en el fondo toca ideas que ya se han debatido en este foro. Os hago un breve resumen con algún comentario de mi propia cosecha:

1) De la última crisis, estamos aprendiendo lecciones equivocadas: Dice Brett Arends que en EEUU se echa la culpa del estallido de la burbuja inmobiliaria a Fannie Mae, Freddie Mac, Bill Clinton, la Ley de Reinversión en la Comunidad o, directamente, a los "liberales". Los problemas en materia inmobiliaria de España, Irlanda, Reino Unido, Australia y el Este de Europa no sólo cuestiona la creencia generalizada de la ciudadanía de los Estados Unidos de América, sino que permite que los verdaderos culpables del desastre salgan de rositas. Detrás de estos falsos bulos, se encuentran muchas veces los propios causantes de las burbujas, que son los menos interesados en que se sepa la verdad.

2) Nadie fue castigado: Esta idea ya se ha defendido aquí. Uno de los principales problemas a los que nos enfrentamos es la ausencia de moraleja. Ejecutivos de Lehman Brothers, Countrywide y otros muchos se llevaron cientos de millones de dólares en efectivo poco antes del descalabro de sus compañías. Muchos banqueros, prestamistas deshonestos y auténticos carroñeros hipotecarios obtuvieron ganancias ilícitas y sin embargo ni están en la cárcel, ni están siendo sometidos a un proceso penal. En Europa, aunque estamos algo más avanzados, la cosa no está para sacar pecho. Veremos qué pasa finalmente con la gente de Caja Castilla La Mancha o la CAM en los próximos meses.

3) Los incentivos siguen siendo deshonestos: Las reglas de Wall Street no son las mismas que en el resto de la sociedad. La ecuación "rentabilidad / riesgo" de los ejecutivos que allí trabajan, no es la misma que tiene, por ejemplo, el propietario de una PYME o un negocio. Allí, como apunta Brett Arends, si sale cara ganas, y si sale cruz, vuelves a tirar la moneda. Gracias a las acciones restringidas, las stock options, las titularizaciones, las estructuras de comisiones, las transacciones con información privilegiada, la paradoja de "ser demasiado grande para caer" y la responsabilidad limitada, los ejecutivos se comportan de forma imprudente y pierden poco o nada si las cosas salen mal.

4) Los árbitros son corruptos: Según Brett Arends, los bancos y otros sectores, colman de enormes cantidades de dinero al Congreso, los presidentes y todo el "establishment" de ayudantes, asesores y parásitos de Washington. Lo hacen a través de contribuciones de campaña, dinerales en honorarios por conferencias y privilegios a la hora del retiro. Sólo en el año 2010, el sector financiero estadounidense gastó 474 millones de dólares en el lobby político según el Center for Reponsive Politics, una organización independiente y sin ánimo de lucro con sede en Washington DC. En el fondo esto es algo que ya puso de manifiesto la película Inside Job. Cabe añadir, como brillantemente se pone de manifiesto en el film, que en el ajo también están profesores de brillantes Universidades los cuales, al calor del dinero, se quitan la chaqueta de científicos y se ponen la de "hooligans" que respaldan sin ningún rigor al político de turno y a los poderosos del momento.

5) Las acciones se han disparado otra vez: En teoría esto no debería ser malo, pero Brett Arends expone que el auge del mercado se ha debido, fundamentalmente, a la subida de precio de determinadas acciones de mayor riesgo y menor calidad. Arends se apoya en la "q" de Tobin, la cual compara los precios de las acciones con el coste de reposición de los activos de la empresa (para que todo el mundo lo entienda, y dicho de una forma muy sencilla, compara el valor bursátil con el valor contable de una compañía). Tomando como referencia la citada "q", las acciones que cotizan en  el índice Standard & Poor´s 500, por ejemplo, estarían sobrevaloradas en torno a un 70% de media.

6) La boma de tiempo de los derivados es más grande que nunca: Justo antes del colapso de Lehman Brothers, las empresas tenían en cartera derivados financieros especulativos muy arriesgados por valor de 183 billones de $ (no me he equivocado al traducir, Brett Arends habla de "Trillion"). Desde entonces se han vivido tres años de pánico, una presunta reforma y un intento por retornar a la sobriedad financiera. Pese a todo, hoy en día, las empresas norteamericanas tienen derivados en cartera por valor de 248 billones de dólares. El Producto Interior Bruto de EEUU en el año 2008, por cierto, fue de 14 billones de dólares (fuente: The Economist). Sobran los comentarios.

7) El antiguo régimen sigue al mando: Benanke, Geithner, Summers, Goldman Sachs, J.P. Morgan Chase, todos siguen saliendo en la foto. Desde que Paul Volcker se retiró en 1987 como presidente de la Reserva Federal, sigue el mismo "establishment". Los que permitieron que nos metiéramos en el lío, siguen en el ajo tres años después.

8) Ben Bernanke no entiende su trabajo: El presidente de la Reserva Federal tiene por ley un doble objetivo: bajar la inflación y bajar el desempleo. De un tiempo a esta parte y vistas sus últimas declaraciones, se ha atribuido una tercera: hacer que las acciones de Wall Street suban. A la luz de los últimos acontecimientos, no se puede decir que la mejora de la bolsa haya contribuido, por lo menos, a mejorar el desempleo, ni tampoco a mejorar la economía del gigante norteamericano.

9) Exceso de apalancamiento: Las empresas norteamericanas han pedido préstamos por valor de 513.000 millones de dólares durante el primer trimestre del año 2011, lo que supone, aproximadamente, el doble que hace un año, cuando las deudas corporativas ya estaban a la alza y en un estado alarmante. Hoy en día se estima que el apalancamiento total de las empresas no financieras estadounidenses es de 7,3 billones de dólares, lo que no sólo significa un record histórico, sino también un aumento de un 24% en los últimos 5 años, lo cual es insostenible. Si sumamos la deuda pública, la de las familias y la de las entidades financieras, el montante alcanza, aproximadamente, 50 billones de dólares. Creo que a todos nos suena el debate de las últimas semanas entre republicanos y demócratas.

10) La economía real sigue parada: Hace unos meses la administración Obama anunciaba, de la mano de Ben Bernanke, una segunda expansión cuantitativa (esto es, darle a la "maquinita" de hacer dinero e inyectarlo en el sistema) para tratar de reanimar la economía real. La realidad es que meses después, se ha logrado bajar el tipo de cambio (al haber más dinero en el sistema, baja el precio del mismo) pero el paro sigue en unos niveles desconocidos para los EEUU, el déficit por cuenta corriente sigue siendo de unos 120.000 millones de dólares al año y los precios inmobiliarios siguen en caída libre.

