martes, 6 de octubre de 2009

Economía - Acerca de la Medición de la Riqueza

Reflexiones sobre el PIB y su Significado

El fin de semana del 27 de septiembre publicaba el ABC en su suplemento "Empresa", dos artículos que me llamaron profundamente la atención. Uno era una entrevista a Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía del año 2001, y el otro, más periodístico, hablaba de cómo debe medirse la riqueza y las nuevas tendencias en este ámbito. Más concretamente, el artículo versaba sobre si el PIB seguía siendo una herramienta válida para tal fin. Ambos artículos estaban interrelacionados, porque el Economista Estado Unidense preside una comisión puesta en marcha por Nicolas Sarkozy la cual se espera determine las "limitaciones del PIB como indicador del rendimiento económico y el progreso social, al margen que estudie las informaciones adicionales que serían necesarias para obtener una imagen más adecuada".

Repasemos algunos conceptos. El Producto Interior Bruto (PIB) de un país se define como el valor de todos los bienes y servicios finales producidos por un país en un determinado período. Simplificando mucho, el PIB se calcula a partir de la Demanda Agregada de bienes y servicios, la cual se compone de cuatro conceptos básicos: uno, el Gasto Público; dos, el consumo privado; tres, la inversión (entendida como un aumento de la cantidad física del capital); y cuatro, las Exportaciones Netas (exportaciones menos importaciones). La principal ventaja que tiene el PIB es su comparabilidad entre países a lo largo del tiempo. El principal inconveniente es que no deja de ser una medida agregada que obvia conceptos necesarios para evaluar el bienestar de la población como el paro, la educación o la sanidad, pero también el medio ambiente, la sostenibilidad o la inclusión social. Parafraseando a Stiglitz en ABC, el PIB nos dice "a qué velocidad vamos pero no cuánta gasolina nos queda".

El grupo de trabajo que dirije Stiglitz bajo el amparo del gobierno galo, sostiene, no solo que el PIB ya no sirve como parámetro de medición, sino que estar demasiado pendiente de éste puede resultar engañoso y llevar a gobiernos a cometer errores económicos garrafales. Incluyendo aspectos sociales y medio ambientales, por ejemplo, los actuales 14 puntos de ventaja que el PIB per cápita estadounidense le saca al francés se reducirían a la mitad. Algo parecido pasaría con China: "el crecimiento chino seguiría siendo impresionante, pero bajaría de forma ostensible si se tuvieran en cuenta los costes ecológicos", dice Stiglitz.

La renta per cápita como indicador de riqueza (PIB/Nº de Habitantes) tiene otro handicap importante. Como toda media, si no va acompañada de una medida de dispersión, nos hace correr el riesgo de tomar como referente un valor que puede no ser indicativo. No es lo mismo una economía donde una persona tenga 10 euros y otra 0, que otra en la que ambos tengan 5. La media es la misma, pero la representatividad de ésta, no. Como dice Stiglitz, "en sociedades desiguales la media es cada vez menos significativa, más alejada de los extremos y menos representativa de enteros grupos demográficos que van por libre unos de otros, por lo cual no les castigan de la misma manera factores como la inflación o la contaminación".

Pero lo que subyace, por encima de cuestiones meramente etimológicas, es la existencia de una creciente concienciación acerca de que no es lo mismo vivir en un país con poca contaminación que con mucha, con una educación y una sanidad pública que sin ellas, con recursos naturales que sin ellos, con parados que sin éstos. Digamos que, como rezaba el post del otro día, algo está cambiando o eso parece. Y es por ello por lo que cada vez son más las voces que se alzan en contra del PIB como medida de referencia que fije los principales debates políticos y económicos, ya que por su concepción y propósito, no tiene en cuenta valores en auge como la sostenibilidad medioambiental y social. Haría falta, por lo tanto, encontrar otra medida que establezca indicadores que incorporen de manera concisa los logros sociales y medioambientales de los distintos países. Para Stiglitz, el mayor peligro del PIB no es su inexactitud, sino su "desprecio de la sostenibilidad".

