martes, 19 de julio de 2011

Sociedad - Crisis de Valores

Algunos apuntes

De un tiempo a esta parte reconozco estar anonadado. Yo creo que llevamos unos meses que salimos a noticia sorprendente por semana. Uno ya ni sabe cuándo comenzó esta espiral, pero así, tirando de memoria, a uno se le vienen a la mente una serie de escándalos, situaciones inmorales y otro tipo de esperpentos que realmente son de vergüenza ajena. Al menos para todos los mortales con excepción, claro está, de sus protagonistas.

Sin perder de vista la presunción de inocencia,el asunto de Mercasevilla que destapó el escándalo de los ERES en Andalucía, me dejó anonadado. El mismo día que IU anunciaba su código ético, Antonio Rodrigo Torrijos, imputado por el caso de Mercasevilla, anunciaba que pese a todo el seguía adelante con su candidatura a la alcaldía de la capital hispalense. Por lo demás, ahí siguen Griñán en la Junta y Chaves en la vicepresidencia del gobierno. Responsabilidades ninguna, faltaría más.

Poco después salían a la palestra los Ruiz Mateos. Acuciados por las deudas, presos de unos compromisos que no podían cumplir, los cuales les hicieron obtener mucha liquidez a través de unas emisiones de bonos que se colaron por algunos resquicios de la legalidad vigente, trataban de explicar lo inexplicable. El resto lo hemos sabido a posteriori: facturaciones intragrupo cruzadas que falseaban las cuentas de las compañías, deudas astronómicas con proveedores, seguridad social y empleados, y una cascada de concursos, imagino que la mayoría resultarán culpables, en los cuales han quedado atrapados centenares de ingenuos inversores que seguían creyendo en el empresario gaditano y su familia. La publicación de las cartas a la plana mayor del Banco Santander, fue el triste epílogo de quién un dia fue considerado uno de los principales empresarios españoles.

A medida que se acercaban las elecciones autonómicas, observamos, yo al menos con sorpresa, como la plana mayor del PP callaba, no sólo ante la inclusión de Camps como cabeza de cartel, sino ante unas listas electorales plagadas de sospechosos de haber participado activa o pasivamente en una trama de corrupción que olía y sigue oliendo muy mal. Uno no podía evitar sonrojarse cuando oía aquello de que "estar imputado" era una "garantía jurídica". Ahora bien,si aquello fue de nota, no lo es menos que Camps vaya al banquillo y aquí siga sin pasar nada.

El verano ha comenzado calentito también con el asunto de la SGAE. Todavía aquello está muy tierno, pero desprende un olor a podrido que apesta y da asco. Llama también la atención que desde determinados sectores se haya tratado de vender el asunto como una persecución a Teddy Bautista y a la propia sociedad general de autores. De un tiempo a esta parte, la SGAE se ha ganado la antipatía de buena parte de la ciudadanía, no por defender los derechos de autor, sino por rayar la usura cobrando cánones absurdos y abusivos. De nuevo más de uno debería ponerse colorado y dimitir, pero en este país, si no te saca la Guardia Civil esposado (y ni si quiera en todos los casos), nadie renuncia a nada.

Pero que nadie se me ofenda. No sólo tenemos problemas en España. En estos meses hemos sabido que los griegos siguen sin pagar sus impuestos, que hay especuladores a los que no les importa colaborar en la quiebra de determinados países si con ello obtienen jugosas rentabildiades. Tampoco ha estado mal lo de Rupert Murdoch, el News of the World y el escándalo de las escuchas en el Reino Unido. Curioso que al magnate australiano parezca que le vayan a valer unas simples disculpas para no ir al trullo. Lo de la responsabilidad social de los periodistas, por cierto, es para hacérselo mirar aquí también en España. Aún recuerdo la portada de "Marca" en su día: "Marta Domínguez también era mentira". ¿Y ahora, qué hacemos?

Cuando uno reflexiona y piensa en todo esto, cuando se observa el escaso pudor que tienen muchos de nuestros líderes, cuando se analiza el relativismo con el que políticos, empresarios o personajes públicos valoran una u otra cosa en función de que la persona en tela de juicio sea o no afín a determinados pensamientos, ideologías o posicionamientos, así como el escaso rigor que, en general, uno observa en casi todas las esferas de la sociedad, uno llega a comprender cómo hemos llegado al lío morrocotudo que desde hace tres años nos ocupa. Cuando no se predica con el ejemplo, cuando los que son elegidos para liderar un país y / o los posibles referentes salen rana, ocurren cosas como las de Parmalat, Enron, WorldCom o las hipotecas subprime. Nos encontramos con ejecutivos cobrando bonus astronómicos incluso con dinero recaudado a los contribuyentes para salvar a las compañías que ellos mismo han puesto en jaque y situaciones en las que no existe moraleja, en las que a los buenos no les queda más que resignarse y los malos pueden seguir campando a sus anchas.