En cualquier caso, optimista por naturaleza como soy, no quisiera cerrar este post sin dejar alguna palabra de esperanza al artículo de Brett Arends. Primero, no es tan importante el montante de la deuda como la capacidad de generar dinero para cumplir con los pagos derivados de la misma. Si hay una economía potente en el mundo esa es la de EEUU, la cual ha sido capaz de reinventarse y levantarse decenas de veces en su corta existencia como nación. Segundo, EEUU sigue siendo una selección mundial de talentos. Como apunta Kjell Nördstrom, más que un país es una idea en la que tienen cabida todas aquellas personas con talento independientemente de su lugar de origen. Sus universidades siguen siendo un imán para atraer investigadores y una maquinaria de I+D+i. Quiero decir con ello, que estamos ante una situación coyuntural más que estructural. Que a EEUU le vaya bien, es condición necesaria (que no suficiente) para una recuperación global, y yo estoy convencido de que más pronto que tarde, recuperará la normalidad.

EEUU, en cualquier caso, tiene un problema de valores más marcado que en otros lugares del planeta. Allí han campado a sus anchas personajes sin escrúpulos que han hecho muchísimo dinero a costa de los demás. Es precisamente ahora cuando se necesita que Obama rompa a ser todo aquello que parecía que podía llegar a ser. Asumo que la política  norteamericana es un complejísimo juego de equilibrios entre bambalinas, pero si algo se espera del presidente de los Estados Unidos es, precisamente, liderazgo, capacidad de decisión y personalidad. La situación lo requiere más que nunca.

martes, 26 de julio de 2011

Economía - Empresas, Mercados y Modelos

Apuntes e Ideas

Ayer pasó por Madrid Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía en el año 2001, a participar en algunos de los cursos de verano que la Universidad Complutense de Madrid organiza. Stiglitz, polémico e interesante por partes iguales, aprovechó también para reunirse con representantes del movimiento 15 - M en el Parque del Retiro de Madrid. Fruto de su estancia por nuestros lares, dejó algunas ideas sobre las que trabajar. Me parece que todas tienen mucha miga y que el consenso será difícil. En cualquier caso, todo sea por fomentar un sano debate.
A propósito de esta crisis, Stiglitz afirmaba que "el modelo que nos ha llevado al desastre aún se sigue enseñando en las universidades". Apostillaba el economista Norteamericano que el planteamiento actual del problema es erróneo y que, por lo tanto, la solucion también lo será si se desarrolla en los términos actuales. En el centro de su crítica, había tres aspectos fundamentales que, en el fondo, están relacionados entre sí:

1) Los mercados fallan más a menudo de lo que nos han dicho, pero que las políticas macroeconómicas lo siguen ignorando.

2) Necesitamos una mayor regulación de la economía a nivel internacional

3) Buena parte de los problemas actuales vienen derivados de las desigualdades económicas mundiales e incluso nacionales, aspecto que ha sido obviado por el FMI y otros organismos internacionales.

Vamos a ver si podemos trabajar estas ideas sin hacer demasiado árida la materia. Para ello me váis a permitir que haga una breve introducción teórica, muy simplificada, de tal forma que todo el mundo la pueda seguir. Hoy en día existen tres instituciones básicas dentro de un sistema económico moderno: la empresa, el mercado y el estado. La empresa es un ente que, dicho de modo sencillo, reduce la incertidumbre dentro de un sistema. En función de la información que capta, desarrolla una actividad con la que busca crear valor satisfaciendo una necesidad y por la que recibe una plusvalía. El mercado, por su parte, pone en contacto a los diferentes agentes que participan dentro de un sistema económico.

Para el desarrollo del mercado hacen falta la invención de unos medios de pago, el desarrollo de unos derechos de propiedad bien definidos y unos procedimientos legales eficaces para hacerlos respetar. 
El Estado, por su parte, tiene una doble función. Por  un lado, fijar esas reglas del juego que determinan la creación de un mercado.Por otro, proveer a la colectividad de aquellos bienes y servicios que por cuestión del interés general, no pueden ser confiados al mercado.

En un mercado perfecto, las empresas no tendrían cabida. La información estaría repartida por igual entre todos los participantes en el mismo, de tal forma que no habría incertidumbre. Utilizando la famosa metáfora de Adam Smith acerca de "la mano invisible" del mercado llevaría a compradores y vendedores a buscar su propio interés, maximizando su beneficio y con éste, el de toda la sociedad. En un mercado perfecto, por ejemplo, el precio se fijaría en función de la oferta y la demanda, variando a cada instante en virtud de éstas. El mercado perfecto, por lo tanto, es utópico y no existe. Se dice que las empresas ejercen de sustitutas de los agentes del mercado y es por ello por lo que se nos ha tratado de vender durante décadas que la maximización del beneficio empresarial repercute de forma positiva a toda la sociedad. El problema es que este axioma no se cumple.

En primer lugar, porque el beneficio es un concepto fiscal más que económico. En los últimos años, la aparición de complejas herramientas financieras han logrado que la maximización del beneficio poco tenga que ver en ocasiones con la creación de valor para los diferentes grupos de interés que participan en una compañía. En alguna clase que me ha tocado dar, pongo siempre este ejemplo, que es el absurdo llevado al extremo, pero que creo que es muy gráfico a su vez. Imaginemos que yo tengo una fábrica y ésta está amortizada, lo que quiere decir que contablemente vale cero. Supongamos que la vendo por 6 millones de euros, por lo que contablemente mi beneficio es de 6 millones de euros, y que lo que yo hago es repartir ese dinero entre los accionistas. He maximizado el beneficio a costa de descapitalizar mi compañía, hacer perder a decenas de personas su puesto de trabajo y, probablemente, dejar de pagar a muchos de mis acreedores. A esta crisis llegamos tras dos décadas de beneficios empresariales record (con el lapso puntocom), pero el castillo se cayó como si estuviera construido con naipes. En el fondo porque la riqueza real creada estaba muy por debajo de los valores de los balances y cuentas de resultados.

En segundo lugar, porque la información se reparte de forma asimétrica, lo que favorece la aparición de agentes oportunistas que tampoco ayudan al buen funcionamiento del mercado y que impiden que la empresa, como norma general, maximice el beneficio en un sentido estricto.

En tercer lugar, y como consecuencia directa de los dos puntos anteriores, porque la teoría del mercado no nos dice cómo se ha de repartir la riqueza de tal forma que se maximice realmente el beneficio total de la sociedad.