Así que en ello están diferentes instituciones, ONG y organismos internacionales. El Banco Mundial ha puesto en marcha una iniciativa que propone un cálculo de ahorro efectivo donde se incluyan aspectos sociales y medio ambientales para medir la riqueza de las naciones. La OCDE, por su parte, dirige el Proyecto Global para medir el progreso de las sociedades, el cual fomenta el uso de una serie de indicadores no utilizados hasta la fecha. Varias organizaciones no gubernamentales están midiendo ya la "Huella Ecológica", a la cual se ha hecho alusión en este blog en alguna ocasión. Pero como indica el ABC, entre todas las iniciativas destaca la de Francia con la comisión anteriormente citada que preside Stiglitz. Dicha comisión no pretende eliminar el PIB como medida, sino "completarlo con un conjunto de indicadores que midan las rentas y el consumo de los hogares, el patrimonio, el tiempo libre, educación, sanidad, desigualdades, etc." Uno de los hallazgos más significativos de la comisión francesa ha sido la certeza de que los ingresos medios por hogar en EEUU han bajado un 4% desde el año 2000. O lo que es lo mismo, que desde entonces comenzó la curva descendente de la economía real norteamericana, bastante antes del inicio "oficial" de la crisis. Si se ha pasado por alto es porque por aquel entonces el PIB de la principal economía mundial seguía creciendo (gracias en buena parte a los bancos, los mismos que luego arrastraron a la economía estadounidense a la recesión actual).

Pero no queda ahí la cosa. Desde Bruselas se trabaja en un nuevo índice que está previsto se presente para el año 2010, y que medirá de manera compuesta el PIB, la contaminación y otros efectos nocivos para el medio ambiente dentro del territorio Europeo. Ello pondrá bajo lupa a los gobiernos comunitarios, ya que se evaluarán de esta forma los esfuerzos medio ambientales de los diferentes países, así como si existe un equilibrio entre los progresos en esta materia y otros logros económicos y sociales. Junto a proyectos como el de la "web del ozono", donde el ciudadano europeo puede encontrar ya datos sobre concentraciones dañinas de polución en la atmósfera, se está avanzando también en indicadores como la educación, la salud, la esperanza de vida, aspectos no monetarios de exclusión social, igualdad de acceso a una vivienda de calidad (que tomen nota nuestros políticos), el transporte y otros servicios e infraestructuras. Se estima que para el 2013 toda esta información podría estar integrada.

Así pues, algo se cuece en nuestra sociedad y su impacto ha llegado a oídos de nuestros políticos. Ponerle números a la sostenibilidad no es tarea fácil, pero es el primer paso para no confundir creación de riqueza con beneficio a corto plazo. Aunque todos los indicadores tienen sus limitaciones y sólo representan una parte de la realidad, lo cierto es que, como también se ha apuntado en este blog, una economía no ligada al desarrollo humano y que no respete su entorno, está abocada al fracaso porque nunca será sostenible. Brindo por las iniciativas que ya están en marcha deseándoles todo lo mejor. Pondrán a nuestro sistema económico bajo lupa, pero sobre todo nos ayudarán a entender que otra economía es posible y lo que es más importante, necesaria.

7 comentarios:

Pablo dijo...

Me parecen interesantes estas iniciativas, ya que evidentemente el PIB como única medida es insuficiente.

Existen otro tipo de mediciones, como la que ha salido recientemente, de "en qué país se vive mejor" (creo recordar que España quedó de 15º), tratando de recoger otros aspectos; indudablemente, el tiempo libre o la pureza del aire que se respira son aspectos a considerar.

Sin embargo, a pesar de que (para mí) resulta evidente lo del cambio climático y la incidencia que tiene el ser humano en él, los políticos son cortoplacistas por naturaleza, con lo cual lo de la economía sostenible no deja de ser un bonito juego de palabras en la mayoría de los casos.

Un saludo, y gracias por el interesante post

Pablo Rodríguez

Fernando dijo...

Hola Pablo: Muchas gracias por pasarte y por tu comentario.

Estoy muy de acuerdo con tu apreciación acerca de los políticos. Son gente con una visión cortoplacista, ya que la misma no alcanza más que una legislatura. Por ello el auténtico motor de cambio tiene que ser la sociedad. Ella es la que puede tirar de las empresas y los políticos, porque las primeras necesitan de sus rentas y capital humano y los segundos de sus votos.

