jueves, 4 de junio de 2009

Economía - Sobre Brotes Verdes (II)

Reflexiones Acerca de la Salud Real de Nuestra Economía: Política Monetaria

Además de la política fiscal, existe otra herramienta que pueden poner en práctica los gobiernos y organismos reguladores para desarrollar su estrategia económica: la Política Monetaria. De forma sencilla se podría definir como el conjunto de medidas que toma un Banco Central para controlar la Oferta Monetaria. Porque aunque no lo parezca, el dinero también se rige por las leyes de la oferta y la demanda. En Europa dicho Banco Central ya no depende de los países, sino que es común para todos los estados miembros de la UE.

De forma muy breve y esquemática, voy a hacer una pequeña introducción teórica para que se entienda bien lo que quiero explicar. No me voy a meter en ardúas demostraciones y verdades complejas, así que confío en que se me entienda. Aún así, advierto que la política monetaria, es bastante más compleja que la fiscal.

La Oferta Monetaria se define como la cantidad de dinero que hay en circulación en una economía. Está compuesta por dos parámetros fundamentalmente. Uno, el dinero en efectivo o en circulación; dos, el dinero bancario, el cual está formado por los depósitos bancarios que poseen las familias y empresas (no financieras) en los bancos comerciales. En la Unión Europea se considera dinero bancario tanto las cuentas corrientes como los depósitos a plazo o cuentas de ahorro.

Es importante decir que el dinero bancario no está respaldado al 100% por dinero tangible. Tan solo una parte del mismo existe como tal en forma de reservas bancarias, las cuales pueden ser voluntarias (las que el propio banco decide tener) y obligatorias (las cuales las marca el banco central de rigor).

Los bancos, por lo tanto, reciben dinero en forma de depósitos, mantienen una parte en forma de reservas y prestan la otra. La confianza es clave para que el sistema funcione, porque si todas las personas que tenemos ahorros en los bancos quisiésemos sacarlos a la vez, el sistema quebraría. Por lo tanto,Oferta Monetaria= L + D, donde L refleja el dinero en efectivo de una economía y D los depósitos.

La Base Monetaria es el dinero a partir del cual se genera todo el dinero de una economía. Es decir, el dinero en efectivo de las familias y empresas más las reservas en los bancos para asegurar la liquidez de sus clientes. Base Monetaria = L + Rv, donde L refleja de nuevo el dinero en efectivo de una economía y Rv las reservas (legales y voluntarias) de los bancos.

La Oferta Monetaria es siempre mayor que la Base Monetaria, ya que los depósitos son mayores que las reservas. ¿Cuántas veces es superior? Bueno, esto requereriría una pequeña demostración matemática, pero para simplificar, describo tan solo el multiplicador resultante:

OM= BM (a+1)/(a+w); donde

a= L/D

y

w=RV/D.

Si "a" aumenta, entonces los agentes económicos depositan menos dinero en los bancos, quedando éstos con menor capacidad para prestar dinero. Si "w" aumenta, los bancos mantienen más dinero en forma de reservas, con lo que podrán prestar también menos dinero. En ambos casos se reduce la Oferta Monetaria.

Los bancos centrales pueden llevar a cabo dos tipos de políticas monetarias: expansivas y contractivas.

Las expansivas generan incrementos de la oferta monetaria. Para que nos entendamos. Si el Banco Central "introduce" más dinero en la economía a través de los bancos comerciales, se supone que éstos prestarán también más dinero. Al aumentar la oferta de dinero, bajará su precio (tipo de interés), lo que animará también a las empresas y personas a endeudarse más e invertir, mejorando la capacidad productiva de una economía y creando empleo los primeros, y consumiendo los segundos. Ejemplos claros de este tipo de políticas, son las operaciones de mercado abierto (compra de bonos por parte de los bancos centrales a cambio de dinero en efectivo), disminución del tipo de interés (lo que favorece que los bancos comerciales pidan más dinero prestado al banco central o a otros bancos) y disminuyendo las reservas obligatorias (coeficiente legal de caja). El riesgo que conllevan estas medidas es la inflación (alza sostenida de precios).

Las medidas contractivas suponen el movimiento contrario al descrito. Son medidas apropiadas cuando hay tensiones inflacionistas. Por eso Trichet se empeñó en septiembre del año 2008 en mantener los tipos altos, porque le preocupaba más en ese momento la inflación que la incipiente recesión que se avecinaba.

Entonces, ¿hay o no hay brotes verdes a la luz de la política monetaria? Recordemos cómo empezó el actual embrollo. Venimos de unos años de bonanza económica favorecida por unos tipos de interés bajísimos (incluso por debajo de la inflación) y una nueva ingeniería financiera que parecía generar dinero bancario de forma ilimitada, permitiendo endeudarse a familias y empresas hasta niveles sin precedentes. El efecto pernicioso de esta medida es por todos conocido.

En España es cierto que nuestros bancos no han participado en la fiesta de las subprime, pero sí que para sufragar la juerga inmobiliaria de nuestro país, se han endeudado con bancos de fuera (animados por ese tipo de interés tan bajo). Como los mercados extranjeros están ahora colapsados por su falta de liquidez, y en España, entre el paro y el pinchazo de nuestra burbuja inmobiliaria se han reducido drásticamente las posibilidades de captar nuevos depósitos, nuestras entidades financieras se ven totalmente "caninas". Por ello todos los gobiernos acordaron a través de sus distintos organismos monetarios (el Banco Central Europeo y la Reserva Federal Americana) "meter" escandalosas cantidades de dinero para salvar a todo el sistema financiero.

