sábado, 16 de febrero de 2013

Economía y Sociedad - ¿Dónde está el dinero?

Algunos Apuntes

Esta mañana desayunaba plácidamente leyendo una entrevista a Quique González en la prensa en la que el artista madrileño hablaba de su nuevo disco, "Delantera Mítica", el cual verá la luz esta semana. En una de las preguntas finales, el periodista hacía hincapié en una de las canciones incluidas en mismo, llamada "¿Dónde está el dinero?" en la que Quique de alguna manera muestra su malestar con la actual situación del país. En su respuesta apuntaba, "vivimos en un país en el que damos por hecho que el taxista nos da un rodeo y que el del taller nos sube la factura. Y con los banqueros y ayuntamientos, ya sabemos todos lo que pasa. Al final, nos encontramos en un país muy ladrón, y encima muy condescendiente con la gente que roba, con la corrupción".

Luis Garicano, catedrático de la London School of Economics, lo explicaba de una forma más académica en un excelente artículo publicado en El Mundo, en el cual señalaba: "Durante los años de la burbuja, nuestra sociedad aceptó un trueque peligroso: a cambio de enormes ganancias (aparentes) en prosperidad, los españoles cerrábamos los ojos a la corrupción generalizada. El contubernio entre muchas cajas, constructores, y administraciones locales y autonómicas conseguía dar empleo a muchos trabajadores sin cualificar y pagar inversiones grandiosas en infraestructuras. Crecíamos más deprisa que Estados Unidos o que el resto de Europa, ¿de qué quejarse? A cambio, si los políticos se enriquecían más de la cuenta o colocaban a sus familiares, amigos y conocidos por doquier, con total impunidad, los españoles preferíamos mirar a otro lado". Reconozcámoslo. En nuestro país hemos visto la corrupción como algo habitual en nuestro día a día político, hasta tal punto que en cierto modo y a diferente escala, ésta se ha ido colando en nuestra sociedad. Sí, es duro decirlo, pero a los ejemplos me remito. 

Hace unos días la prensa se hacía eco de una noticia en la cual empleados del grupo Cantoblanco, propiedad de Arturo Fernández, denunciaban a éste por pagarles en negro. Si eso es cierto, sería indignante, pero tan culpable es el que paga en "b" como el que acepta el "b". ¿Han hecho esos empleados una declaración complementaria por esas supuestas cantidades cobradas? ¿Han pagado también su correspondiente sanción o por el contrario lo han empleado también en decirle al fontanero, carpintero o electricista de turno que la chapuza de su casa se la haga sin factura? Que nadie me entienda mal. La CEOE me tiene también calentito y creo que están lejos de poder representar a nadie, como el caso de Díaz Ferrán demuestra. Es de vergüenza ajena.

Ayer quedé a cenar con varios de mis mejores amigos del colegio y salía este tema a colación. Yo les comentaba mi experiencia siempre que viajo a Hamburgo. Según te bajas del avión y coges el tren para ir al centro de la ciudad, te encuentras con que no hay un sólo torno y en todos los años que llevo yendo allí desde que trabajo en el mundo del vino, nunca me han pedido el ticket, ni a la ida ni a la vuelta. Sin embargo siempre hay cola para sacarse el mismo. Para el alemán es inconcebible no pagar impuestos o no abonar el importe correspondiente al viaje en metro, tren o autobús. En España, desgraciadamente, no es así. Se buscan atajos a la ley, cuando no saltársela a la torera. No se entiende que si existen unas normas son, precisamente, en pos de un bien común.

Jesús Fernández Villaverde, Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Pensilvania, apuntaba en una conferencia que dio el pasado mes de septiembre del 2012 en Madrid: "Hay un artículo demoledor de un catedrático de Berkeley que se llama Eduardo de Miguel. Una de las cosas de las que se quejan los neoyorquinos es de lo mal que aparcan los diplomáticos de las Naciones Unidas, que éstos tienen inmunidad diplomática. El Departamento de Policía les multa, aunque las multas luego no se pueden cobrar. Eduardo de Miguel va al Dpto. de Policía y les pide todas les multas que se han puesto en Nueva York a los diplomáticos desde 1997 al 2004. El país que más multas tiene es Kuwait; cada diplomático kuwaití genera 240 multas de aparcamiento al año, de media, lo cual quiere claramente decir que Kuwait tiene un problema de cumplimiento de normas. Como total no me van a poner una multa, piensa la gente, puedo dejar el coche donde me dé la gana. No, no es eso; aparcar mal está mal, el que te pongan o no una multa es indiferente. Está mal aparcar donde no debes porque dificultas la vida de todos los demás. Por el otro lado, ¿Cuántas multas tiene de media un diplomático alemán? Cero. Lo mismo que un diplomático inglés o un diplomático sueco. ¿Cuántas tiene un diplomático español? Quince al año por diplomático". Nuestro país tiene un problema de cumplimiento de normas, al menos si nos comparamos con el resto de países de nuestro entorno.

