domingo, 13 de diciembre de 2015

Vivencias - Nuevos Planes, Idénticas Estrategias

Nuevos Retos

Aún no han pasado ni 48 horas, pero reconozco que no me termino de creer que tras tanto esfuerzo y tanta pelea contra tantos elementos, por fin haya defendido mi tesis. Doctor, y con orgullo apostillo, Cum Laude. Por unanimidad. Creo que al final ha quedado un trabajo bonito que, sobre todo, abre muchas otras nuevas puertas. Mucho por investigar aún, y nuevas propuestas encima de la mesa para darle relevancia a un estudio que al tribunal le pareció diferente dentro de una materia en la que de un tiempo a esta parte abundan los trabajos.

Atrás queda una década en la que no ha habido ni un sólo día en balde. Los dos primeros años fueron razonablemente sencillos, con cursos de doctorado y con el DEA, pero poco podía imaginarme en el año 2008 lo difícil que se iban a poner las cosas. No mucha gente sabe que para llevar a cabo mi investigación he tenido que desmenuzar 276 documentos corporativos, de entre unas 150 - 200 páginas de media cada uno, los cuales he revisado cuatro veces para poder sacar la información que precisaba. Aquello me llevó 5 años. El resto ha sido mendigar datos el resto de datos que me faltaban y volver a meterme a fondo con la econometría, esa asignatura a la que mucha gente no le encontraba utilidad durante la carrera y que a mi me parece ahora mismo me parece interesantísima. Y así pues, terminada esta etapa, reconozco encontrarme vacío. Hoy me he despertado pronto, como solía cada domingo, para ponerme a estudiar, pero cuando me incorporaba, de repente, me he dado cuenta de que ya no tenía por qué. Al menos hoy.

Porque un doctorado, creo, es una experiencia vital de tal calado que termina cambiándote la vida para siempre. Ya lo comentaba hace no tanto por aquí: es mucho más que un camino de crecimiento intelectual, que también, pero sobre todo es una senda de crecimiento personal. El que escribe estas líneas siempre fue un niño curioso que por el camino ha aprendido que si a esa curiosidad le añades rigor, pasión, esfuerzo y disciplina, los resultados llegan a sorprenderte hasta a ti mismo. Los límites te los pones tú y no hay nada que no se pueda sacar adelante con tesón y ganas. El viernes presenté mi tesis, sí, pero sólo ha sido una etapa del Tour de Francia de mi vida. La más bonita hasta la fecha, la que me ha hecho ser consciente de las posibilidades que tengo. Ahora sólo me queda el resto de mi vida para seguir investigando y aprendiendo cosas nuevas. Estoy feliz y con muchas, muchas ganas de seguir tirando nuevas puertas, por cuanto siempre es más lo que nos falta por saber que todo lo conocido... Eso, o que todos llevamos un niño por dentro, el que un día fuimos, el que nos recuerda y nos conecta con nuestra verdadera esencia y con nuestra inocencia. En mi caso ese niño sigue siendo aquel pecoso, acelerado, con el "pelo pincho" y la camisa por fuera, siempre jugando al fútbol y nunca dando un balón por perdido, el que no aceptaba que nadie le cercenase sus posibilidades y le quitaba el periódico a su padre con 5 años para enterarse de lo que pasaba en el mundo. 

El adulto que soy hoy sigue siendo una persona inquieta y curiosa, que sigue creyendo que no hay nada imposible y que no admite que nadie le diga lo que no puede hacer, pero con un bagaje que no hace sino motivarme aún más para seguir conociendo más cosas. Tengo hambre, lo confieso. De saber y progresar. Bienvenidos al resto de mi vida. Nuevos horizontes, nuevos retos... Nuevos planes, idénticas estrategias... las del niño que fui.



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