viernes, 1 de febrero de 2013

Vivencias - Irlanda

Algunos Apuntes

Lo primero disculparme por haber tenido el blog desatendido unas semanas, pero lo cierto es que he estado hasta arriba de trabajo. Precisamente por este motivo me he tenido que desplazar a Irlanda unos días durante esta semana. Ir a Irlanda siempre es para mi un motivo de alegría. En primer lugar, porque muchos de los mejores recuerdos de mi adolescencia pertenecen a aquellos cuatro veranos que allí pasé aprendiendo inglés, pero sobre todo aprendiendo de la vida, como ya pude explicar en este foro. En segundo lugar, tenía muchas ganas de palpar y ver por mi mismo cómo se encontraba el país su fulgurante ascenso y brutal caída tras el rescate de la UE del año 2010. Por último, tenía ganas de observar también cómo un país eminentemente cervecero, la patria de la Guinness, se estaba convirtiendo a pasos agigantados en un mercado súper interesante para las bodegas españolas a pesar de su reducida dimensión.

Cuando uno aterriza en Irlanda y tiene la suerte de haberla conocido con anterioridad, no tarda nada en darse cuenta de que el carácter de los irlandeses sigue siendo tan alegre y jovial como siempre. Durante estos días he podido hablar mucho con los comerciales y propietarios de nuestra importadora allí, Classic Drinks, y resulta interesante escucharles acerca de lo que han vivido, de cómo el país al calor de una burbuja inmobiliaria creció de forma asombrosa y cómo ahora están sufriendo las consecuencias. Hablar de Irlanda es hablar de un país al que la troika realmente ha martirizado con su política de recortes (se especulaba incluso con la posibilidad de que el gobierno aceptara una especie de lease-back sobre sus bosques), los cuales, además, han sido realmente injustos. Fundamentalmente porque Irlanda no tenía un problema de cuentas públicas, pero al avalar el gobierno a sus bancos quebrados, aquél se vio arrastrado tras el derrumbe de éstos. Pese a todo, los irlandeses tienen la creencia de que lo peor ha pasado. Perciben que los bares vuelven a llenarse, que la gente vuelve a salir y a tener ganas de divertirse, que las cosas están yendo algo mejor. Que el desempleo sigue siendo muy elevado (en torno a un 17%), cierto, y que tienen unos políticos mediocres (gobierno y oposición me recalcaban varias de las personas con las que hablé), pero que frente a eso no queda otra que levantarse y seguir peleando. "En el fondo siempre hemos sido pobres. Hemos vivido una especie de sueño que ha terminado mal, pero estamos como siempre lo hemos estado. No queda otra que seguir adelante. Estamos hartos de malas noticias".

Estuve en Dublín en los veranos de 1991, 1992, 1993 y 1994. Volví un fin de semana a principios del 2003. Por aquel entonces, la ciudad me seguía pareciendo reconocible. Esta vez, en absoluto. Sí, por supuesto, Grafton Street con sus estupendos "buskers", el parque de St. Stephens, el Shopping Centre de al lado, incluso la peluquería en la que al pobre Antonio le hicimos cortarse el pelo de una forma horrible, seguían estando allí. Sin embargo, todo el desarrollo cercano al puerto, en lo que se ha convertido Landsdowne Road, incluso la cantidad de viviendas nuevas que se han construido, te hacen comprender que allí ha pasado algo y desde luego mucho más importante que una burbuja inmobiliaria. Al calor de una política fiscal muy agresiva por parte del gobierno, Irlanda ha sido capaz de atraer a muchísmas empresas tecnológicas, cuya  principal sede europea se encuentra allí. Hablamos de Google, Youtube o Microsoft entre otras. Ello sin duda ha tirado del país, fomentando, además, una mejora generalizada del nivel educativo, pero sobre todo ha hecho de Irlanda un país receptor de talento. Grandes profesionales de todo el mundo, fundamentalmente de países europeos, se han ido allí a seguir su carrera profesional. Irlanda siempre ha sido un maravilloso ejemplo de diversidad bien integrada, al menos en Dublín. La tendencia continúa, sólo que ahora atrae a gente muy cualificada. El Tigre Celta ha sido mucho más que especulación y humo, por mucho que ahora penen por ello, y pudo poner las bases para un cambio de modelo antes de la actual coyuntura. Les costará, pero saldrán adelante y lo harán reforzados.

