viernes, 22 de mayo de 2009

Sociedad - Sobre Píldoras, Abortos, Padres e Hijos.

Reflexiones Sobre la Abdicación de la Paternidad Patrocinada por el Gobierno

Llevamos unos días convulsos a nivel social. Tras el anuncio por parte del gobierno de la reforma de la ley del aborto, cada día que vamos sabiendo algo nuevo, el debate se hace más virulento. No quiero con este post hacer apología ni del gobierno ni de la iglesia. Tengo mi opinión y mis creencias, por supuesto, pero también muy buenos amigos que trabajan en el día a día de la asistencia sanitaria a adolescentes que me han abierto los ojos en muchos aspectos que hasta ahora desconocía. Creo, por lo tanto, que estamos, y sin querer caer en un cínico ejercicio de relativismo, ante una cuestión más afín a situaciones concretas y convicciones personales que a dogmas impuestos por unos y otros.

Sí que tengo claro, a la luz de hablar con estos amigos que he comentado, que estas medidas son más bien paliativas, que el problema de fondo es educativo y que es ahí donde deben actuar con más contundencia gobierno y oposición para erradicar el problema. Son muchas las adolescentes que se quedan embarazadas pese a los esfuerzos informativos para evitarlo, con lo que no queda otra que pensar que gobierno, familias y sociedad en general, estamos fallando en algo. Mientras, no podemos quedarnos quietos, está claro, pero hay maneras y maneras de encarar los problemas.

No me parece congruente la actitud que está tomando el gobierno respecto a los jóvenes de 16 años. Primero, porque parte de una premisa que a mi, personalmente, me resulta inaceptable: si una persona es madura para mantener relaciones sexuales, también lo es para decidir respecto a las posibles consecuencias. ¿Alguien es realmente consciente de las consecuencias de todos sus actos con 16 años? Segundo, porque sugiere, y así lo dijo el otro día José Luis Rodríguez Zapatero, que el poder abortar o adquirir la píldora del dia después sin receta en cualquier farmacia siendo menor de edad, va a evitar injerencias de los padres en la decisión del menor. Esto ya es el remate. Vamos, no se nos vaya a disgustar el adolescente, solo faltaría eso.

Aunque se diga que a las medidas paliativas indicadas se les va a acompañar de medidas educativas, esas dos premisas que se utilizan como punto de partida, a mi, sinceramente , no me convencen. Hace un par de años, el profesor de Marketing de la Universidad Complutense Víctor Molero, escribía un libro que debería ser de lectura obligatoria para todos los futuros padres: "Generación Marketing: la sociedad entre la codicia y la indolencia". En él hacía alusión a una nueva actitud que se está dando en los padres de hoy en día: la paternidad complaciente. Los padres no ponen límites a los niños porque después de una semana trabajando, lo último que quieren es discutir con él. Es más, le atiborran a regalos para tenerle contento, llegando a una especie de tiranía de los hijos. Los pequeños mandan. A mi hijo no le doy pescado porque no le gusta. Esa fue una buena frase que escuché en otro foro. Hemos pasado en apenas 40 años de una paternidad dictatorial a un todo vale para tener al niño contento. Una buena amiga mía, profesora de 1º de primaria (antiguo 1º de EGB), me comentaba hace un tiempo estupefacta que acababa de tener una reunión con los padres de sus alumnos en la que más de uno le habia confesado su admiración porque.... ¡no podían con su hijo! Paco Alcaide, en varios de los brillantes posts de su blog, ha hablado acerca de esta generación que llega sin ninguna frustración a la vida adulta, acostumbrada a hacer lo que quiera y a tenerlo todo fácil. Necesitamos fracasar y aprender de nuestros errores para seguir avanzando en nuestro proceso de maduración.

Debemos replantearnos urgentemente nuestros objetivos como sociedad. La educación de nuestros menores es algo muy serio, porque de ellos va a depender el futuro de nuestro país desde todos los puntos de vista. Y desde luego ésta no se arregla con píldoras del día después ni abortos masivos, pero sobre todo no se arregla escondiendo a los padres la verdad de lo que hacen sus hijos. ¿Cuál va a ser la próxima medida del gobierno, prohibir que el SAMUR, cuando atienda a un chaval por intoxicación etílica, llame a sus padres para que no interfiera en su voluntad de emborracharse? Por muy paliativas que puedan ser estas medidas, necesitamos ir más allá, ver más a largo plazo. Pero sobre todo, necesitamos un gobierno que no patrocine la abdicación de la paternidad y la dictadura de los menores. Así no se educa a un país. Creo yo.

4 comentarios:

FAH dijo...

fernando, gracias por citarme nuevamente.

Como apuntas, y como decía Aristóteles, el equilibrio, o sea la virtud (perfección), es el término medio entre dos extremos. El problema es que la vida tiende al caos, a los extremos, ya sea por exceso o por defecto, de ahí que o nos pasamos (paternidad dictatorial como apuntas) o no llegamos (paternidad permisiva). Como en la gestión de empresas, en la gestión de hijos hay que tener mucha mano izquierda nada fácil. Hace tiempo escuché al psicopedagogo Bernabé Tierno decir: "Hay que educarse para educar". Educar tiene algo de ciencia y mucho de arte. Un reto, desde luego.

enhorabuena, un abrazo.

Fernando dijo...

Muchas gracias por tu comentario, Paco. Aportas ideas muy interesantes que dan para pensar y mucho.

Coincido contigo en que para educar hay que tener mucha mano izquierda, pero el problema es la fina línea que separa dicha mano izquierda del todo vale que ahora vivimos. Nuestra sociedad es alarmantemente relativista ante la educación de nuestros menores y no nos damos cuenta que un padre debe querer a su hijo, llevarse bien con él, mimarle cuando sea oportuno, pero también exigirle, ponerle límites y no ser un mero colega que le ríe las gracias. Imagino que será más fácil decirlo que hacerlo...

Me ha gustado mucho la frase de Bernabé Tierno.

Un fuerte abrazo

Maru dijo...

Estoy muy de acuerdo en todo lo comentado, pero además, añadiría que existe un paternalismo desmedido por parte del Estado, que parece decir al adolescente algo así como "no te preocupes, si tus padres no te entienden, papá Estado te protege (de hecho, no hace falta ni que se lo cuentes a tus padres)". De este modo, el Estado se extralimita en sus funciones, creo yo.

Fernando dijo...

Maru, gracias por pasarte. Estoy muy de acuerdo contigo. Vivimos en una sociedad en la que lo hemos tenido mucho más fácil que nuestros padres y abuelos. Creo que un estado paternalista que tampoco ayuda ni a la madurez personal ni a la democrática. Es algo así como "no pienses, el estado lo hace por ti".

Un beso