lunes, 12 de noviembre de 2012

Empresas - El Talento como elemento diferenciador

Algunos Apuntes



Se tiende a decir que la naturaleza es sabia pero yo añadiría que tampoco es justa. Al menos en la concepción de justicia que tenemos los humanos. La naturaleza nos deja imágenes y vivencias emocionantes, entrañables, maravillosas, pero también es a menudo cruel. En el fondo tiene que ser así. La naturaleza no deja de ser un sistema lleno de variables que tienden a un equilibrio el cual, simple y llanamente es. En el momento en el que se produce cualquier variación (exógena o endógena), el sistema se mueve hasta alcanzar un nuevo equilibrio. Así ha sido siempre y es por ello por lo que aparecen nuevas especies y desaparecen otras. El otro día hablábamos al respecto. Al final sobreviven aquellas especies capaces de adaptarse, pero también aquellas catalogadas como "sexys", porque, en el fondo, el rito del apareamiento también tiene que ver con la atracción y el cortejo. En la naturaleza no hay otras leyes.

Durante siglos nuestro sistema económico ha tenido su propio equilibrio. Durante muchos años los estados han sido capaces de marcar las reglas del juego e incluso se han atribuido la prestación de determinados servicios, así como la distribución de algunos productos, llamados de interés general. Hablamos de la sanidad, la educación, la energía incluso, pero también la protección del medio ambiente o la seguridad ciudadana. En aquellos tiempos las economías eran locales, los intercambios con el exterior eran limitados por aranceles y las personas tenían muy limitado el movimiento migratorio para buscar empleo más allá de las fronteras del propio país de cada uno.

La era de la globalización nos ha traído un nuevo escenario. Hoy los gobiernos no son capaces de marcar las reglas del juego y se ven incluso incapaces de cumplir las funciones básicas que todo sistema económico les otorgan. Bajo ese panorama, podríamos decir que nuestros mercados se han convertido en lo más parecido a la naturaleza salvaje, habitando en ellos auténticos depredadores sin escrúpulos, pero también miles de millones de empresas y agentes económicos que lo único que pretenden es sobrevivir a través de sus diferentes actividades económicas.

Ante esta tesitura, a las empresas les quedan dos caminos para salir adelante tal y como apuntábamos el otro día: una, adaptarse, sabiendo que con ello entran en el mercado global junto a miles de empresas de todo el mundo, y dos, tratar de diferenciarse vía innovación. Cuando uno crea algo que no existe, o mejora lo que hay de forma sustancial, consigue una ventaja competitiva que le otorga un monopolio temporal. Si encima uno es capaz de lograr una innovación emocional, de esas que no se pueden imitar, el golpe es doble. Apple para mi es un buen ejemplo en lo que a innovación se refiere. Revolucióno determinados productos, por ejemplo el Smart Phone, pero sobre todo ha logrado tener ejércitos de fieles que siguen a la compañía porque Apple ha generado un valor de marca muy superior al de la mayoría de sus competidores. Friamente Smart Phones hay muchos. Android es también sus sitema operativo excelente. Pero para mucha gente el iPhone es "cool", es "sexy", y por ello copa el primer lugar en el mercado.Su Smart Phone era replicable, su brand equity no.

Asi pues, ese debe ser el objetivo que deben perseguir las empresas del siglo XXI para sobrevivir en la actual jungla que supone el mercado global. El quid de la cuestión estriba en saber cómo hacerlo. Yo creo que si analizamos casos de éxito de muchas de las principales compañías de hoy en día, podemos encontrar algunas pistas. Lo que realmente no son replicables son las personas. Apple no hubiera sido lo que hoy es sin Steve Jobs, pero si queremos un ejemplo más cercano, El Bulli nunca hubiera sido un referente sin Ferrán Adriá. El reto es ser capaz de crear entornos laborales para que la gente pueda desarrollar todo el talento que lleva dentro. Ocurre que esto implica cambiar mucho el chip.

De entrada hay que quitarse de la cabeza aquello de que las carreras universitarias suponen una ventaja competitiva dentro del mercado laboral. La enseñanza superior se ha estandarizado hasta tal punto, que podríamos decir (y que la gente me perdone), que se ha convertido en algo deseable pero ni necesario ni suficiente de cara al éxito empresarial. Steve Jobs (de nuevo) es un buen ejemplo. Las personas que marcarán la diferencia en el futuro serán aquellas que sepan sacar partido al conocimiento tácito, ese que no se enseña, sino que se aprende en el día a día y que tiene que ver mucho con la intuición.

Los jefes tienen también que cambiar su forma de proceder. Las jerarquías no favorecen el desarrollo del talento. Más bien lo cohiben. Pero voy más allá, el talento requiere de una gestión basada en la confianza que no penalice el error. Las personas con talento sólo son capaces de crear cuando se han equivocado varias veces. Si los ejecutivos despiden a aquellos que cometen errores, entonces los empleados no arriesgan, no hacen nada que se salga de lo políticamente correcto y las compañías no innovan.

Las organizaciones empresariales deben cambiar también. Los departamentos tienen que tender a desaparecer para dar paso a equipos multidisciplinares dónde se aborde la problemática del negocio desde una perspectiva de 360 grados. Pero voy más allá. Los equipos homogéneos jamás podrán dar con las soluciones que la sociedad heterogénea de hoy precisa. La gestión de la diversidad se convierte en un aspecto clave para el éxito empresarial y para ello debemos de ser capaces de atraer talento de cualquier lugar del mundo, pero también cambiar nuestros hábitos en lo que a la gestión de la igualdad y el papel de la mujer se refiere.

Al final, de lo que se trata, es de crear espacios, lugares de trabajo abiertos dónde el diálogo y la confianza fluya para que el talento sea realmente el principal elemento diferenciador de una compañía. En los años 90 predominaba la planificación, hoy deberían hacerlo la prueba y el error. Decía Edison que él no se consideraba un fracasado pese a haber desarrollado más de 10.000 ideas que no habían funcionado. Las compañías de éxito deben ser generadoras de confianza y no fábricas de miedo. Para ello hacen falta gestores que crean en su equipo. A fin de cuentas, como también apuntan Nördstrom y Ridderstrale, un líder que no crea en su gente no puede esperar reconocimiento porque al final sólo generará anticonfianza. Lo que ocurre es que nunca antes en la historia la gestión del talento había sido tan importante para el éxito empresarial como lo es hoy en día. Personalmente lo celebro.




2 comentarios:

Fernando Lopez Fernandez dijo...

Lo malo Fernando es que la educación nos ha llevado a pensar que el talento debe ser estandarizado. Lo diferente, el talento, , salvo excepciones, no es que no se venda es que no se compra.

Un abrazo

Fernando dijo...

Hola Fernando!

Millones de gracias por pasarte, como siempre! Pues estoy muy de acuerdo contigo: los MBA son un excelente ejemplo de lo que dices. Pienso como tú, lo diferente, el talento, no se enseña. En todo caso se puede educar y se pueden crear entornos para favorecer su desarrollo.

Un fuerte abrazo!