viernes, 26 de junio de 2009

Empresas - Sobre el Valor de lo Diferencial

Reflexiones desde Burdeos

Esta semana he tenido el privilegio de participar por primera vez en mi vida en Vinexpo, la feria del vino más importante a nivel mundial. Tiene lugar cada dos años en Burdeos, capital mundial del vino. Sus chateaux, la particularidad de sus caldos y la profesionalización de su sector, han convertido a Francia en el principal referente vitivinícola mundial, siendo Burdeos, con sus variedades Merlot, Cabernet Sauvignon y Petit Verdot, su buque insignia.

Pero nuestro país vecino es mucho más que Burdeos y sus tintos. Saint Emilion, zona limítrofe con Burdeos, tiene también unos tintos espectaculares. Borgoña tiene unos blancos elaborados con Chardonnay fermentados en barrica impresionantes. El Gewurztraminer de la Alsacia es simplemente maravilloso (ya sea en vendimia tardía, fermentado en barrica o con fermentación en grandes depósitos). Los vinos del Loira e incluso los de la zona cercana al Pirineo, con sus variedades autóctoncas cuasi desconocidas, han supuesto para mi una agradabilísima sorpresa en estos días.

¿Son mejores los vinos Franceses que los españoles? Pues sinceramente yo creo que no. Simplemente son diferentes. Es posible que ellos tengan más Vega Sicilias que nosotros, pero nuestra clase media - alta, esa que engloba a todos los vinos de Rioja, Ribera, Toro y alguna que otra denominación de origen con PVP en hostelería entre 15 y 30 euros, creo que es bastante superior. La pregunta que cabe entonces es por qué ellos son número uno a nivel mundial en cuanto a consumo e importaciones se refiere.

Pues yo creo que la respuesta está en los dos primeros párrafos expuestos. Francia lleva apostando por lo diferencial desde hace siglos. Han defendido la tipicidad de sus uvas y sus vinos y han tratado de seguir una línea que claramente les identifica. En España no podemos decir que siempre hayamos hecho lo mismo. Tenemos grandes vinos afrancesados, muchas denominaciones de origen que han apostado por el Merlot, el Cabernet Sauvignon, el Sauvignon Blanc, el Gewurztraminer, el Syrah y el Chardonnay como uvas primarias en lugar de complementarias y otras como Toro que, apostando por su uva, reniegan de esos vinos de tanto cuerpo que nunca han dejado a nadie indiferente. Así no se hace una marca y así, desde luego, sólo vamos a conseguir ser una copia barata de nuestros vecinos.

¿Qué es lo que debe hacer España? Pues yo creo que lo que llevan haciendo años Rioja, Ribera, Rías Baixas, Rueda y en desde hace algo menos el Bierzo y Toro (pese a mi crítica anterior). Apostar por el Tempranillo, la Tinta Fina (variedad del Tempranillo), el Albariño, el Verdejo, la Mencía y la Tinta de Toro (otra variedad del Tempranillo). Esas uvas son propias de nuestro país, son diferenciales y nos van a ayudar a diferenciarnos, a buscar nuestro propio nicho de mercado. Otras denominaciones de origen como Somontano lo tienen muy complicado, porque han apostado todo a variedades francesas olvidando otras complementarias a la Garnacha típicas del pre Pirineo que le podían haber resuelto su problema de la diferenciación.

Tenemos un sector que, atomizaciones al margen, se ha revelado como competitivo en calidad, líder en innovación y con una materia prima y un clima óptimo. No podemos conformarnos con un mercado como el interno, el cual lleva estancado o en pequeño retroceso desde hace años. Afuera nos espera, y nunca mejor dicho, un mundo de posibilidades, al cual debemos comunicarle por qué debe consumir nuestros vinos como una alternativa de calidad a los franceses, no como una copia barata.

2 comentarios:

FAH dijo...

Fernando, has dado en la clave número uno del marketing: "Diferenciación". Lo decía Michael Porter (ésta frase es referente para mí): "El éxito no consiste en ser los mejores sino en ser diferentes". En ello reside la "estrategia de océano azul". En espacios no competitivos con poco se puede hacer mucho. abrazo.

Fernando dijo...

Muchas gracias por pasarte, Paco. Me encanta la frase de Porter y la suscribo plenamente. Es curioso como en España han aflorado en los últimos tiempos vinos muy buenos elaborados con Merlot, Cabernet Sauvignon y Petit Verdot. A mi me encantan pero, ¿qué aportan de diferente al consumidor respecto a los vinos de otros países?
Abrazos