lunes, 9 de febrero de 2009

Economía - Acerca de Australia, las energías renovables y James Lovelock

¿Se Calienta el Planeta?

La noticia de las últimas horas nos llega desde Australia. Una terrible cadena de incendios en el sur de dicho país se ha cobrado de momento la vida de casi 200 personas. Muchos de ellos parecen provocados. Tanto es así que el Primer Ministro Australiano, Kevin Rudd, tildaba de "matanza" , lo que está aconteciendo en el país Aussie. Sin perder de vista ni un ápice el drama de cientos de familias ni la maldad de estos posibles pirómanos, el caldo de cultivo que ha propiciado la masacre ha sido la ola de calor más grande de la historia de Australia. Paradójicamente, el norte de Australia vive las peores inundaciones jamás registradas.

Mientras, en Europa, estamos teniendo un invierno extremo. Quiero recordar la ola de frío que recorrió el este de Europa coincidiendo con el corte del suministro del gas, dejando también decenas de muertos si no recuerdo mal. Quiero compartir con todos vosotros los 18 bajo cero del día 12 de enero en Aranda de Duero, temperatura que no se alcanzaba desde la década de los 50. La nieve, además, ha estado presente en ciudades españolas en las que apenas se habían visto caer unos copos en siglos. Por su parte, nuestro buen amigo Pedro Medina nos describía con un gran documento gráfico la histórica nevada que cayó en Londres hace unos días. La pregunta es evidente. ¿Se esta calentando el planeta o enfriando? ¿Tiene sentido todo esto?

Si hacemos caso a los expertos, parece que no hay debate posible. El planeta se calienta y la tendencia es inequívoca pese a las temperaturas gélidas de este invierno en Europa. ¿Se está dando el fenómeno que pronosticaba la película "El día de Mañana"? Algunos catedráticos, entre ellos el reputado profesor Ruiz de Elvira de la Universidad de Alcalá de Henares, llevan tiempo advirtiendo de que la fusión de los hielos de Groenlandia pueden dar lugar a un colapso de la corriente del Atlántico Norte y traernos una glaciación al hemisferio norte dentro de unas décadas. Esa misma teoría también la defienden los científicos que están detrás de la película de Al Gore "An Inconvenient Truth", pero al igual que Ruiz de Elvira, para dentro de unos años, no para ahora.

Aunque yo no sea físico ni experto en cuestiones climáticas, lo cierto e
s que reconozco que es un tema que me apasiona. Y si me preguntan diré que en el fondo la naturaleza y el clima tienen demasiadas variables para modelizar su comportamiento y predecir el futuro en función de como varíen éstas (como la economía), pero también, como ya he dicho en alguna ocasión parafraseando a Einstein, tampoco creo que Dios juegue a los dados. Todo esto tiene que tener alguna explicación. Vamos a ver si aportamos algo de luz.

Hay una serie de datos que son incuestionables y que están científicamente probados. Uno, que desde la Revolución Industrial el hombre emite CO2 a la atmósfera por la combustión de las materias primas (principalmente combustibles fósiles) que usa para obtener energía. Dos, que el planeta se está calentando desde entonces aunque hayamos tenido décadas frías. Tres, que parece existir
una correlación positiva entre el incremento de las temperaturas del planeta y las emisiones de CO2. Cuatro, que el combustible fósil que más utiliza el hombre es el petróleo.

Los economistas también manejamos unas cuantas verdades al respecto. Una, que la energía es sinónimo de desarrollo y que existe una relación entre PIB y cons
umo de energía que ha permanecido invariable desde los años 70 hasta el 2004, y que se ha visto alterada por la irrupción de China, la India y Brasil en el tren del desarrollo. Si antiguamente por cada aumento del 1% del PIB la demanda de petróleo lo hacía un 0,24%, en la actualidad,en el trieno 2004-2007 la proporción ha subido hasta un 0,63%. Dos, que el agotamiento de las fuentes convencionales de Petróleo hacen que tengan que buscarse alternativas en pozos menos rentables, en las profundidades del mar y bajo las arenas bituminosas de Canadá. Por debajo de 70$ el barril ninguna de estas alternativas es económicamente viable. Tres, que un petróleo caro como el que tuvimos el pasado mes de julio del año 2008 es inasumible desde un punto de vista económico y no le interesa ni a la OPEP por cuanto la demanda se resentiría (como ya lo hizo incluso antes de que las principales potencias entrasen en recesión). Cuatro, que la India, China y Brasil siguen teniendo tasas de industrialización y motorización muy bajas, o lo que es lo mismo, que su demanda de energía va a seguir creciendo en los próximos años en cuanto cambie el ciclo económico. Cinco, no se sabe cuánto petróleo queda, pero sí que parece que cada vez les cuesta más a los países productores satisfacer los aumentos de la demanda.