Aún admitiendo que generalizar tiene siempre sus peligros y su parte injusta, si el ciudadano medio tiene de por sí un problema con el cumplimiento de las normas, este problema se eleva exponencialmente cuando hablamos de políticos y personas con cargos de cierta responsabilidad, los cuales tienden a creerse por encima del bien y del mal de forma sistemática. Sólo así me entran en la cabeza casos como los que se están destapando en ´los últimos tiempos. Creo que la cifra la aportaba El País hace unos días. En España tenemos 730 procesos judiciales abiertos contra los partidos políticos a día de hoy: 264 el PSOE, 200 el PP, 43 Coalición Canaria, 30 CIU, 24 el Partido Andalucista, 20 Izquierda Unida y 3 el BNG. Esto es impresentable.

Históricamente hemos tendido a evaluar la corrupción en términos morales, lo cual es razonable, pero hemos minusvalorado el impacto económico de la misma. El ejemplo más reciente lo tenemos tras la subasta que se produjo unos días después del escándalo Bárcenas, sus cuentas en Suiza y el presunto cobro de sobresueldos en "b" de parte de la cúpula del Partido Popular.  El jueves 7 de febrero nuestro país tuvo que pagar un 17% más por colocar su deuda que apenas una semana antes. 

Pero voy más allá. En un artículo publicado hace unos meses en el Wall Street Journal del que ya nos hicimos eco en este blog, se hablaba de la evolución del gasto público en España desde el año 2001 hasta el año 2011, justo en el momento en el que se produjo el cambio de gobierno. Entre el año 2001 y 2007, nuestros ingresos públicos crecieron un 67% gracias a la burbuja inmobiliaria, mientras que el gasto público lo hizo en un 57%. Desde el 2008 al 2011, nuestro gasto público siguió creciendo hasta un 75% respecto al año 2001, en tanto en cuanto los ingresos se desplomaron, pasando nuestro país de un equilibrio en las cuentas públicas a un, de nuevo impresentable, déficit público por encima del 11% (Krugman, que no es dudoso al respecto, se llevaba las manos a la cabeza hablando del déficit del 4% en el que incurrió Japón en su día).

Apuntaba el Wall Streen Journal que si España hubiera mantenido constante su gasto público per cápita (esto es, aumentándolo a la par que lo hacía la población), hoy no hubiera tenido que hacer un sólo ajuste. Aún así, mi reflexión es otra: en 2001 nuestro país tenía un sector público que con sus defectos, como todos, funcionaba. Yo no he notado en toda la serie una mejora ni en la educación, ni en la sanidad, ni en la mayoría de servicios públicos de los que he disfrutado durante ese tiempo. Lo digo de otra forma: el aumento de gasto público per cápita no se dirigió a mejorar el estado de bienestar, sino a mantener y fomentar una casta política que, como apuntó César Molinas hace unos meses, "ha desarrollado en las últimas décadas un interés particular, sostenido por un sistema de captura de rentas, que se sitúa por encima del interés general de la nación". Precisamente por ello los recortes son tan injustos y por ello destruyen la riqueza de una forma tan asimétrica. Las corrupción no sólo pervierte el mercado y lo hace aún más ineficiente incrementando sus externalidades, sino que tiene un coste desproporcionado, sobre todo con las personas y familias menos pudientes.

No me quiero olvidar del inicio. El problema lo tenemos como país y sociedad, alcanzando su punto álgido en nuestra clase dirigente. Necesitamos educar en valores, recuperar el origen del contrato social y comprender que el cumplimiento de las normas es necesario para funcionar como país. Termino citando de nuevo Luis Garicano con una frase que creo resume muy bien lo que está pasando: "el que paga por la prosperidad aceptando indecencia, termina sin prosperidad y sin decencia". O como señalaba Quique González: ¿Dónde está el dinero?