Efectivamente, los mercados son imperfectos. Tiene razón Stiglitz, sí, pero el problema es que estas tres críticas (que hay más  y más complejas), hubieran sido igual de achacables al sistema hace 100 años, como también se les puede echar en cara a otros sistemas. Analicemos el colapso de la URSS, o cómo les ha ido a otras economías de ideologías diferentes al mercado. La historia económica está llena de fracasos, desigualdades y crisis recurrentes independientemente del sistema. El mercado, tal y como apuntan Nördstrom y Ridderstrale, simplemente "es", al igual que el comunismo o el socialismo. Tendemos a darle demasiada importancia al sistema, cuando los que realmente lo hacemos bueno o malo somos nosotros mismos. Los mercados separan lo eficiente de lo ineficiente en función de unas reglas que marcamos los participantes en ellos, conviene no olvidarlo.

Apunta también Stiglitz que se necesita una mayor regulación económica a nivel internacional. Totalmente de acuerdo con él. Volvamos a aquello que decía hace unos párrafos sobre los beneficios record de las empresas en los últimos 20 años. En una economía globalizada, con capitales circulando por todo el mundo, con cada vez más compañías internacionalizadas, seguimos lejos de terminar con la pobreza. En parte se debe a que la economía se ha mundializado, mientras que nuestros reguladores siguen operando a nivel local. Hay que cambiar los organismos de control y darles más poder a determinadas instituciones internacionales para marcar las reglas del juego. Hoy en día siguen existiendo demasiados países que permiten que haya multinacionales que se pasen por el forro derechos humanos y laborales fundamentales, mientras sus autoridades miran para otro lado. Como siguen existiendo paraísos fiscales.Y como se ha permitido que determinadas compañías hayan vendido "mierda" a sabiendas de que lo era, generando esta crisis tan tremenda que seguimos viviendo. Definitivamente, hace falta que los estados tomen las riendas de la situación. La pregunta es saber si no será demasiado tarde.

Pero también hace falta reeducar en otros valores a las nuevas generaciones de niños, adolescentes y estudiantes de las carreras de económicas y empresariales.Hay que incidir en que no todo vale en pos del beneficio,en que la economía se debe ligar al desarrollo humano (como insiste Amartya Sen) y que, en el fondo, Adam Smith era profesor de ética. Curiosa paradoja de los tiempos actuales. Me encanta recordarla.

Por último nos queda lo referente a las desigualdades. Según dice Stiglitz, en los últimos años, se ha animado a consumir a todo el mundo, dándose la paradoja de que las clases más pudientes gastaban en menor proporción que las más pobres. La consecuencia es que estos últimos han terminado endeudándose por encima de lo razonable, lo que ha derivado en una situación insostenible. Según Stiglitz, 7 millones de personas han perdido ya sus viviendas en EEUU desde que cayó Lehman Brothers y otros 2 podrían hacerlo este año. 

En el fondo, ésto que ha pasado en EEUU, ha pasado también en el resto del mundo. Buena parte del problema actual es el elevadísimo nivel de apalancamiento de empresas y familias, lo que, sin duda, reduce la capacidad de consumo e inversión en las sociedades occidentales. El arreglo es complicado. Para que la "maquinita" vuelva a girar, hace falta que la gente vuelva a consumir, pero el problema es que todavía queda lejos la digestión de toda la deuda suscrita en los años previos a la crisis. En el fondo es un problema de valores de todos los que formamos el sistema. Nos han hecho creer que podíamos ser ricos a costa de suscribir más y más créditos, obviando que aquel ritmo de vida era insostenible y que estaba abocado a caer en cuanto se cerrar el grifo.

Así pues, Stiglitz no dejó indiferente a nadie en su visita a Madrid. Desde luego sus tres ideas dan para muchas reflexiones, argumentaciones y divagaciones. Aquí os he dejado las mías. Que empiece el debate.

martes, 19 de julio de 2011

Sociedad - Crisis de Valores

Algunos apuntes

De un tiempo a esta parte reconozco estar anonadado. Yo creo que llevamos unos meses que salimos a noticia sorprendente por semana. Uno ya ni sabe cuándo comenzó esta espiral, pero así, tirando de memoria, a uno se le vienen a la mente una serie de escándalos, situaciones inmorales y otro tipo de esperpentos que realmente son de vergüenza ajena. Al menos para todos los mortales con excepción, claro está, de sus protagonistas.

Sin perder de vista la presunción de inocencia,el asunto de Mercasevilla que destapó el escándalo de los ERES en Andalucía, me dejó anonadado. El mismo día que IU anunciaba su código ético, Antonio Rodrigo Torrijos, imputado por el caso de Mercasevilla, anunciaba que pese a todo el seguía adelante con su candidatura a la alcaldía de la capital hispalense. Por lo demás, ahí siguen Griñán en la Junta y Chaves en la vicepresidencia del gobierno. Responsabilidades ninguna, faltaría más.

Poco después salían a la palestra los Ruiz Mateos. Acuciados por las deudas, presos de unos compromisos que no podían cumplir, los cuales les hicieron obtener mucha liquidez a través de unas emisiones de bonos que se colaron por algunos resquicios de la legalidad vigente, trataban de explicar lo inexplicable. El resto lo hemos sabido a posteriori: facturaciones intragrupo cruzadas que falseaban las cuentas de las compañías, deudas astronómicas con proveedores, seguridad social y empleados, y una cascada de concursos, imagino que la mayoría resultarán culpables, en los cuales han quedado atrapados centenares de ingenuos inversores que seguían creyendo en el empresario gaditano y su familia. La publicación de las cartas a la plana mayor del Banco Santander, fue el triste epílogo de quién un dia fue considerado uno de los principales empresarios españoles.

A medida que se acercaban las elecciones autonómicas, observamos, yo al menos con sorpresa, como la plana mayor del PP callaba, no sólo ante la inclusión de Camps como cabeza de cartel, sino ante unas listas electorales plagadas de sospechosos de haber participado activa o pasivamente en una trama de corrupción que olía y sigue oliendo muy mal. Uno no podía evitar sonrojarse cuando oía aquello de que "estar imputado" era una "garantía jurídica". Ahora bien,si aquello fue de nota, no lo es menos que Camps vaya al banquillo y aquí siga sin pasar nada.

El verano ha comenzado calentito también con el asunto de la SGAE. Todavía aquello está muy tierno, pero desprende un olor a podrido que apesta y da asco. Llama también la atención que desde determinados sectores se haya tratado de vender el asunto como una persecución a Teddy Bautista y a la propia sociedad general de autores. De un tiempo a esta parte, la SGAE se ha ganado la antipatía de buena parte de la ciudadanía, no por defender los derechos de autor, sino por rayar la usura cobrando cánones absurdos y abusivos. De nuevo más de uno debería ponerse colorado y dimitir, pero en este país, si no te saca la Guardia Civil esposado (y ni si quiera en todos los casos), nadie renuncia a nada.