Necesitamos una regeneración de valores en la sociedad. Debemos volver a inculcar la cultura del esfuerzo y el rigor, borrar de una vez por todas la del pelotazo y comenzar a construir la casa desde abajo, empezando por lo cimientos. Los políticos tienen que recuperar su vocación de servicio, entender que sus cargos se los otorga la ciudadanía y que ello conlleva una gran responsabilidad. Que uno no se hace político para ser rico, sino para ayudar a mejorar las condiciones de vida de sus conciudadanos. Las empresas, por su parte, deben comprender que como ente que participa en un sistema llamado "sociedad" del que toma recursos (humanos, financieros y materiales), debe revertir al sistema, no sólo outputs, sino riqueza real porque, al final, el beneficio no deja de ser un mero concepto fiscal. Por último los periodistas deben dejarse en casa sus partidismos y servir a la verdad. En definitiva, de lo que se trata es de entender que el fin no justifica a los medios en (casi) ninguna esfera de la vida,

Suelen decir Paco, Katy o Fernando, ilustres comentaristas de este blog, que ellos son pesimistas por cuanto el hombre tiende a repetir errores y, ciertamente, no puedo si no darles la razón pese a considerarme un optimista empedernido. Pero que queréis que os diga, me sigue llamando la atención que casi 500 años después de la publicación de "El Príncipe", el maquiavelismo, desgraciadamente, siga de rabiosa actualidad.

6 comentarios:

FAH dijo...

Bueno, yo creo que la sociedad tendencialmente mejora, aunque muy poco a poco, por eso no se nota... Y además ocurre de manera conjunta, porque individualmente siempre existen desviaciones... Aunque junto a todos los escandalos citados (que por ser malos son "noticia") hay cientos de casos positivos: miles de voluntarios, ONGs, y mucha gente entregada... Los escándalos suenan mucho porque son la excepción, no la norma... aunque se repetirán... Uno puede hablar de Hitler y Stalin, o de la Madre Teresa y Mandela... Un abrazo.

Katy dijo...

Muchas gracias por la cita. Soy muy optimie¡sta porque creo en la persona. Claro que se puede educar en valores, y recuperar la honradez pero dentro de mucho tiempo. Tiene que nacer una nueva generación.
Mientras más me documento más excéptica soy a corto plazo.
Hace no tanto 20 años era monitora de Escuela de Padres y ya nos rasgazgábamos las vestiduras desde hace 30 por la falta de valores, y ha dado su fruto.
Lo que enumeras y tan bien cuentas se queda corto con lo nos queda por aún ver y destapar.
Toca currar y cunado nos pongamos a ello igual le damos la vuelta a la tortilla. La hierba crece de noche y algún día reverdeará.
Un abrazo

Fernando dijo...

Paco, millones de gracias por pasarte! Yo comparto tu opinión, la humanidad, en términos generales, mejora, pero es cierto que tendemos a repetir errores.

Lo triste, como apuntas, es que sean en la mayoría de ocasiones personajes anónimos los que realmente hacen obras maravillosas. Me cuestiona mucho la falta de meritocracia en nuestra generación!

Un fuerte abrazo!

Fernando dijo...

¡Hola Katy! Millones de gracias a ti, de verdad. Yo también soy optimista, pero como le he dicho a Paco, creo que el hombre tiende a repetir errores con mayor frecuencia de la deseada.

Para mi la clave en la educación está en aquellos comportamientos que se recompensan y gozan de cierto reconocimiento a nivel social. AL final son mensajes que se lanzan y que los niños tienden a imitar. Por ello creo que se debe empezar desde abajo enseñando que las cosas que merecen la pena cuestan y mucho.

Un abrazo

nanius dijo...

Gran post, estimado Fernando. Amén.

Aquí vendría bien recordar, por unirme al pesimismo general y el dosier de noticias del post, la (pesimista) conclusión que hacen los "institucionistas" Acemoglu, Johnson y Robinson (quizá la he puesto ya alguna vez en el blog): "There is NO natural tendency to gravitate toward better institutions". Aunque ellos se refieren a las instituciones políticas y económicas, de manera más concreta yo la entiendo para políticos, empresarios, periodistas, etc. Éste es tb un útil recordatorio para los optimistas...

un abrazo

Fernando dijo...

Hola Nanius! Mil gracias por pasarte! Yo creo,en cualquier caso, que la tendencia general de la humanidad es a mejor, pero ello no es óbice para reconocer que tendemos a repetir errores (desgraciadamente).

Gran cita, por cierto

Un fuerte abrazo