6 comentarios:

Mike dijo...

Muy de acuerdo en una cosa especialmente: la necesidad de que se produzca una re-educación en los españoles.

Aconsejo oir íntegramente los 20 minutos de la entrevista a Luis Garicano esta semana en RTVE - <div class="VideoContainer" data-sust="false" data-permaLink="http://www.rtve.es/alacarta/videos/los-

Economía Sencilla dijo...

Hola, Fernando, de acuerdo con lo que comentas y con lo apuntado por Luis Garicano, ha habido mucha vista gorda por parte de todos mientras "España iba bien". La parte ¿positiva? es que ahora nos hemos puesto las pilas en ese sentido, al menos un poco, tanto la sociedad como el poder judicial, y no transigimos con este continuo "mangoneo", que a mí, particularmente, me desespera, me subleva y me cabrea hasta unos límites que no veas.

En cuanto al aumento del déficit, parte ha sido por el desplome de los ingresos (reducción del consumo, caída de los beneficios empresariales, etcétera) y parte por el aumento de los gastos, aunque éste también es debido a los "estabilizadores automáticos", por ejemplo, al aumento de las prestaciones por desempleo.

No obstante, hay un aspecto fundamental que, como bien apuntas, nos diferencia mucho de países de nuestro entorno, y es que a pesar de que nuestra presión fiscal es teóricamente tan alta o más que la de muchos países vecinos, la recaudación efectiva es mucho menor, en parte por las jugosas deducciones con las que cuentan las grandes empresas, que hacen que su tipo impositivo sea rídículo, pero en gra medida por el gran nivel de fraude fiscal que tenemos. Ahí, como bien apuntas, hay muchos culpables, hay un sentimiento generalizado de que defraudar "un poquito" tampoco está mal, y así nos va...

Un abrazo
Pablo Rodríguez

Katy Sánchez dijo...

El dinero está en "Suiza" y otros paraísos fiscales. Quien no ha metido la mano en la saca es porque no podido o ha llegado tarde.
Un pena de país en donde se presume de no pagar el IVA, de engañar a Hacienda etc.
En fin yo de economía no entiendo de nada pero seque a la par de la vida.
Un abrazo
P.D. La tesis es lo más importante:-)

Fernando dijo...

Mike, ¡millones de gracias por pasarte por aquí! Suscribo lo que apuntas. Necesitamos reeducar en valores. Mil gracias por compartir la entrevista!

Un fuerte abrazo!

Fernando dijo...

Pablo, millones de gracias por pasarte, como siempre, y por tu comentario.

Es posible que me haya explicado mal. No he querido decir que el actual déficit público sea consecuencia de la corrupción, al menos exclusivamente. Suscribo lo que apuntas: la caída de ingresos derivada de la actividad económica, a la que hay que sumar el aumento de subsidios y el sobre coste por el pago de nuestra deuda, son probablemente los tres factores más relevantes en la actualidad.

A lo que iba es a que hubo un aumento de gasto público per cápita en los años de la burbuja que realmente no se destinó a mejorar nuestro entramado productivo, sino a crear una burocracia y una administración insostenible en la que han predominado empresas públicas permanentemente deficitarias, han proliferado los enchufados y se han llevado a cabo obras públicas ruinosas que perpetuaban una burbuja que comenzó a ser patente a mediados de la década pasada.

Muy interesante el apunte que nos dejas sobre la presión fiscal y la recaudación. Como apuntaba Mike, se debe trabajar en reeducar a la sociedad.

Un fuerte abrazo!

Fernando dijo...

Katy, millones de gracias por pasarte y por tu comentario. ¿Y a mi que me da que sabes más economía de lo que te crees? Al final es la ciencia del sentido común, ocurre que, como suele decir mi abuela, termina siendo el menos común de los sentidos.

El tema de los paraísos fiscales y la opacidad bancaria es un escándalo que requiere una acción conjunta a nivel internacional. Detrás de este tipo de operaciones de blanqueo y movimientos de dinero sin tributación, se esconden financiaciones a grupos terroristas, partidos políticos y auténticas tramas de corrupción.

Vuelvo a traer a colación a Mike: necesitamos reeducar a la sociedad.

Un fuerte abrazo