Economía - Más Sobre Agricultura y Algo Sobre Biocombustibles

Reflexiones sobre la Economía y la Agricultura

Apenas un par de días después de escribir mi anterior post, llegó a mis manos una noticia publicada en el diario "Mercados del Vino y la Distribución", la cual se hacía eco del último informe publicado a la par por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) y la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Las conclusiones iban un poco en la línea de las de Graham Summers en lo que a tendencias a largo plazo se refería, pero tranquilizaban algo las expectativas a corto. Según el citado informe, los precios agrícolas deberían mantenerse estables o algo por encima del nivel alcanzado en el período 1997 - 2006. ¿Qué significa ésto? Pues que los precios de los cereales, los aceites o las carnes deberían mantenerse en un nivel alto, pero no llegar a los niveles del bienio 2007-2008, cuando éstos alcanzaron umbrales escandalosos. La debilidad de la economía mundial, las buenas cosechas que hubo en general durante el año 2008 y la bajada del precio del petróleo (lo que parece haber frenado ligeramente la euforia por los biocombustibles), explicarían esta previsible estabilidad en los precios hasta el año 2018 .

Ahora bien, no nos hagamos ilusiones. Los factores que supuestamente van a moderar los precios de los alimentos, son lo suficientemente fuertes para que la caída de los mismos hubiera sido ya de órdago. Recapitulemos: el barril de Brent y el de Texas cerraron ayer (28 de Julio de 2009) a 59,02$ el primero y a 64,15$ el segundo. O lo que es lo mismo, con caídas de más del 55% en ambos casos respecto al mes de Julio del año 2008. El FMI ha vaticinado caídas en las economías del -3,2% de media para la eurozona este año, del -2,6% para la de EEUU y de hasta un -1% para el mundo en su conjunto. Sumémosle que según premios Nóbel de la talla de Krugman, Samuelson o Stiglitz, afirman que vivimos el peor "crack" desde 1929. ¿No deberían haberse desplomado ya los precios este año, volviendo a unos parámetros más normales?

La explicación la tienen, en buena medida, los biocombustibles. Y ello pese a la bajada del petróleo. Según la FAO, nunca ha tenido la energía tanto impacto como ahora en la evolución de los precios agrícolas. Pese a la caída del petróleo, la inversión en biocarburantes sigue subiendo, como lo demuestra la noticia que nos llegó hace unas semanas procedente de EEUU, referente a la gigantesca multinacional EXXON. Y el problema no es exclusivamente éste, sino que la volatilidad del precio del crudo se pueda llegar a extrapolar a éste tipo de nuevos combustibles, afectando con ello de forma indirecta a alimentos básicos para una buena parte de la población mundial, como es el caso del trigo y del maíz. El resultado sería catastrófico.

Entonces, ¿no son buenos los biocombustibles? Si nos ceñimos a los estudios disponibles, la respuesta es no. Hacer etanol a partir de maíz o girasoles no es rentable ni ecológica ni humanamente. Aún así, se estima que la inversión en biocombustibles durante el quinquenio 2005-2010, aumentará un 163% hasta llegar a los 100.000 millones de $. Explicándolo de forma sencilla, los biocombustibles emiten al quemarse más CO2 que la gasolina, por ejemplo, pero se supone que al tener una composición de origen vegetal, el exceso de emisiones se compensa con el CO2 que atrapó la planta durante su vida.

¿Cuál es el problema? Pues que en la actualidad, para elaborar etanol, se están destruyendo bosques y selvas que "atrapaban" mucho más CO2 que la soja, el maíz o los girasoles, aparte de utlilizar cosechas destinadas anteriormente al consumo humano. Esto último lleva de por sí una doble perversión: por un lado, se fomenta un mayor consumo de combustibles sin minorar el impacto sobre el medio ambiente (al no cultivarse plantas nuevas); y por el otro, se condena a la hambruna a millones de personas al reducirse la oferta y no hacerlo la demanda.

Tan sólo los biocombustibles derivados de plantaciones nuevas (cuyos rendimientos y calidades nunca hubieran sido planteadas para alimentación humana), el etanol de caña de azúcar (como el que se elabora en Brasil) y aquel que se ha denominado de nueva generación (biomasa generada a partir de residuos de plantas y otros productos del campo) son ecológica y humanamente sostenibles.

Según un estudio de la Universidad de Minesota elaborado antes del auge de los biocombustibles, el nº de personas que sufrirían de hambre en el mundo en el año 2025, se tendría que reducir hasta los 625 millones. Una corrección de dicho estudio, estima que debido a los biocombustibles, el hambre no sólo no decrecerá, sino que aumentará hasta afectar a 1.200 millones de personas en dicho año 2025.

Así que lo tenemos claro. Según la FAO, y de acuerdo con las previsiones ya expuestas en este blog sobre el aumento de la población mundial, sería necesario aumentar la producción mundial de alimentos en un 40% para el 2030 y en un 70% para el 2050. Los datos demográficos, el éxodo rural en los países en vías de desarrollo, el "way of life" occidental y las futuras tensiones energéticas juegan en nuestra contra, pero estamos a tiempo de reaccionar. De no ser así, no quedará más remedio que dar la razón a Jim Rogers, hacernos granjeros y asistir con horror a otra catástrofe humanitaria, mayor aún de la que ya vivimos en los países pobres.





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