viernes, 27 de julio de 2012

Economía y Sociedad - Libertad, Responsabilidad, Derechos y Obligaciones

Algunas Reflexiones

No sé si alguno de vosotros esperaba algo de las comparecencias de esta semana en el congreso de varios de los responsables de los últimos desfalcos y esquizofrenías bancarias vividas en nuestro país. Bueno, no sé si acierto al llamarles responsables, porque a la luz de lo que han declarado, realmente ellos pasaban por allí, realmente nunca tuvieron nada que ver con aquello que ocurrió. Eso sí, para cobrar su sueldazos, pedazos de indemnizaciones y pensiones astronómicas, si que han estado. Y por cierto, el que se ha salido literalmente ha sido el Nova Caixa Galicia. Ese estuvo de presidente, sí, pero realmente no pudo tener la culpa de nada porque hacía tiempo que no tenía labores ejecutivos. De coña. Personalmente, me siento tomado como un estúpido y, francamente, no tengo esa concepción ni de mi mismo, ni de la inmensa mayoría de mis conciudadanos. Así pues, imagino que somos varios los que estamos alucinando mientras asistimos atónitos a este show.

Muchas veces he defendido este blog que mucho de lo que subyace en esta depresión es una crisis de valores. Tal vez la más grande en muchos siglos. En muchos aspectos hemos retrocedido más allá del contrato social de Rousseau. Nuestros políticos de un tiempo a esta parte se han olvidado de la función que les asignaba el mismo. Y algunos actores del sector privado también, reconozcámoslo. De otra forma, nos pondríamos a la altura de los Rato, Salgado, Fernández Ordóñez, Serra o Fernández Gayoso. Porque el contrato social, en el fondo, no es más que un acuerdo real o hipotético, en el que un estado y los ciudadanos del mismo se comprometen en un conjunto de derechos y obligaciones. Los ciudadanos renunciamos a parte de nuestra libertad, esa que tendríamos si viviéramos de forma salvaje en la naturaleza (obligaciones), a cambio de unos derechos. El estado es responsable de vigilar el cumplimiento del contrato social, el cual exige unos valores morales mínimos aceptados por la mayoría, el reconocimiento de una autoridad y la obligación de ésta de crear unas leyes acordes al citado orden moral. Todos tenemos derechos y obligaciones que cumplir para vivir en sociedad. Cuando es el propio estado el que salta a la torera el contrato social, o peor aún, cuando los responsables de la supervisión utilizan el mismo en beneficio propio, es obvio que se tiene un problema.

Y es que en España da igual el partido. Durante los últimos 20 años hemos asistido a un desfile de mediocridad en nuestras instituciones digno del Esperpento de Valle Inclán. Ya no sólo voy a los Gürtel, ERES falsos, operación Malaya, Filesa o Caso GAL, es que ahí están también los despilfarros autonómicos que han llevado a la quiebra a muchas regiones de España. Y lo peor es que nunca pasa nada. Nadie es responsable de nada. Incluso tenemos que escuchar a Munar, ejemplo de la peor calaña que ha copado nuestras instituciones democráticas, recién condenada a 5 años y 6 meses de presión por el caso "Maquillajes", decir que la cárcel no es el lugar idóneo para la gente que comete delitos económicos. Yo le entiendo. Lo suyo es mandarles a la luna, dónde todavía está todo por construir y aún se puede recalificar todo el suelo y cobrar comisiones ilegales.

Pero esta situación que se da en la política es el reflejo también de lo que pasa en el conjunto de la sociedad, en familias y empresas. El contrato social no fija normas estables que no se puedan modificar. Y desde la época de Rousseau, todos hemos luchado por alcanzar cotas de libertad que hace apenas dos siglos eran inimaginables. Y en ese saco, hemos querido meter de todo. Los estados han retrocedido, la economía se ha globalizado, la información se ha democratizado gracias a internet y a las tecnologías de la informacion y las personas, en consecuencia, tenemos mayor capacidad de decisión y acción que nunca en toda la historia de la humanidad. Y eso, simplemente, es. De por sí no es ni bueno, ni malo.