¿Qué ha pasado entonces? ¿Por qué no ha funcionado? Los bancos siguen sin apenas prestar y, seamos claros, el negocio de los bancos es prestar dinero. Cuando las cosas han ido mal, han prestado menos y más caro, pero han prestado. Ahora piden garantías desproporcionadas porque sencillamente no pueden hacerlo. Y todo ello pese al dinero metido en el sistema. No ha funcionado porque lo que han hecho los gobiernos es aumentar la base monetaria (L + Rvas) pero no la oferta monetaria (L + D), que es la que determina el éxito de estas medidas.

Si recordamos la ecuación, han subido "a" y "w" debido a la coyuntura actual. Es decir, ha subido la liquidez de los ciudadanos por la coyuntura actual, los cuales han retirado depósitos, y las reservas bancarias (por las múltiples pérdidas de las entidades crediticias).

La explicación viene de la mano de uno de los grandes economistas de la historia. Keynes sostenía que en situaciones de depresión económica, cuando el tipo de interés es muy bajo (como ocurre estos meses), la política monetaria apenas tiene impacto sobre la economía. Cuando el tipo de interés es alto, ninguna empresa o familia quiere tener su dinero ocioso. Lo mete en el banco (creando depósitos) y lo pone a "trabajar". Cuando es casi 0, como ocurre hoy en día, la gente no quiere arriesgarlo y lo mantiene en efectivo. En parte por una cuestión obvia. Cuando la economía va mal, la confianza de la gente se resquebraja y siempre se observa que esa caída de la confianza incide en la retirada de depósitos en los bancos, o al menos, en la ralentización en la creación de nuevos depósitos. Es por eso por lo que Keynes apostaba por una política fiscal de aumento del gasto público (como la que está desarrollando nuestro gobierno) para reactivar la economía en momentos parecidos al actual. Esta teoría de Keynes fue muy discutida por los defensores del libre mercado. Entre ellos por otro de los más grandes economistas de la historia: Milton Friedman. Junto con Anna Schwartz, Friedman escribió "A Monetary History of the United States, 1867 - 1960", el cual resultó una magnífica apología de la política monetaria.

Echemos un vistazo a la historia. Durante el crack del 29, la base monetaria aumentó, subiendo de una media anual de 6.050 millones de $ en 1929 a otra de 7.020 millones de $ en 1933. Sin embargo, y de acuerdo con Krugman, la Oferta Monetaria bajó drásticamente de 26.600 millones de $ a 19.900 en el mismo intervalo. La causa la tuvo la sucesión de quiebras bancarias del sistema entre los años 1930 y 1931 principalmente. Los ciudadanos perdieron la fe en el sistema y retiraron mucho efectivo. Los bancos comenzaron a acumular reservas por lo que pudiera pasar. Se hacían menos préstamos y el gasto y el consumo cayeron en picado.

Para Friedman y Schwartz, la Reserva Federal debía haber prestado dinero a los bancos en apuros para evitar las quiebras, lo cual hubiera hecho que los ciudadanos hubieran mantenido sus depósitos y que las entidades crediticias hubiesen mantenido sus préstamos. De haber sido así, no hubiera habido nunca una gran depresión. El planteamiento de Friedman es brillante y casi parece irrebatible, sin embargo, el caso de Japón nos debe hacer reflexionar también al respecto. En los años 90 el Banco de Japón salvó a muchas entidades financieras inyectando miles de millones de yenes, así como el gobierno nipón aprobó un paquete de medidas de estímulo basadas en Gasto Público. El resultado fue que el bien de equipo que más se vendió en aquella época fueron las cajas fuertes. Aumentó la Base Monetaria pero no la Oferta Monetaria, y Japón lleva viviendo una década con cifras de crecimiento económico negativo o casi cero y un nivel de paro sin precedentes en el país asiático. En el Crack del 29 la Reserva Federal pudo hacer más por atenuar la epidemia, pero nunca podría haber evitado una profunda recesión.

Precisamente esa es la complejidad de la crisis actual. Los gobiernos han actuado con rapidez, han salvado a muchas entidades y, posiblemente, han evitado lo peor. Pero el hecho cierto es que la crisis financiera y la económica se retroalimentan. En España hay más parados que nunca y ello implica menos ingresos, menos dinero ahorrado (por lo tanto, menos dinero en depósitos para los bancos) y menos préstamos que dar. Hay sectores que requieren financiación permanente para su actividad, y sin la misma, se ven abocadas a despedir gente. Todo ello redunda en un parón de la economía. La interrelación entre la crisis económica y la financiera es complejísima y deja sin efecto un arma que en otras ocasiones podría ser muy poderosa: la política monetaria.

Ayer, no obstante, hubo un muy buen dato que se celebró mucho menos entusiasmo que el del paro (con el que me meteré próximamente en el último capítulo de esta trilogía): la mejora de la confianza de los consumidores. Aún así, conviene recordar que lo que ha "tirado" del PIB en España estos años han sido la construcción y el consumo, favorecidas ambas por la capacidad de endeudamiento de nuestro país. Ese modelo se ha acabado. Sobre todo porque nos enfrentamos a un escenario muy diferente al de estos años en el que durante un tiempo apenas podremos contar con los bancos. No atisbo brotes verdes por aquí. Y me encantaría equivocarme.

PD: Si alguno me surge con lo de los ICO, me permito recordar que en estos créditos el dinero corre a cuenta del estado y que los bancos sólo asumen el riesgo. Y aún así, está costando Dios y ayuda que lleguen al mercado.





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