El post titulado "Algo está cambiando o eso parece" tocaba una encuesta que recientemente hacía el Time. Hablo de memoria pero creo que en EEUU hay un "cluster" de hasta un 38% de la población que ya compra con criterios éticos o que podría hacerlo potencialmente. Eso es una barbaridad. Lo más interesante es que este grupo estaba formado por gente mayoritariamente joven con ideas políticas dispares, nivel cultural alto y nivel adquisitivo medio - alto. Es por ello por lo que cada vez son más las empresas que hablan de la triple cuenta de resultados y sostenibilidad. Los gobernantes no pueden ser ajenos a esa realidad. Aunque sea por egoísmo instrumental.

Obviamente queda mucho camino por recorrer, pero las modificaciones propuestas al PIB son un paso más en esta senda. La democratización de la información gracias a Internet pienso que va a hacer imparable el proceso, porque cada vez hay más entidades, organizaciones o asociaciones que gozan de legitimidad moral y tienen una voz que se hace escuchar fuera de los grandes medios de comunicación.

Como puedes ver, soy un optimista incurable, jeje.

Lo dicho, gracias por pasarte, Pablo

Un abrazo

nanius dijo...

Estimado Fernando,

no puedo estar más de acuerdo en que el PIB es una medida insuficiente y no puedo estar más en desacuerdo en que determinados cambios pueden mejorar el indicador.

Empecemos por el medio ambiente. Las externalidades (a nivel teórico) de la contaminación están impecablemente captadas por la microeconomía y Stiglitz tiene, en lo que dice, toda la razón. Pero en la práctica los economistas llevan años discutiendo cuál es el coste social (medioambiental) de dicha externalidad. Dicho coste depende de la importancia que le des, de la capacidad para controlar la cantidad de emisiones y de la dificultad de atribuir un coste a dichas emisiones. Y si los costes que crea sobre el ozono no son iguales en climas templados que cálidos? y si la función de costes medioambientales no es lineal? y si no es lo mismo la unidad adicional de contaminación de un americano que de un vietnamita? etc. Una de las razones por las que los impuestos de contaminación no fraguaron en Kioto fue precisamente que nadie se pudo poner de acuerdo en el efecto que tiene la contaminación en la sociedad, por más que sepamos que existe tal externalidad. Así que frases grandilocuentes como la diferencia entre Francia y EEUU se reduce a la mitad teniendo en cuenta estos costes es una lectura posible de los datos en que uno atribuye un valor arbitrario a la contención de la polución per capita en Francia y le asigna un efecto tan valioso como para reducir a la mitad la brecha entre ambos países.

Respecto de la dispersión: claro que no es lo mismo vivir en un país desigual que en un país igualitario!! pero para eso están las medidas de desigualdad!! El PIB permite trazar lineas de pobreza, ver su evolución y compararlas entre países. La pobreza medida con lineas (basada en el PIB per capita) mira la posición media del individuo, y la posición relativa del individuo en su país o en el mundo la miden los indicadores de desigualdad. Persiste mucha confusión entre ambos conceptos, y no es casualidad que al referirse a cosas bien distintas, no sea fácil agregar ambas en un mismo indicador.

nanius dijo...

Hola, por limitación de espacio sigo aquí. Lo más asombroso del tema planteado con un índice más abarcativo que el PIB es que (aunque a algunos les parezca insuficiente) dicho índice existe y podemos seguir su relativo éxito o fracaso. Ese índice se llama Índice de Desarrollo Humano (IDH), que le da un tercio de importancia al PIB, otro a la educación y otro a la sanidad. Sus patentes deficiencias han devuelto los focos al PIB como una medida incompleta pero más útil. ¿Por qué?

1) La progresión en la educación y la sanidad en MUY lenta (y en sociedades avanzadas MUY sticky). De modo que las mayores diferencias de variación del IDH entre países avanzados está en el PIB y no en la educación o en la sanidad. Sï, es una medida estupenda para comparar Holanda y Etiopía, pero en el día a día comparamos Holanda con Gran Bretaña.