Los años buenos permitieron al irlandés medio viajar, circunstancia que hace 20 años no era tan normal. Ello les ha abierto la mente en muchos aspectos, entre ellos en el consumo de vino. Sí, se sigue bebiendo cerveza y la Guinness es uno de los orgullos patrios, pero me sorprendió comprobar las impresionantes cartas de vino de los restaurantes de Limerick y Dublín. Vinos de todos los niveles de precio y menos influienciados por los clásicos que en otros lugares del mundo. El irlandés es curioso, quiere experimentar con uvas nuevas y probar cosas diferentes. Probablemente porque hay mucha gente joven interesada en el vino y seguro que el abundante y nutrido grupo de españoles, italianos o franceses que allí viven también lo ha fomentado. Da gusto hablar de vino con los irlandeses y notar cómo aquello que les estás contando realmente les interesa. Me contaba un periodista que allí, además de los tradicionales cursos de cata, se  hacen también cursos para disfrutar el vino, lo cual es maravilloso, porque de eso se trata realmente. También resultan llamativas las numerosas vinotecas creadas, así como el surtido de vinos que tienen los supermercados y tiendas especializadas. Sorprende cómo el vino ha sido capaz de hacerse con su hueco en tan relativamente poco tiempo.

La mejor muestra de todo ésto que digo fue la cata que tuve el miércoles por la noche en Limerick, ciudad en la que no había estado nunca, pero a la cual casi conocía un poco gracias a Franck McCourt y su fantástico libro "Las cenizas de Ángela". Ahora entiendo el frío que siempre comentaba en el mismo, ya que la humedad del río Shanonn, el más importante del país, te cala desde el minuto uno. Allí, en The Locke, un estupendo Restaurante y Wine Club, tuve la oportunidad de dar una cata para 83 personas entusiastas del mundo del vino, las cuales tenían que pagar un fee interesante por asistir a la misma, ya que se hacía bajo el formato de cena maridada. Fue realmente sorprendente el éxito que tuvo la convocatoria. Comenzamos con un PradoRey Rosado de bienvenida, el cual era conocido por muchos de ellos, pero que además sedujo a aquellos que no lo conocían. Después, durante los primeros platos, catamos el Birlocho, nuestro segundo vino de Rueda, 95% verdejo y 5% sauvignon blanc y el PradoRey Roble 2010. Ambos encantaron y recibieron grandes elogios. Con los segundos platos, fue el turno del PradoRey Verdejo 2011 y el PradoRey Crianza Finca Valdelayegua 2009. Entre lo animada que ya estaba la gente, y el nivel de estos dos grandes vinos, el final fue apoteósico. Sin duda ambos vinos fueron los claros vencedores de la velada. Había la posibilidad de comprar vino en el restaurante y me comentó el Somelier que quedaron sin existencias de PradoRey. Me decía la gente del equipo de Classic Drinks que nunca habían visto algo así.

Tras la cena, estuve durante más de dos horas departiendo con los diferentes comensales al respecto y fue realmente interesante. Pude comprobar como para muchos los vinos españoles, y concretamente Ribera del Duero y Rueda, resultaban algo "cool" por la novedad que suponían en el mercado. Incluso los mayores defensores de los vinos franceses decían haberse sentido impresionados. Al calor de la noche y los vinos, un nutrido grupo de chicas no tuvo mejor ocurrencia que ponerse a cantar a voz en grito el "Fernando" de Abba, sacándome los colores, como no puede ser de otra forma.

En el fondo los Irlandeses son así: muy alegres, extrovertidos y siempre con ganas de agradar. Son acogedores con el extranjero y se sienten orgullosos de lo que son y de sus raíces. Una vez más, gracias de corazón, Irlanda. Sin duda alguna, mi segunda casa



2 comentarios:

Katy Sánchez dijo...

Me alegro que hayas disfrutado de la estancia y deseo que todo lo que has trabajado fructifique en beneficio tuyo.
Un abrazo y felicidades por el viaje.
Buen finde

Fernando dijo...

Millones de gracias, Katy! Ahora tocan en breve Alemania, Holanda, Inglaterra, Francia y creo que China y Japón. El consumo de vino crece pero lo hace lejos de nuestras fronteras. Toca coger la maleta y salir a vender!

Un fuerte abrazo