martes, 26 de julio de 2011

Economía - Empresas, Mercados y Modelos

Apuntes e Ideas

Ayer pasó por Madrid Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía en el año 2001, a participar en algunos de los cursos de verano que la Universidad Complutense de Madrid organiza. Stiglitz, polémico e interesante por partes iguales, aprovechó también para reunirse con representantes del movimiento 15 - M en el Parque del Retiro de Madrid. Fruto de su estancia por nuestros lares, dejó algunas ideas sobre las que trabajar. Me parece que todas tienen mucha miga y que el consenso será difícil. En cualquier caso, todo sea por fomentar un sano debate.
A propósito de esta crisis, Stiglitz afirmaba que "el modelo que nos ha llevado al desastre aún se sigue enseñando en las universidades". Apostillaba el economista Norteamericano que el planteamiento actual del problema es erróneo y que, por lo tanto, la solucion también lo será si se desarrolla en los términos actuales. En el centro de su crítica, había tres aspectos fundamentales que, en el fondo, están relacionados entre sí:

1) Los mercados fallan más a menudo de lo que nos han dicho, pero que las políticas macroeconómicas lo siguen ignorando.

2) Necesitamos una mayor regulación de la economía a nivel internacional

3) Buena parte de los problemas actuales vienen derivados de las desigualdades económicas mundiales e incluso nacionales, aspecto que ha sido obviado por el FMI y otros organismos internacionales.

Vamos a ver si podemos trabajar estas ideas sin hacer demasiado árida la materia. Para ello me váis a permitir que haga una breve introducción teórica, muy simplificada, de tal forma que todo el mundo la pueda seguir. Hoy en día existen tres instituciones básicas dentro de un sistema económico moderno: la empresa, el mercado y el estado. La empresa es un ente que, dicho de modo sencillo, reduce la incertidumbre dentro de un sistema. En función de la información que capta, desarrolla una actividad con la que busca crear valor satisfaciendo una necesidad y por la que recibe una plusvalía. El mercado, por su parte, pone en contacto a los diferentes agentes que participan dentro de un sistema económico.

Para el desarrollo del mercado hacen falta la invención de unos medios de pago, el desarrollo de unos derechos de propiedad bien definidos y unos procedimientos legales eficaces para hacerlos respetar. 
El Estado, por su parte, tiene una doble función. Por  un lado, fijar esas reglas del juego que determinan la creación de un mercado.Por otro, proveer a la colectividad de aquellos bienes y servicios que por cuestión del interés general, no pueden ser confiados al mercado.

En un mercado perfecto, las empresas no tendrían cabida. La información estaría repartida por igual entre todos los participantes en el mismo, de tal forma que no habría incertidumbre. Utilizando la famosa metáfora de Adam Smith acerca de "la mano invisible" del mercado llevaría a compradores y vendedores a buscar su propio interés, maximizando su beneficio y con éste, el de toda la sociedad. En un mercado perfecto, por ejemplo, el precio se fijaría en función de la oferta y la demanda, variando a cada instante en virtud de éstas. El mercado perfecto, por lo tanto, es utópico y no existe. Se dice que las empresas ejercen de sustitutas de los agentes del mercado y es por ello por lo que se nos ha tratado de vender durante décadas que la maximización del beneficio empresarial repercute de forma positiva a toda la sociedad. El problema es que este axioma no se cumple.

En primer lugar, porque el beneficio es un concepto fiscal más que económico. En los últimos años, la aparición de complejas herramientas financieras han logrado que la maximización del beneficio poco tenga que ver en ocasiones con la creación de valor para los diferentes grupos de interés que participan en una compañía. En alguna clase que me ha tocado dar, pongo siempre este ejemplo, que es el absurdo llevado al extremo, pero que creo que es muy gráfico a su vez. Imaginemos que yo tengo una fábrica y ésta está amortizada, lo que quiere decir que contablemente vale cero. Supongamos que la vendo por 6 millones de euros, por lo que contablemente mi beneficio es de 6 millones de euros, y que lo que yo hago es repartir ese dinero entre los accionistas. He maximizado el beneficio a costa de descapitalizar mi compañía, hacer perder a decenas de personas su puesto de trabajo y, probablemente, dejar de pagar a muchos de mis acreedores. A esta crisis llegamos tras dos décadas de beneficios empresariales record (con el lapso puntocom), pero el castillo se cayó como si estuviera construido con naipes. En el fondo porque la riqueza real creada estaba muy por debajo de los valores de los balances y cuentas de resultados.

