martes, 6 de diciembre de 2011

Economía - ¿Cuando saldrá España de la Crisis? (Actualización Diciembre 2011)

Más ideas

Hace unos días me detuve un rato para analizar las estadísticas que "Blogger" recopila sobre las lecturas de las diferentes entradas del blog. La verdad es que la herramienta es fantástica. Te permite no sólo ver el número de lecturas, sino también averiguar cómo han llegado hasta "El Disparadero". Me llamó poderosamente la atención que en los últimos meses la entrada con mayor número de visitantes es la de "¿Cuándo saldrá España de la crisis?" publicada el pasado mes de junio de 2011. Tampoco me dejó indiferente el hecho de que mucha gente llegase hasta aquí introduciendo en Google las mismas palabras que titulaban el post: "¿Cuándo saldrá España de la crisis?". Evidentemente es tal el cansancio de estos más de tres años tan duros que llevamos, son tan malas las perspectivas para lo que viene, que imagino que éste se ha convertido en un tema recurrente. Las personas tendemos a buscar certezas en momentos inciertos como los actuales.

Así pues, ayer me puse de nuevo a leer aquel post. Muchas de las ideas que expuse creo que siguen siendo aplicables, pero lo cierto es que también hay muchos matices que resaltar, aspectos que han ganado en trascendencia en estos meses, porque lo cierto es que llevamos una segunda mitad de año para enmarcar. Entre la inoperancia de nuestros políticos, incapaces de tomar decisiones drásticas, la implacabilidad de unos mercados presos del pánico y unos escualos llamados especuladores, las cosas no han hecho más que empeorar. Es por ello por lo que he querido rescatar aquel post para destacar aquellas ideas que creo siguen vigentes y apuntar otras nuevas. A ver si soy capaz de aportar algo de luz a la materia.
1) Consolidación Fiscal: Ayer la prima de riesgo bajó por primera vez desde octubre de los 300 puntos básicos, lo cual es muy buena noticia, pero no debe distraer al gobierno entrante sobre la necesidad de meterle mano al déficit público. El que España pague intereses más altos por su deuda pública tiene una incidencia brutal en dos aspectos fundamentales. Por un lado, compromete muchos recursos públicos para el pago de intereses, lo que pone en jaque muchos de los servicios y obras públicas del estado. Por otro, encarece el dinero a nuestras entidades financieras, las cuales dan poquísimos préstamos y a un precio desorbitado como consecuencia de aquello. Nuestro modelo de estado tiene que ser sostenible y ello será motivo de malestar generalizado, porque obligará a meter la tijera en muchas partidas. Y ya se sabe, nunca llueve a gusto de todos. El debate ideológico está servido: no se trata de recortar en educación y sanidad, pero sí de hacer pedagogía y de entender que nuestro estado de bienestar se ha podido mantener mientras España ha tenido capacidad de endeudamiento (tanto del sector público como del privado) y que a día de hoy no la tiene. 

Explico brevemente esta idea: Las mejoras de nuestra economía durante el "boom" no vinieron de la mano de mejoras productivas, sino de un endeudamiento masivo de familias y empresas que terminó generando una burbuja, la cual, temporalmente, generó empleo (bajaron las prestaciones sociales) y permitió recaudar más impuestos. Ello hizo que las cuentas del estado llegaran a tener superávit poco antes del inicio de la crisis, pero además, el tener una economía aparentemente boyante, permitía al gobierno de turno financiarse a un coste irrisorio. El "chorro" de deuda también permitió a nuestras empresas y sector público acometer proyectos faraónicos insostenibles que hoy seguimos pagando entre todos (véanse aeropuertos innecesarios, líneas de AVE suspendidas, Carreteras Radiales en concurso de acreedores, etc). Nos creímos ricos cuando no lo éramos y ahora tenemos a Comunidades Autónomas y Ayuntamientos en serios apuros.

El tema del estado es algo más complejo. El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero hizo buenas las primeras consideraciones de los principales dirigentes mundiales tras el crack de Lehman Brothers tratando de reactivar la economía y el empleo a través de un aumento considerable del gasto público. No valió de nada. Simplemente hizo que todos tuviéramos una leve sensación de mejora por unos meses (¿quién no recuerda los brotes verdes?), como a aquel enfermo que tiene  una hemorragia y ve cómo le hacen una transfusión. Ahora, con una tasa de paro como la actual y sin perspectivas de crecimiento a corto plazo, la única manera de bajar el déficit es reduciendo gastos. La clave para el nuevo gobierno de Mariano Rajoy será discernir entre aquellos que son un mero lastre y aquellos que son productivos. No se trata de recortar por recortar y en el éxito de esta tarea nos jugamos mucho.