Pero que nadie se me ofenda. No sólo tenemos problemas en España. En estos meses hemos sabido que los griegos siguen sin pagar sus impuestos, que hay especuladores a los que no les importa colaborar en la quiebra de determinados países si con ello obtienen jugosas rentabildiades. Tampoco ha estado mal lo de Rupert Murdoch, el News of the World y el escándalo de las escuchas en el Reino Unido. Curioso que al magnate australiano parezca que le vayan a valer unas simples disculpas para no ir al trullo. Lo de la responsabilidad social de los periodistas, por cierto, es para hacérselo mirar aquí también en España. Aún recuerdo la portada de "Marca" en su día: "Marta Domínguez también era mentira". ¿Y ahora, qué hacemos?

Cuando uno reflexiona y piensa en todo esto, cuando se observa el escaso pudor que tienen muchos de nuestros líderes, cuando se analiza el relativismo con el que políticos, empresarios o personajes públicos valoran una u otra cosa en función de que la persona en tela de juicio sea o no afín a determinados pensamientos, ideologías o posicionamientos, así como el escaso rigor que, en general, uno observa en casi todas las esferas de la sociedad, uno llega a comprender cómo hemos llegado al lío morrocotudo que desde hace tres años nos ocupa. Cuando no se predica con el ejemplo, cuando los que son elegidos para liderar un país y / o los posibles referentes salen rana, ocurren cosas como las de Parmalat, Enron, WorldCom o las hipotecas subprime. Nos encontramos con ejecutivos cobrando bonus astronómicos incluso con dinero recaudado a los contribuyentes para salvar a las compañías que ellos mismo han puesto en jaque y situaciones en las que no existe moraleja, en las que a los buenos no les queda más que resignarse y los malos pueden seguir campando a sus anchas.

Necesitamos una regeneración de valores en la sociedad. Debemos volver a inculcar la cultura del esfuerzo y el rigor, borrar de una vez por todas la del pelotazo y comenzar a construir la casa desde abajo, empezando por lo cimientos. Los políticos tienen que recuperar su vocación de servicio, entender que sus cargos se los otorga la ciudadanía y que ello conlleva una gran responsabilidad. Que uno no se hace político para ser rico, sino para ayudar a mejorar las condiciones de vida de sus conciudadanos. Las empresas, por su parte, deben comprender que como ente que participa en un sistema llamado "sociedad" del que toma recursos (humanos, financieros y materiales), debe revertir al sistema, no sólo outputs, sino riqueza real porque, al final, el beneficio no deja de ser un mero concepto fiscal. Por último los periodistas deben dejarse en casa sus partidismos y servir a la verdad. En definitiva, de lo que se trata es de entender que el fin no justifica a los medios en (casi) ninguna esfera de la vida,

Suelen decir Paco, Katy o Fernando, ilustres comentaristas de este blog, que ellos son pesimistas por cuanto el hombre tiende a repetir errores y, ciertamente, no puedo si no darles la razón pese a considerarme un optimista empedernido. Pero que queréis que os diga, me sigue llamando la atención que casi 500 años después de la publicación de "El Príncipe", el maquiavelismo, desgraciadamente, siga de rabiosa actualidad.

martes, 12 de julio de 2011

Economía - Tiburones, escualos y otros animales que habitan los mercados

Sobre ataques especulativos

La semana no ha podido comenzar más entretenida. Desde que los mercados abrieron la semana, no hemos tenido un momento de respiro en lo que a la prima de riesgo se refiere. Hoy el día apuntaba a tragedia, pero a media mañana el Banco Central Europeo ha comenzado a comprar deuda de los países periféricos (véase, Grecia, Portugal y España), lo cual ha rebajado notablemente la tensión y ha permitido que las aguas volvieran relativamente a su cauce. Aún así, editoriales y noticias catastrofistas, tipo pelíucula de los años 70, han inundado las ediciones digitales de los principales periódicos, alguno de los cuales ha llegado a afirmar que la Europa del Euro estaba al borde la ruptura. Como siempre, pasamos de la euforia al pánico.

Analicemos friamente la situación: Grecia está igual de mal que hace unas semanas, Italia mantiene un nivel de endeudamiento similar al de hace unos meses, Portugal ha vivido un cambio de gobierno recientemente, el cual ha puesto en marcha unos planes de ajuste brutales. Y España, en el fondo, tampoco está peor. El sistema financiero se está reordenando e incluso ha bajado ligerísimamente el paro, aunque sea por cuestiones estacionales. Es más, ya sabemos que, Zapatero, que para los mercados es parte del problema, se va. Quiero decir con ello que, objetivamente, las cosas están igual que hace unas semanas y que, por lo tanto, uno no encuentra motivo para el desaguisado actual, salvo, claro está, el juego de los tiburones, escualos y otros animales que habitan los mercados. Sí, me refiero a los especuladores.

Que nadie me entienda mal. No voy a desdecirme de lo que siempre he afirmado en este foro. Los especuladores son los amigos que se apuntan a la fiesta, pero no los que la organizan. Dicho de otra forma: Grecia, España, Italia, Portugal e Irlanda tienen problemas de diferente índole y ello es lo que realmente nos ha metido en un lío tan morrocotudo como el actual. Probablemente Grecia tenía todas las papeletas para estar como está sin los tiburones por diferentes motivos: mucha deuda, cuentas públicas falseadas, sistema tributario de "chichinabo" y un estado de bienestar por encima de sus posibilidades. Irlanda ha tenido que ser rescatada por la inoperancia de sus políticos al respaldar el gobierno las deudas de sus bancos. Portugal, España e Italia, por su parte, tienen diferentes problemáticas, pero en el caso de nuestros vecinos, los amigos que se han apuntado a la fiesta se han atiborrado alcohol y han terminado por destrozar la casa. Como no tenían la capacidad de aguante de España e Italia (en parte por el tamaño de su economía), se han visto abocados al desastre.

Para entendernos todos y contando las cosas sin demasiados tecnicismos, un país necesita, además de los tributos que recauda, acudir a financiación ajena para hacer frente a las inversiones que todo estado moderno precisa. Para ello emite bonos, los cuales son comprados por inversores de todo el mundo en un mercado organizado. Cuando se percibe que un país tiene mayor riesgo de impago que otro, éste tiene que pagar un precio más alto (intereses) para lograr la financiación correspondiente. Pondré un ejemplo para que todo el mundo me entienda.

