domingo, 30 de noviembre de 2008

Economía - Nuestro Sistema Financiero y la Maximización del Beneficio

Nuestro Sistema Financiero y la Maximización del Beneficio: Algunas ideas

Reconozco que antes de que le dieran el premio Nobel, no conocía a Paul Krugman. Desde hace unas semanas, sólo puedo decir que me encanta lo fácil y accesible que hace la economía para todo el mundo. No es fácil ser capaz de transmitir ideas complejas de un modo tan sencillo y mucho menos sabiendo tanto como él.

En los últimos tiempos, El País está incluyendo diferentes artículos de Krugman en el suplemento "Negocios" que se incluye en el períodico cada domingo. Los recomiendo a todo el mundo. Me pareció extraordinario uno de hace más de un mes titulado "¿Quién era Milton Friedman?". Ayer, 30 de Noviembre de 2008, venía otro también estupendo llamado "Para que no olvidemos", en el que hablaba de las distintas señales que ha ido dando el mercado acerca de lo que se avecinaba y lo mal que lo hemos hecho en estos años.

Ambos artículos me han servido para ordenar algunas ideas que tenía en la cabeza y que hasta ahora no había sido capaz de dotarlas de cierta coherencia para darlas cabida en este blog. Además, Krugman las ha impregnado de rigor. Así que como siempre, hecha la introducción, voy al asunto.

Se pregunta Krugman en su artículo de hoy, cómo ningún personaje de los círculos de la política económica fue capaz de preveer lo que estamos viviendo, máxime cuando fueron muchas las voces que tras la debacle de las "puntocom" a finales de los noventa, anunciaron que nuestro sistema financiero se había vuelto demasiado frágil. En aquella ocasión, a la burbuja de las puntocom le sucedió un alza inmobiliaria igual de insostenible pero que por unos años sirvió para apaciguar los mercados. Parecía haber pasado lo peor y nadie fue capaz de reflexionar.

Me parece sumamente interesante un apunte que hace Krugman. Cito textualmente: "Mientras la burbuja inmobiliaria seguía hinchándose, los prestamistas estaban ganando muchísimo dinero concediendo hipotecas a cualquiera que entrara por la puerta; los bancos de inversión estaban ganando aún más dinero reconvirtiendo esas hipotecas en nuevos y relucientes valores; y los gestores de capital que se apuntaban ganancias sin realizar al comprar esos valores con fondos prestados parecían verdaderos genios y se les pagaba como corresponde. Pero, ¿quién tenía ganas de escuchar a unos economistas patéticos advirtiendo que todo aquello era, en realidad, un negocio piramidal de dimensiones descomunales?"

Para responder un a la cuestión que plantea Krugman, me gustaría aportar tres ideas.

  1. La maximización del beneficio a corto plazo no es sinónimo de éxito en la gestión empresarial: Voy a poner un ejemplo muy absurdo y demasiado sencillo, pero que creo que es muy gráfico. Una empresa monta una fábrica y adquiere unos terrenos para una futura ampliación de la misma. La empresa va de cine y necesita construir la fábrica, pero los Directivos de la compañía venden los terrenos por 500.000 euros cuando costaron 100.000. Ese año la empresa obtiene un beneficio llámese extraordinario de unos 400.000 euros además del operativo. Lejos reinvertir dicho beneficio, se reparte como dividendos entre los accionistas. El resultado es que la empresa se descapitaliza. Habremos cerrado el 2008 extraordinariamente bien, maximizando el beneficio y la riqueza el accionista a corto plazo, pero habremos comprometido la viabilidad futura de la compañía. Primera idea: La búsqueda del beneficio debe ser largo placista y haciendo las cosas bien (de forma sostenible). Otra maximización del beneficio como cultura empresarial puede ser contraproducente.
  2. En un mundo tan globalizado como el nuestro y con una economía de redes como la actual, creer que una empresa puede gestionarse tan solo teniendo en cuenta los intereses de los accionistas, es algo que no se sostiene. En los años 50, Ford llegó a tener hasta una granja para las ovejas que producían la lana que iba en los asientos de sus vehículos. Hoy, imagino que tiene externalizado hasta el proveedor de las alfombrillas, además de fábricas deslocalizadas, clientes repartidos por todo el mundo y una creciente presión por parte de las ONG´s y medios de comunicación. Los directivos de las empresas deben tener en cosideración los intereses de todos los grupos de interés o stakeholders, no sólo los de los accionistas, ya que todos comparten el objetivo de la supervivencia de la empresa y todos se ven afectados ante un hipotético fracaso o quiebra de la misma. Segunda idea: Cuando una compañía importante se viene abajo, puede arrastrar consigo a muchos agentes económicos, impactando de forma grave en la sociedad.
  3. Cuando se pierden de vista las dos ideas anteriores, es cuando nos aparecen las citadas burbujas a las que se hacían alusión al principio. Todos aquellos que se forraron a ganar dinero a corto plazo y que han arrastrado a las economías mundiales al borde del precipicio, lo hicieron bajo la premisa de maximizar el beneficio de las compañías. El efecto secundario ha sido que, no solo los accionistas son menos ricos, sino que el paro ha aumentado en casi todos los países de la OCDE y muchas empresas (solventes) se han visto abocadas al cierre por la incapacidad de sus proveedores financieros. Tercera idea: Es necesario un cambio de paradigma empresarial. De la maximización del beneficio a la maximización de la riqueza generada por una compañía de forma sostenible para todos sus grupos de interés.

Hay un debate muy interesante en el mundo académico y empresarial que habla acerca de si esto es ético, dado que el accionista es un grupo de interés un poco particular, ya que también es el dueño de la compañía. Bajo mi punto de vista, su particularidad está recogida en la mayoría de estatutos sociales y leyes mercantiles de los países, los cuales les garantizan una serie de derechos muy superiores a los del resto de stakeholders de la compañía. En cualquier caso, no me quiero desviar del tema. Creo firmemente que aquellas empresas que se gestionan incluyendo más objetivos que el de la maximización del beneficio, generan mejores resultados para el propio accionista. Lehman Brothers, Parmalat o Enron están ahí. Milton Friedman rechazaba firmemente esta idea ya que él confiaba ciegamente en "la mano invisible del mercado", pero yo me he permitido llamarla en su honor "La Paradoja de Friedman", la cual explicaré en un futuro próximo en este blog.

Por último, me gustaría aclarar el término sostenibilidad: aquel crecimiento que se lleva a cabo sin comprometer los recursos que permitirán en el futuro seguir creciendo a una compañía. La sostenibilidad, e insisto en la idea ya aportada en alguna otra entrada en este blog, debe de ser medio ambiental y social, pero también económica. Sobre todo en el sistema financiero, motor de la actividad empresarial, auténtica generadora de riqueza en nuestras sociedades.











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