En segundo lugar, porque la información se reparte de forma asimétrica, lo que favorece la aparición de agentes oportunistas que tampoco ayudan al buen funcionamiento del mercado y que impiden que la empresa, como norma general, maximice el beneficio en un sentido estricto.

En tercer lugar, y como consecuencia directa de los dos puntos anteriores, porque la teoría del mercado no nos dice cómo se ha de repartir la riqueza de tal forma que se maximice realmente el beneficio total de la sociedad.

Efectivamente, los mercados son imperfectos. Tiene razón Stiglitz, sí, pero el problema es que estas tres críticas (que hay más  y más complejas), hubieran sido igual de achacables al sistema hace 100 años, como también se les puede echar en cara a otros sistemas. Analicemos el colapso de la URSS, o cómo les ha ido a otras economías de ideologías diferentes al mercado. La historia económica está llena de fracasos, desigualdades y crisis recurrentes independientemente del sistema. El mercado, tal y como apuntan Nördstrom y Ridderstrale, simplemente "es", al igual que el comunismo o el socialismo. Tendemos a darle demasiada importancia al sistema, cuando los que realmente lo hacemos bueno o malo somos nosotros mismos. Los mercados separan lo eficiente de lo ineficiente en función de unas reglas que marcamos los participantes en ellos, conviene no olvidarlo.

Apunta también Stiglitz que se necesita una mayor regulación económica a nivel internacional. Totalmente de acuerdo con él. Volvamos a aquello que decía hace unos párrafos sobre los beneficios record de las empresas en los últimos 20 años. En una economía globalizada, con capitales circulando por todo el mundo, con cada vez más compañías internacionalizadas, seguimos lejos de terminar con la pobreza. En parte se debe a que la economía se ha mundializado, mientras que nuestros reguladores siguen operando a nivel local. Hay que cambiar los organismos de control y darles más poder a determinadas instituciones internacionales para marcar las reglas del juego. Hoy en día siguen existiendo demasiados países que permiten que haya multinacionales que se pasen por el forro derechos humanos y laborales fundamentales, mientras sus autoridades miran para otro lado. Como siguen existiendo paraísos fiscales.Y como se ha permitido que determinadas compañías hayan vendido "mierda" a sabiendas de que lo era, generando esta crisis tan tremenda que seguimos viviendo. Definitivamente, hace falta que los estados tomen las riendas de la situación. La pregunta es saber si no será demasiado tarde.

Pero también hace falta reeducar en otros valores a las nuevas generaciones de niños, adolescentes y estudiantes de las carreras de económicas y empresariales.Hay que incidir en que no todo vale en pos del beneficio,en que la economía se debe ligar al desarrollo humano (como insiste Amartya Sen) y que, en el fondo, Adam Smith era profesor de ética. Curiosa paradoja de los tiempos actuales. Me encanta recordarla.

Por último nos queda lo referente a las desigualdades. Según dice Stiglitz, en los últimos años, se ha animado a consumir a todo el mundo, dándose la paradoja de que las clases más pudientes gastaban en menor proporción que las más pobres. La consecuencia es que estos últimos han terminado endeudándose por encima de lo razonable, lo que ha derivado en una situación insostenible. Según Stiglitz, 7 millones de personas han perdido ya sus viviendas en EEUU desde que cayó Lehman Brothers y otros 2 podrían hacerlo este año. 

En el fondo, ésto que ha pasado en EEUU, ha pasado también en el resto del mundo. Buena parte del problema actual es el elevadísimo nivel de apalancamiento de empresas y familias, lo que, sin duda, reduce la capacidad de consumo e inversión en las sociedades occidentales. El arreglo es complicado. Para que la "maquinita" vuelva a girar, hace falta que la gente vuelva a consumir, pero el problema es que todavía queda lejos la digestión de toda la deuda suscrita en los años previos a la crisis. En el fondo es un problema de valores de todos los que formamos el sistema. Nos han hecho creer que podíamos ser ricos a costa de suscribir más y más créditos, obviando que aquel ritmo de vida era insostenible y que estaba abocado a caer en cuanto se cerrar el grifo.

Así pues, Stiglitz no dejó indiferente a nadie en su visita a Madrid. Desde luego sus tres ideas dan para muchas reflexiones, argumentaciones y divagaciones. Aquí os he dejado las mías. Que empiece el debate.