2 y 3) Reordenación del sistema financiero y ajuste del sector inmobiliario: El diagnóstico es parecido pero reconozco que fui de los ingenuos que pensaba que con Bankia y Banca Cívica ya en bolsa la cosa iba a estar bastante mejor. Desgraciadamente tengo que reconocer que la cosa está muy pero que muy mal y que queda mucho por hacer en este aspecto. El Wall Street Journal apuntaba hace unos días que incluso el Banco Santander, si no contara con sus resultados de fuera de España, estaría obligado a recapitalizarse a tenor de la nueva normativa Europea. Está claro que una de las fortalezas del banco de la familia Botín es precisamente su internacionalización, pero también tengamos claro que con la que está cayendo el Banco Santander no va a detraer dinero de mercados en auge y con posibilidades de desarrollo para llevárselo a España por mero patriotismo (circunstancia que no sé si legalmente es posible). En resumen, que la cosa está muy pero que muy complicada, que las fusiones llevadas a cabo no han sido suficientes y que siguen existiendo entidades sin masa crítica a tenor de las nuevas exigencias de Bruselas. 

Asistimos además a un nuevo "credit-crunch", igual o peor que el del año 2008, y que tiene como origen la sequía del mercado interbancario (esto es, el mercado en el que las entidades financieras "compran" el dinero que luego prestan). Dicha sequía, pese a las abundantes inyecciones de liquidez de los gobiernos, parte de dos dircunstancias clave: una, la mierda acumulada en los balances, la cual obliga a inmovilizar muchos recursos a todas las entidades, y dos,  la duda que tienen todos los bancos en estos momentos: "¿Cómo le voy a prestar dinero a esta otra entidad si es más que posible que en su balance tenga tanta mierda como yo en el mío?".

En Europa, principalmente en Alemania y Francia, la "porquería" tiene que ver con deuda pública de países periféricos, fundamentalmente Grecia, la cual vale mucho menos de lo que indica el valor nominal de los títulos. Si uno fuera a un mercado secundario a vender deuda Griega, obtendría mucho menos de lo que pagó por ella. Pero no sólo eso: a Grecia se le ha condonado parte de su deuda. Los bancos tienen que reconocer pérdidas millonarias como consecuencia de ello. El paso dado por la UE exigiendo recapitalizar la banca debido a esta cuestión creo que es acertado.

Sin embargo, nuestra "porquería" sigue teniendo que ver con el ladrillo. La prensa apuntaba hace unas semanas que nuestros bancos siguen teniendo activos inmobiliarios valorados en 30.000 millones de euros que son invendibles. Es decir, su valor es cero. Y ahí no entran el resto, otras decenas de miles de millones de euros que valen algo más que cero, pero desde luego mucho menos de lo que dicen los bancos y cajas. A Rajoy no le queda otra que tratar que en el saco de la recapitalización bancaria Europea entre nuestro ladrillo, aunque es posible que lleguemos tarde gracias al retraso en nuestras elecciones generales.

Esta medida se antoja clave: sólo si los bancos reconocen pérdidas y se recapitalizan, podrán permitir que los precios de la vivienda bajen a su nivel real, lo cual no sólo permitirá el ajuste definitivo del sector, sino que a medio plazo sentará las basese para que vuelva a fluir el crédito de nuevo. De no producirse este ajuste, la situación se puede tornar dramática.

4) Desapalancamiento del sector privado: La recuperación del consumo y la inversión son claves para que la economía vuelva a funcionar, pero para ello las familias y empresas se deben terminar de desapalancar. El problema estriba en que durante la época del crédito fácil se concedieron préstamos e hipotecas potencialmente de riesgo y ahora hay muchas familias con muchos de sus miembros desempleados y con problemas para hacer frente a sus hipotecas, así como empresas con un excesivo endeudamiento que también se las ven y se las desean para hacer frente al servicio de su deuda.