Imaginemos el país A, el cual tiene una tasa de paro muy baja (lo que hace que el estado no tenga que pagar muchos subsidios de desempleo), una edad media de la población no demasiado eleveda (lo que reduce también el importe de las pensiones), un sistema tributario serio en el que no hay evasión fiscal y unos presupuestos habitualmente equilibrados, con algo de déficit cuando vienen mal dadas y con algo de superavit el resto de años. Imaginemos que este país A tiene que recurrir a financiarse porque va a emprender las construcciones de unas infraestructuras y emite unos bonos. Imaginemos ahora el país B, el cual tiene un desempleo que roza el 20%, una población envejecida, un sistema tributario en el que se sabe que hay gente que no paga un duro y unos presupuestos del estado con un elevado déficit. Este país quiere emprender el mismo proyecto que A y recurre también a la emisión de bonos.

Está claro que a igualdad de condiciones todos invertiríamos en A porque las garantías de pago son mucho mayores. Ahora bien, si A paga un 2% de intereses y B un 5%, entonces la cosa cambia. Ese es el problema al que se enfrentan ahora España, Grecia, Italia, Portugal e Irlanda. El mercado no termina de fiarse de su capacidad para reembolsar su deuda y es por ello por lo que tienen pagar unos intereses (prima de riesgo) más altos de lo normal.

Imaginemos ahora que los tiburones que habitan los mercados, deciden hablar de lo mal que está nuestro país B y ello genera un pánico que hace ningún inversor quiera comprar su deuda. El Gobierno de B, desesperado, no tiene más remedio que subir sus intereses al 7% para captar compradores de deuda, ya que de otra forma no podrá afrontar sus pagos en los próximos meses. Entonces es cuando los tiburones entran en acción. Han logrado que el tipo de interés suba ese 2% y obtienen una rentabilidad por encima de la media del mercado. La derivada para el ciudadano de a pie, así como para las empresas del país B es terrible. Al tener que pagar más intereses, el estado necesita emitir más deuda, lo cual detrae más liquidez del sistema, lo que hace que sea más caro el dinero. Por si esto fuera poco, cuando nuestros bancos tienen que salir al extranjero a endeudarse para financiar su actividad, son "castigados" con un mayor riesgo país. Dicho de otra forma, por estar en un país de dudosa solvencia, a todos les cuesta más caro el dinero y, por lo tanto, lo prestan también más caro a los ciudadanos de B.

¿Por qué se han cebado en la UE? Pues sencillamente por su mecanismo de rescate. La jugada es maestra: como no se deja caer a nadie y, hasta la fecha, ni ha habido quitas, ni ha habido esperas, los tiburones no han corrido riesgos. Al menos hasta la fecha. El  problema es pensar qué hacemos ahora. Porque en el fondo hay mucho trasfondo político. Sí, es cierto que hay muchos especuladores que se han forrado con este tipo de maniobras, pero también lo es que entre bambalinas se juegan partidas que ninguno sabemos. Desconocemos, por ejemplo, si ha habido presiones para que determinados bancos alemanes comprasen deuda griega. A su vez, que seguro que también han existido otros inversores no especulativos que han comprado deuda griega o portuguesa sin mayor afán que el de obtener una buena rentabilidad. Es muy duro para un político salir a la palestra ahora y decir a sus conciudadanos que han perdido dinero y que, desgraciadamente, no van a cobrar y que si lo hacen, lo harán tarde y no en su totalidad. En el fondo es lo que le pasa a Merkel pero la realidad económica es así. Cuando a uno le sale mal una inversión, "palma pasta". Y recordemos el binomio que siempre se cumple: rendimiento / riesgo.

El problema es que con el pánico apoderándose por momentos de los mercados, la jugada es complicada. ¿Cómo salimos de ésta sin dejar cadáveres por el camino? Yo sigo pensando que hay dos cosas que son inaplazables. Primero, una quita para los países en quiebra, o al menos una rebaja de intereses con alargamientos de plazo. Ello probablemente disuadiría a los tiburones de seguir con su espiral devastadora al darse cuenta de que el riesgo de perder dinero es real. Y segundo, la creación de Eurobonos de la UE a cambio de ceder parte de las atribuciones fiscales de cada país. Sí, la solución perjudica a Alemania y a Francia, probablemente los dos países más solventes del Euro, pero posiblemente salve al resto de países, entre los que se encuentra España. Un bono único para todos los países igualaría los costes de financiación y, probablemente, relajaría las tensiones casi de inmediato. En cualquier caso, doctores tiene la iglesia y yo soy un mero lector de periódicos con una licenciatura en empresariales. Ya sabéis que mis líneas de investigación no tienen que ver mucho con la materia de hoy.

Termino haciendo alusión al papelón de nuestros políticos. Se han pasando un año tomando decisiones políticas (esto es, poniendo paños calientes) en lugar de llevar a cabo las decisiones valientes que la situación demandaba. Aún ayer, se decía que era dudoso que fuera a haber otra reunión del Eurogrupo hasta septiembre porque nuestros políticos se tenían que ir de vacaciones. Es, efectivamente, para volver a acampar en Sol.

Así pues, sólo queda esperar acontecimientos. La cosa, desde luego, está que arde. La Europa del Euro saldrá adelante sólo si es capaz de reinventarse pero servidor es optimista. Pensemos cómo estaba Europa siglos atrás, cómo estaba tras la Primera Guerra Mundial y tras la Segunda. De peores hemos salido y lo hemos hecho reforzados.

viernes, 8 de julio de 2011

Empresas - Lo que he aprendido

Cuatro años de reflexiones

Esta semana he cumplido cuatro años como directivo y no he podido evitar escribir unas líneas al respecto. La realidad es que el tiempo se me ha pasado volando, imagino que porque los retos han sido mayúsculos desde el primer día. El proyecto de Rueda, reestructuración interna de la compañía, la crisis económica, la crisis financiera... demasiadas vivencias en tan poco tiempo. Probablemente llegué con menos canas de las que me correspondían, pero con la ilusión de quien lo tiene todo por demostrar, con unas ganas bárbaras por hacer ver a todo el mundo, pero sobre todo a mi mismo, que no se habían equivocado confiando en mi. Aún recuerdo algunas de mis primeras decisiones. Viéndolas con perspectiva, incluso me sonrojo un poco. ¡Lo que ha llovido desde entonces!

Hoy en día, los que me quieren y rodean, siempre me hacen ver las cosas desde el lado positivo. Me dicen que éste está siendo mi MBA y que seguro que estas vivencias serán para bien. Yo estoy convencido de ello, aunque a veces uno tiene ganas de que la realidad diaria se vuelva algo más tranquila, poder pensar las cosas, dedicarme más a la gestión y menos a apagar fuegos

Cuatro años después, he aprendido muchas cosas. Algunas lecciones me las he grabado a fuego, otras imagino que con el tiempo las iré madurando con el tiempo pero lo más bonito, lo que más me anima, es pensar en todo lo que me queda por aprender y todo lo que puedo hacer por ser mejor en mi trabajo. Así pues, en el post de hoy sólo pretendo compartir algunas enseñanzas de estos años. No pretendo ser dogmático, así que la crítica será bienvenida.