No, no estoy de acuerdo con Hobbes. Yo no creo que el hombre sea un lobo para el hombre por el mero  hecho de nacer en libertad. Puede llegar a serlo en función de su circunstancia y el problema, precisamente, viene por ahí. Mayor libertad exige también mayor responsabilidad, pero nosotros pretendemos quedarnos con lo bueno y no asumir responsabilidades de nada. Los banqueros americanos lograron una regulación más laxa y la emplearon para crear las hipotecas "subprime" que a la postre supusieron el pistoletazo de salida a este infierno que actualmente vivimos. Grecia se desangra ante los planes draconianos de ajuste a los que ha sido sometida, pero lo cierto es que el 70% de sus profesionales liberales no pagaba sus impuestos e incluso había islas eminentemente turísticas donde ningún hotel declaraba correctamete el IVA. De los pensionistas muertos cuyos familiares seguían cobrando el subsidio, ni hablamos. Pero cojamos un ejemplo más cercano. Nos indignamos cuando tocan el estado de bienestar, pero todos conocemos casos de personas que siguen pidiendo que determinadas cosas se hagan "sin factura". Se estima que la Agencia Tributaria española recaudaría hasta 70.000 millones de euros al año más si desapareciese la economía sumergida. Sólamente con ello no habrían hecho falta apenas ajustes.

De aquellos polvos vienen estos lodos. El desastre de políticos que tenemos es el resultado del caos en el que vive nuestra sociedad. La verdadera reforma pendiente es la de los valores y esa depende de cada uno de nosotros. Afortunadamente, creo. Desgraciadamente, siempre terminan pagando justos por pecadores. Libertad y Responsabilidad, Derechos y Obligaciones. Difícil equilibrio, cierto, pero imprescindible para salir del atolladero.

4 comentarios:

David García Goñi dijo...

Derechos y obligaciones, ciertamente este es el gran paradigma. No hay derecho ni obligación que no lleve aparejado un control, alguien que vele por los que los cumplen y sean gratificados, y alguien que penalice a los que los incumple. Ahora, con la crisis de valores, que tan bien comentas, se penaliza al que cumple y se absuelve al que incumple.

mientras te leía, me venía a la cabeza las épocas de exámenes, todos sabíamos que teníamos que estudiar, pero no todos lo hacían, algunos asumían su responsabilidad y aceptaban el suspenso como resultado lógico a su incorrecta conducta, pero otros intentaban engañar, acudían a copiar como medio para engañar a los profesores. Pero los profesores, en lugar de mirar hacia otro lado, nos llevaban a aulas especiales para hacer los exámenes, nos sentaban dejando huecos, sellaban las hojas de los exámenes y se auxiliaban de otros profesores para vigilar por izquierda y por derecha. Ciertamente, alguno intentaba copiar, pero sabía a lo que se exponía si lo hacía, y así muchos cayeron en las garras de los profesores con penalizaciones dolosas en las notas y con sus familias. El miedo guardaba la viña, y muy pocos se atrevían a copiar con los profesores que más medidas ponían en su contra. Por contra otros profesores relajaban estas medidas y pasaba lo que pasaba.

En los tiempos que vivimos actualmente es como si un profesor pillara a uno copiando y suspendiera a toda la clase por ello, pero él, que es el que tenía que haber estado vigilando, encima se pusiera una medalla. El mundo al revés.

Un abrazo.

nanius dijo...

Fernando, tú también te apuntas a la ensoñación del (anti)fraude fiscal como palanca para resolver nuestros problemas? uf! ay!

un abrazo. Y buen verano!

Fernando dijo...

David, en primer lugar, millones de gracias por pasarte. Decirte que estoy muy de acuerdo contigo. Yo también he sentido en varias ocasiones que el sistema perjudica a los honrados, al menos a corto plazo. Y el problema es que la cosa está tan mal, que el corto plazo pasa a ser cuestión de supervivencia.

Añadiría a tu ejemplo que el profesor en este caso es el primero que copia y el efecto es demoledor.

Se debe educar en valores. Hay muchas cosas que sólo pasan en España. En Europa hay metros y cercanías dónde no hay tornos, porque a nadie se le ocurriría colarse en los mismos sin billete. Creo que es ahí dónde debemos hacer hincapié.

Un fuerte abrazo

Fernando dijo...

¡Hola Nanius! ¡Qué alegría leerte por aquí! Hablaba de derechos y obligaciones, y de cómo son muchos los que salen a la calle reclamando sus derechos, pero se escaquean de sus obligaciones. No he pretendido decir que una mejor recaudación nos evitaría tener que hacer ajustes, pero parece obvio que éstos serían menores.

Pero bueno, ya que me lo preguntas, no creo que sea palanca de cambio o que revierta nuestra inercia. En primer lugar por una cuestión aritmética. Si no recuerdo mal, nuestro agujero es de 90.000 millones año, por lo que sólo con la recaudación adicional no da.

Y en segundo lugar, y hablo sin conocimientos científicos, porque entiendo que parte de ese dinero termina entrando en el sistema vía consumo y que si desapareciera, el consumo se resentiría también. En cualquier caso, tú sabes más que yo al respecto.

En cualquier caso, creo que
ser´çia higiénico desterrar la idea de que el que defrauda sale indemne.

Un fuerte abrazo