Este punto está muy relacionado con el anterior. Si el crédito comienza poco a poco a funcionar, la economía se recuperará antes y los problemas serán menores. Por el contrario, si el crédito siguiera sin fluir, es probable que haya que comenzar a plantearse reestructuraciones masivas de hipotecas y préstamos a empresas, de tal forma que se suavice el calendario de pagos en tanto en cuanto la máquina se pone de nuevo en marcha. Fórmulas hay: calendarios progresivos crecientes de pago, "balloon" de un porcentaje determinado al final del préstamo (es decir, se deja una cantidad para un último pago al final de la serie), incluso una aportada por Rogoff no hace mucho: transformación de parte del préstamo en derechos sobre la vivienda o en acciones de una compañía.

En el caso de las empresas, además, existe una gran diferencia entre salir a la carrera de una compañía (que es lo que está pasando) y salir de forma ordenada (vía revolving). La primera asfixia a la empresa, la segunda permite un desapalancamiento paulatino. Pero para ello hace falta que se resuelvan los puntos anteriores.

5) Reforma del mercado laboral: La pongo la quinta, pero por importancia debería ir de las primeras. España ha generado, como consecuencia de taras que llevamos heredando desde el franquismo, un sistema que crea y destruye empleo a una velocidad pasmosa. En muchos casos por la dualidad del mercado laboral (contratos fijos y temporales), pero también por la rigidez del mismo: el actual marco de negociación colectiva no se adapta a las empresas, favoreciendo subidas salariales difícilmente asumibles e impidiendo a bajadas cuando la situación lo requiere. La consecuencia es que el ajuste siempre se hace vía cantidad de puestos de trabajo, lo cual es aberrante.

Nuestro país tiene otro problema: es tal el nivel de endeudamiento de las familias, que ahora mismo una bajada salarial en pos de mantener los mayores puestos de trabajo posibles puede hacer que sea peor el remedio que la enfermedad. La salida es complicada, pero se debe buscar la forma por la cual los salarios se vinculen más a la productividad y menos al IPC. El equilibrio no es sencillo, pero no nos queda otra. Con la tasa de paro que tenemos y con todos los jóvenes que no pueden acceder al mercado laboral, no hay más remedio. Obviamente no se le puede pedir todo el esfuerzo a las clases medias. Los beneficios de las empresas en estos tiempos tendrían que destinarse, al menos parcialmente, a la creación de empleo y no tanto a los bonus astronómicos que a todos nos escandalizan. Estamos ante una cuestión de estado, es hora de que todos lo asumamos.

6) Más Europa: Los gobiernos nacionales van a perder protagonismo en favor de la UE. La salida de nuestro país a la crisis estará supeditada a que haga sus deberes, pero también a que los países miembros de la Unión sienten las bases para una mayor consolidación fiscal entre sus miembros, no sólo monetaria. Es cierto que son muchos los intereses puestos en juego, pero como decía Quevedo, "poderoso caballero es Don Dinero" y el Euro tiene más ventajas que inconvenientes, aunque ahora nos parezca lo contrario. Se encontrará una solución, pero cuanto más se tarde, mayores serán los dolores para las sociedades de la UE.

Quiero acabar con mensaje optimista, ya que los que me conocéis sabéis que siempre veo las cosas en positivo. Hace unos días estuve en el 20º Aniversario de El Mundo Castilla León en Valladolid. Pedro J. Ramirez hizo un discurso muy emotivo y creo que cargado de razón: Felipe González y España estuvieron a la altura en 1.985, cuando se nos pidió un paso al frente, que fuimos capaces de dar, para entrar en lo que entonces era la Comunidad Económica Europea. Poco antes de la entrada del Euro, cuando también se hablaba de la Europa de dos velocidades, Aznar y España volvimos a estar a la altura y pudimos estar en la Unión Monetaria cuando nadie daba un duro por nosotros. Estoy convencido de que en esta ocasión volveremos a estar a la altura. Nos costará salir de esta, pero saldremos. Y lo haremos reforzados.

4 comentarios:

Fernando López Fernández dijo...

Buen análisis como siempre Fernando. Muchas medidas con poco margen de tiempo y en aguas turbulentas, pero como apuntas hay veces que sabemos estar a la altura, aunque sólo sea por supervivencia.
Un abrazo

David García Goñi dijo...

Brillante, brillante.

Fernando dijo...

Muchas gracias, Fernando, por pasarte y por el comentario. Me gusta la reflexión: hay veces que sabemos estar a la altura, aunque sólo sea por supervivencia. ¡Me la apunto!

Un fuerte abrazo

Fernando dijo...

Muchas gracias, David!

Un fuerte abrazo