Vamos a añadirle algo de picante al asunto. El informe Stern para el gobierno de Tony Blair, cifra entre un 5% y un 10% la caída del PIB en los países desarrollados como consecuencia del cambio climático (me tiemblan las canillas pensando la que se está montando con caídas en torno al 2% como en la actualidad, como para imaginarme un 5% ó más). La transición hacia energías renovables, según ese mismo informe, tendría un coste a corto plazo del 1% del PIB. Vamos a añadirle la cantidad de vidas humanas que cada año se están perdiendo en el mundo por la radicalización del clima y sus derivados. Seguimos sumando morbo. El petróleo es una fuente no renovable y por lo tanto finita, pero por encima de que haya o no reservas disponibles, Hubbert, el autor de la teoría del Pico del Petróleo, apuntó una idea demoledora: el fin del crudo no lo marcarán las existencias, sino el coste energético de la extracción ya que cada vez será más difícil acceder a él.

Por si todo esto fuera poco, el domingo pasado en el Suplemento Negocios de El País, se hacía hincapié en que la crisis había hecho aparcar muchos proyectos de energías renovables por considerar muchos Gobiernos que no eran inversiones prioritarias en estos momentos. ¡Acabáramos! Ahora resulta que resolver la parte fundamental de la ecuación que está detrás del progreso de nuestra sociedad, es decir, la energía, no es un problema prioritario a día de hoy.

Resumiendo, que cada vez hay más argumentos que nos invitan de dejar de emitir CO2 y a buscar alternativas
al petróleo sostenibles e infinitas. El problema estriba en que tenemos políticos que cada 4 ó 5 años están sometidos al examen de las urnas y que a menudo parecen estar más pendientes de su reelección, que de adoptar decisiones arriesgadas pero necesarias para sus países. Apostar por energías renovables y "cargarse" la economía del oro negro puede venir acompañado por una temporadita de apretarse el cinturón y tomar medidas impopulares. Y uno tiene que verlo muy claro (o verse muy mal) para dar ese paso. En el fondo es lo que le pasa a Obama. Si tiende a este tipo de soluciones creo es más por necesidad que por convicción (que no digo que no la tenga, ojo). Como me comentaban el otro día ya no recuerdo quien, es necesario un gran pacto a nivel mundial o europeo al menos, por la energía. Necesitamos dejar atrás la economía del petróleo y buscar alternativas. Pero sobre todos necesitamos algo más que hombres de estado. Necesitamos ciudadanos del mundo que lideren el cambio, porque de no ser así, todo apunta a que el mundo, tal y como lo conocemos, cambiará.


Mientras tanto, con este puzzle tan difícil de resolver, siguen ardiendo hectáreas y hectáreas en Australia, en Europa seguimos con un invierno extremo que parece que nos ha concedido una tregua y para los políticos el petróleo ya no es un problema prioritario hasta dentro de unos meses, cuando vuelva a subir de forma desorbitada. Como he dicho antes, las cosas en esta vida no pasan porque sí. James Lovelock, padre de la Teoría de Gaia, siempre defendía que la tierra reacciona ante los impactos del entorno. Yo creo que estamos viviendo algo parecido. La tierra está en un frágil equilibrio inestable y basta "tocar" un poco una variable para que las consecuencias que de ello se deriven sean devastadoras hasta que nuestro planeta alcance un nuevo equilibrio. Está claro que habrá períodos más cálidos o más fríos que no dependerán exclusivamente del hombre y que el análisis requiere una visión largoplacista, pero no podemos ser tan ingénuos como para pensar que nuestra manera de habitar la tierra no va a tener consecuencias. Insisto, Dios no juega a los dados. Y nosotros es posible que tampoco. Desde hace décadas preferimos la ruleta rusa, en la cual disparamos una y otra vez sin saber por dónde va a salir la bala. Y desgraciadamente, así nos va.

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