1) Sobre la sostenibilidad de lo sostenible: Hoy en día, creo que más que nunca que la empresa debe apostar por la sostenibilidad como único camino de garantizar su supervivencia a largo plazo. Ahora bien, la sostenibilidad también debe ser económica. Muchos de los problemas de las compañías en apuros, parten de escenarios financieros desarrollados sin rigor, sin evaluar si determinados proyectos podían soportar escenarios de restricción del crédito, bajadas de ventas y / o consumo, incluso sin medir la rentabilidad de los mismos.

Desde el punto de vista medio ambiental y social, la empresa que quiera proyectarse a largo plazo debe hacerse las mismas preguntas que desde el punto de vista económico. ¿Qué impacto tiene mi actividad? ¿Puedo ser más eficiente? ¿Qué valor le doy a la dimension humana de mi compañía? ¿Estoy creando riqueza y valor con mi actividad, o mi beneficio es meramente un concepto fiscal que sacia la sed de gloria de mis directivos? Ninguna compañía puede vivir de espaldas a la sociedad en la que se desenvuelve. Todo directivo debería tenerlo claro.

2) Porter tenía razón: "El poder de los proveedores puede exprimir la rentabilidad de un sector", decía el profesor de Harvard. Miremos los balances de muchas PYMES en el año 2000 y contrastémoslos con los del 2011. En muchos casos veremos un aumento exagerado de las deudas con entidades de crédito, lo que sin duda, les ha convertido en críticos para la supervivencia de una empresa. Ahora sus problemas son también los nuestros.  

Un sistema financiero sano es clave para el crecimiento de un país. Cuando tu crecimiento sólo es orgánico, es decir, con tus propios recursos, las posibilldades de mejora e inversión son muy limitadas. De ahí a que el cierre del grifo colapse a una empresa, media un trecho. Los bancos no pueden sacar pecho por la gestión de esta crisis, pero les hemos hecho imprescindibles entre todos atiborrándonos en la barra libre de crédito en los años previos a la crisis. Con el Euribor subiendo y sin posibilidad de revolving, con una estructura financiera habitualmente mal montada, a las compañías españolas les quedan todavía malos tragos que pasar.

Si algo me ha quedado claro, por lo tanto, es que las relaciones con los grupos de interés deben ser de cooperación y buscando un equilibrio en las fuerzas. El reto que nos queda es mayúsculo.

3) Las personas marcan diferencias, las tecnologías son imitables: Dice Nördstrom que la paradoja del capitalismo es  que, en el fondo, Marx tenía razón cuando decía que los trabajadores tenían que ser poseedores de los medios de producción clave. Hoy en día, en la empresa del siglo XXI, la mente es el ese medio de producción clave y lo que realmente marca la diferencia. El conocimiento es, por lo tanto, el arma más importante de nuestros días. Con una particularidad que para mi es importante. Hace años, el conocimiento estructurado, el que se enseña en los colegios y facultades de todo el mundo, marcaba la diferencia. Hoy es una condición necesaria pero no suficiente para marcar diferencias. El conocimiento tácito, por lo tanto, se convierte en un activo clave.

La tecnología, por su parte, es importante en casi todos los negocios, no lo vamos a obviar, pero lo cierto es que en nuestro mundo globalizado cada vez es más imitable y llega a más lugares. No se puede, por lo tanto, mantener ventajas competitivas basadas exclusivamente en la tecnología. 

El objetivo de todo directivo, por lo tanto, debe ser crear espacios para el desarrollo del talento, donde las personas se atrevan a hacer las cosas, a pensar por sí mismas y el error no se penalice, al menos de manera desproporcionada.

4) Nadie es imprescindible: Pese a lo expuesto en el párrafo anterio, si hay otra cosa que tengo claro es que nadie es imprescindible. Las personas van y vienen, y como no son imitables, los que las sustituyen aportarán otras cosas que nos pueden hacer crecer como empresa. Hay que quedarse con lo bueno que dejan los que han estado y dejarle hacer al que llega, pero con la perspectiva de que, en el fondo, todos estamos de paso y que las empresas continúan. (La excepción que confirma la regla son las personalísimas Apple, Microsoft o Facebook, cuya continuidad sin sus lideres está por ver).

5) Las carreras profesionales deben adaptarse a las circunstancias de las personas y no a la inversa: Las personas tienen metas personales más allá de las profesionales. Hacerles optar por una cosa u otra, puede hacer que se pierda la persona o que se infrautilice el talento de la misma, y si hay algo que me queda claro, es que no estamos para malgastar ningún recurso humano. Un trabajador que se sienta realizado como persona porque la empresa le permite abarcar sus dos facetas, es mucho más productivo, más fiel y más rentable también.Hay que perder el miedo a facilitar a las personas tener vida más allá de las oficinas.

6) Los sistemas de control tradicionales favorecen a los mediocres: Obviamente en la vida hay mucha gente a la que no le puedes dar la mano porque te cogerá el brazo, pero por  lo general, a la gente con talento y trabajadora, se le gestiona con confianza, no con estrictos mecanismos de control. En una oficina en la que uno ficha cuando entra y cuando sale, es difícil controlar si está trabajando o por el contrario se pasa el día en internet. A los buenos trabajadores les da igual el lugar y la hora: tendrán el trabajo hecho.

7) La mediocridad sube como la espuma en la época de bonanza: Una vez me invitó a su clase del MBA de la Universidad Francisco de Vitoria mi buen amigo Paco Alcaide. En el turno de preguntas al que me sometieron sus alumnos, uno de ellos me preguntó: "¿puede llegar un mediocre a un puesto de responsabilidad?" Por aquel entonces dudé, hoy tengo claro que sí. Las épocas de bonanza aúpan a personas que sólo saben remar con el viento a favor y que, por lo general, tienen más peligro que un mono con pistolas cuando las cosas vienen mal dadas. Rodearte de un buen equipo no es tarea sencilla, pero merece mirar con lupa el comportamiento de las personas en estos años difíciles. Ahora es cuando surgen los que tienen madera de líder y también cuando los mediocres se retratan.

8) Nadie nace sabiendo tomar decisiones: Tomar decisiones cuesta. Las que tienen mayor carga emocional, ya ni digamos. Pero si algo he aprendido, es que hay gente con muchísimos años de experiencia laboral que siguen tartamudeando a la hora de mojarse y dar un paso al frente. No es un consuelo, desde luego, pero sí que me tranquilizó desde mis primeros días. A tomar decisiones se aprende y las que afectan a las personas nunca dejan de pesar. Y no es bueno que dejen de hacerlo. Hasta los mejores cirujanos utilizan anestesia cuando meten el bisturí. El problema hay que afrontarlo sin rodeos, pero tratando de minimizar los daños colaterales de la decisión tomada. El buen cirujano cierra y minimiza la cicatriz. El malo hace una carnicería. Conviene recordarlo.

9) No se puede quedar bien con todo el mundo: Cuando llegué a la empresa me importaba que a la hora de tomar decisiones todo el mundo quedara más o menos contento conmigo. Eso es imposible y es el primer paso para fracasar como directivo. Hay que escuchar a todo el mundo, tener empatía (que no simpatía), ver todas las consecuencias derivadas de determinadas decisiones, pero entender que a la hora de elegir siempre habrá gente descontenta contigo. Una empresa es un conjunto de stakeholders con intereses contrapuestos y con diferentes grados de poder. El equilibrio no es imposible pero sí muy complicado. Lo importante es que las reglas del juego sean iguales para todos y que tú las apliques en consecuencia, teniendo en cuenta, eso sí, que cada persona es un mundo y que hay gente que funciona con la zanahoria, otros con el palo e incluso quien precisa de ambas cosas.

10) Es más importante lo que tú pienses de ti mismo que lo que los demás piensen de ti: Al principio me preocupaba mucho lo que la gente pudiera pensar de mi. ¿Pensarán esto? ¿Y lo otro? ¿Lo estaré haciendo bien? Repito algo dicho en el punto anterior: hay que saber escuchar a todo el mundo, aceptar la crítica de buen grado, ser humilde y reconocer cuando uno se equivoca, pero por encima de todo, tener un rato todos los días para reflexionar sobre tu día a día, analizar cuánto de contento estás tú contigo mismo y reconocer que de todas las personas y de todas las situaciones puedes aprender. En la buena soledad del directivo uno puede encontrar espacios para el crecimiento siderales, pero sobre todo, no puede escaparse de sí mismo.

11) El Cliente es un activo financiero que siempre tiene la razón (pero sobre todo es un activo financiero): El cliente es quién nos da de comer, quién hace viable nuestra compañía. Satisfacerle, fidelizarle y que sea nuestro mejor prescriptor, debe ser el objetivo de cualquier empresa. Por ello siempre he creído que es cierto que el cliente siempre tiene la razón. Sin embargo, a menudo se obvia desde las compañías que un cliente no deja de ser también un activo financiero: hay que invertir para captarle, hay que invertir para fidelizarle y, a cambio, nos deja unos ingresos más o menos recurrentes. Quién te cambia una vez por precio, te cambiará más veces. Analizar, medir y evaluar los posibles crecimientos tiene es fundamental para saber sobre quién hay que poner toda la carne en el asador. El mundo, afortunadamente, no se acaba en España.

12) No es tan importante ser el mejor como ser diferente: Gran frase de Nördstrom y Ridderstrale, repetida tambiñen por Paco Alcaide hasta la sociedad. ¿Quién no hace un buen vino en Ribera del Duero? Sumémosle otra realidad no menos importante: cada vez juega un papel más importante la calidad percibida frente a la calidad intrínseca de un producto. Lo importante, por lo tanto, es recurrir a lo diferencial, a aquello que nos distingue del resto. Es ahí dónde entran en juego los conocimientos tácitos de las personas y, en cada sector, otros factores críticos no imitables. En el mundo del vino, obviamente, el terruño.

13) Las cadenas de valor se alargan. Hay que rodearse de los mejores: Hoy en día las empresas se centran en aquello que saben hacer y el resto lo externalizan. En un mundo tan complejo como el actual, uno debe ser capaz de completar, dentro de sus posibilidades, tanto los eslabones principales de su cadena como los auxiliares con los mejores. El éxito empresarial depende, cada vez más, de múltiples factores.

Imagino que dentro de otros 4 años podré seguir aportando ideas. Por lo pronto, creo que estas 13 no estan mal para ir abriendo boca. El movimiento se demuestra andando. Espero seguir aprendiendo cosas y compartiéndolas con todos.

domingo, 3 de julio de 2011

Economía - Si yo fuera griego...

Reflexiones e ideas

El otro día hablaba con un viejo amigo mío respecto a la actual coyuntura y el inminente segundo rescate griego. Economista de formación, mi amigo me decía lo siguiente: "si yo fuera griego, también hubiera salido a la calle. Las reformas que exigen la UE y el FMI, son necesarias, pero no condición suficiente para poder hacer frente a su deuda. Necesitan una estrategia de crecimiento y con estas medidas tan duras, la experiencia del anterior rescate y las previsiones de una mejora exigua de la economía mundial, uno no puede dejar de pensar si realmente lo que se está haciendo es financiar un problema en lugar de arreglaro". Es decir, cabe preguntarse si no se estará dando una patada adelante esperando que la actual coyuntura cambie y la hipotética caida del país Heleno no arrastre a otros países como España, Italia o Bélgica.

En parte estoy relativamente de acuerdo con mi amigo. El verdadero problema de Grecia no es tanto de liquidez, como de solvencia. El matiz es importante. Cuando uno tiene problemas de liquidez, no puede hacer frente a sus pagos en un momento puntual. Cuando el problema es de solvencia, el deudor no puede cumplir con sus acreedores ni ahora ni en el futuro, porque ni tiene ni tendrá dinero, ni manera de conseguirlo. En estos casos, el problema no se arregla vía nuevos endeudamientos, sino, desgraciadamente, con quitas (esto es, condonaciones de parte de la deuda), esperas (es decir, alargamientos de plazos con períodos de carencia en el pago de los principales) y con lo que en la empresa se llamaría un "plan de negocio" en el que se mejore sustancialmente la competitividad del país, de tal forma que incremente la generación de recursos y se pueda hacer frente a futuros vencimientos. En el fondo, no es nada por lo que no tenga que pasar una empresa en situación de concurso de acreedores.

El problema de Grecia y del resto de economías en peligro, entre las que desgraciadamente se encuentra España, es que la manera sencilla de mejorar la competitividad en el pasado era devaluando la moneda. De esta forma, y explicado para todos los públicos, los bienes producidos en un país eran, de la noche a la mañana, más baratos en comparación con los del resto del mundo, lo que facilitaba las exportaciones haciendo que la economía se reactivase. Con el Euro, dicha medida no es posible, porque la política monetaria se rige desde Bruselas y, en teoría, debe abarcar los intereses de todos los países, no sólo de los que están en apuros.

Sin una moneda que devaluar, la única manera de mejorar la competitividad de un país es ser capaces de producir más con los mismos costes que ahora, o producir lo mismo reduciendo costes. Dicho camino es mucho más largo y, por lo general, más duro para las sociedades de los países en peligro, puesto que implica en muchos casos bajar el nivel de vida. Es cierto que hay medidas relacionadas con la mejora de la competitividad en determinados sectores, como por ejemplo, fomentar la competencia en los oligopolios que todavía quedan (véase energía o telecomunicaciones), que mejoran al consumidor, pero también que hay otras que son duras y complicadas de aplicar sin crear un incendio en la ciudadanía. Por ejemplo, España ha tenido más inflación que el resto de la UE los años previos a la crisis y, mientras Alemania ligaba las mejoras salariales a la productividad, nuestro paías las vinculaba a la subida de precios. Para que España recupere parte de su competitividad, por lo tanto, se deben revisar, entre otras cosas, las cláusulas de mejoras salariales, lo cual, seguro, será fuente de conflicto.

En aquellos países en los que, además, se ha abusado del déficit público (caso de Grecia), habría que explicarle a la ciudadanía que su estado de bienestar no ha venido dado tanto por la generación de riqueza, como por lo fácil que era endeudarse hasta hace cuatro años. Desgraciadamente, uno no puede acumular deuda eternamente y llega un momento en el que, cuando se cierra el grifo, o cuando financiarse es mucho más caro (cosa que pasa ahora con España, Grecia, Portugal, Irlanda o Italia), el pago de la deuda y de sus intereses te estrangula y se "come" un mayor trozo de pastel presupuestario que el que se comía hace unos años, lo que obliga al estado a tener que recortar de otras partidas de gasto público.De nuevo, estas medidas suelen ser focos de incendios.

Pero volvamos al país Heleno. Grecia ya tomó en el año 2010 medidas bastante duras, como por ejemplo bajadas en los sueldos de los funcionarios y en el importe de las pensiones, recortes del gasto público o subidas generalizadas de impuestos. Ahora, para recibir esa segunda parte de la ayuda aprobada por la UE y el FMI hace un año (110.000 millones de euros), se le pide que recorte otros 50.000 millones de gasto público, para las cuales se plantean más impuestos indirectos, privatizaciones de terrenos, islas, aeropuertos, puertos y bienes inmuebles, así como ventas de obros bienes estatales como las participaciones que el gobierno Heleno posee en compañías de aguas, telecomunicaciones o bancos. ¿Será todo ello suficiente para hacer frente a una deuda que supera en cuatro veces a la de Argentina en el año 2001? Hoy en día se estima que el 70% de médicos privados, notarios, abogados y otras profesiones liberales de Grecia, no pagan ni un euro de impuestos. El gobierno ya anunció un plan para afrontar esta realidad, pero las noticias que trascienden es que el éxito ha sido mínimo.Grecia, además de un plan de ajuste, necesita un plan de seriedad.

El problema, bajo mi punto de vista, es que todas estas medidas solucionan el problema de liquidez a corto plazo, pero no el de solvencia. Si se toman, la UE liberará 12.000 millones de euros de los 110.000 anteriormente indicados, ¿y luego, qué pasará? 

Otro buen amigo, refiriéndose a la clase política griega, me ponía el siguiente ejemplo: "es el caso del padre que tiene un hijo rebelde al que le mejora la paga a condición de que estudie, y el niño, en lugar de dejarse los codos en el empeño, sale de fiesta y se emborracha. Un padre normal, le quita la paga a su hijo para que no salga más mientras duren los exámenes. Un padre que malcríe a su hijo, le sigue dando dinero. Para mi es el ejemplo de la UE con Grecia". La reflexión es buena, pero la pregunta es saber si la UE se puede permitir dicha caída.

La mayoría de expertos creen que no.Romano Prodi, presidente de la Comisión Europea cuando se adoptó la moneda única, afirma en una entrevista en el suplemento Mercados del diaro El Mundo, que no  ve factible
la salida de Grecia del Euro, como tampoco la ve Theo Waigel (Ex ministro de Finanzas de Alemania),Yves de Silguy (Comisario de Finanzas de la UE entre 1995 y 1999) o Robert Mundell (premio Nobel de Economía de 1999). Por el contrario, Michele Fratianni, uno de los padres ideológicos del Euro, no lo ve descartable pese al riesgo que podría entrañar. Lo cierto es que la aventura griega del Euro nació mal, puesto que la Comisión Europea que dirigía Jacques Santer en 1998, desaconsejó la entrada del país Heleno en la moneda única, siguió peor cuando se descubrió que habían falseado sus números para entrar en una moneda que, visto con perspectiva y a la luz de la balanza beneficios - sacrificios, tal vez no les hacía falta, y va camino de convertirse en tragedia por cuanto el futuro para la ciudadanía no es nada halagüeño.

Nos queda, como casi siempre, la cuestión moral. Si cualquiera de nosotros invertimos mal y perdemos nuestro dinero, el estado se lava las manos. Ahora bien, no se plantea lo que, bajo mi punto de vista, es inevitable (quitas, esperas y reestructuración de la deuda) por no perjudicar a la banca europea, sobre todo a la alemana. Mientras tanto, los rescates nos siguen costando al conjunto de la ciudadanía más impuestos, nos cierran el grifo de la financiación y, además, nos la encarecen, pero sobre este tema ya escribiré otro día.

No quisiera terminar el post sin hacer un breve alegato en favor del Euro. No hay duda de que su existencia ha mejorado notablemente el mercado común y ha favorecido el intercambio comercial entre los países de la Unión, lo que sin duda, le ha consolidado como la segunda economía del mundo. El Euro sigue cotizando por encima del Dólar, lo que demuestra por encima de todo que es una moneda fuerte pese a estas tensiones que está viviendo estos meses. Todo ello no debe ser óbice para entender que queda un camino muy importante pendiente de recorrer para que la integración económica sea un hecho. Dicho camino debe comenzar por la integración fiscal y política de la Unión. En un país, cuando una región lo hace bien, cede sus excedentes a otras regiones que no lo hacen tan bien. Es el gobierno quién distribuye dichas transferencias a partir de los tributos recaudados. Buena parte del problema de la UE es que no tiene dicho mecanismo desarrollado. Démosle tiempo al tiempo en lugar de denostarlo.

En cualquier caso, conviene referirse al título del post. Si yo fuera griego, probablemente saldría a la calle, pediría que inhabilitaran a los políticos, que se publicaran en internet las listas de los que no pagan impuestos, a los que haría el vacío y les denegaría el acceso a cualquier lugar público, pero sobre todo, me pondría a trabajar más y mejor cuanto antes. Ya no vale el viejo truco de devaluar la moneda y a mi no se me ocurre otra manera de recuperar la senda del crecimiento, principal problema que afrontan los países periféricos de la zona euro.