2) Un cambio en el IDH, a qué se debe? Dos IDHs que evolucionan en la misma magnitud pueden tener raíces distintas: uno en la educación, otro en el PIB. Al arrojar el mismo resultado por razones distintas, podemos hacer lecturas equivocadas o interesadas del suceso. Sí, podemos indagar por componentes, pero lo hace muy poca gente. Aun si lo haces... realmente puedo decir que el país A está mejor que B porque A empeoró en PIB y educación y ganó en sanidad frente a B que mejoró en educación pero empeoró en sanidad y en PIB? No way!

3) cómo nos ponemos de acuerdo en las mejoras en educación (once again)?: cómo se puntúa un país que no avance en tasas primarias pero sí en universitarias? y cómo se puntúa cuando los requisitos de acceso cambian: mejora el país A porque pone más becas o mejora el país que construya más escuelas? o serán los resultados que es imposible comparar entre exámenes de un país y otro?

No es casualidad que estas razones hayan relegado al IDH al lugar las buenas intenciones y la inutilidad práctica. Lo mismo (peor, según leo en las propuestas y vaguedades citadas en el post) le pasará a las nuevas propuestas. El que mucho abarca poco aprieta. Si tanto nos importa el medio ambiente, construyamos un índice que nos permita útilmente comparar países y utilicémoslo, pero no hagamos un refrito con índices existentes que hacen más mal que bien, por mucho que la motivación inicial sea interesante o éticamente impecable.

Saludos

Fernando dijo...

Hola Nanius: Mil gracias por pasarte y por tus comentarios. Lo cierto es que nos has dado una lección de sabiduría y conocimiento sobre la materia. Te lo agradezco infinito.

Todo lo que aportas me parece muy razonable, pero creo que por encima de cuestiones políticas (estoy de acuerdo contigo en la apreciación que el ejercicio realizado por Francia parece ad-hoc para que el gobierno de Sarkozy salga bien parado), sí que tenemos determinadas certezas que, no sólo se están comenzando a medir, sino que determinadas empresas están empezando a exigir a sus proveedores y miembros de sus cadenas de valor. Hablo de la Huella Ecológica, por ejemplo. Si somos capaces de medir el impacto medio ambiental en la producción de un bien o en la prestación de un servicio, ¿no podemos ser capaces de medir su impacto social?

Estoy muy de acuerdo contigo en que mucho de lo que contaban las fuentes de las que he bebido para este artículo no dejan de ser un refrito y muestran, como apuntas, más vaguedades que certezas, pero lo que yo he querido mostrar es que algo está cambiando. Por primera vez en toda la historia (al menos contemporánea) nuestros políticos y economistas le están dando importancia a conceptos tan abstractos como la sostenibilidad. Cierto que queda mucho por andar, pero también que es ilusionante que por lo menos el debate esté en las instituciones.

De nuevo mil gracias por todo, Nanius.

Un abrazo

nanius dijo...

Hola, blogueros. Querría ejemplificar por qué es dificilísimo concretar los conceptos de sostenibilidad en un índice. Los que hayan estudiado economía recordarán el ejemplo clásico del Teorema de Coase sobre las externalidades: una papelera contamina las aguas río abajo y destruye la producción de la piscifactoría río abajo. Usaré este ejemplo para ver qué limitaciones existen para medir la sostenibilidad.

La papelera utiliza plásticos para envolver sus folios. Contamina el que los fabrica (otra empresa) o el que los utiliza? Contamina alguien o en realidad depende de que nosotros los consumidores tiremos el envoltorio al sitio correcto del reciclaje? y si el envoltorio lo tiramos en la calle; genera menos problemas que si lo tiramos en el campo? existen plásticos no contaminantes? qué elementos del plástico son los que contaminan? es administrativamente posible catalogar todas las variedades y combinaciones de plásticos en función del coste que generan? Y si obligamos a sustituir el envoltorio de plástico por papel, qué efecto tiene en el ozono? podremos medir el efecto sobre la desertización y el clima por la disminución de la masa arbórea? Qué coste monetario genera ensuciar el río en la piscifactoría? entre los costes están la producción presente de peces o también la futura? también el coste de oportunidad de otras actividades medioambientalmente más limpias que tampoco se pueden realizar ahora? qué causa se puede establecer (y cómo medir el coste) del deterioro de fauna y flora río abajo? estamos seguro que se lo podemos atribuir a la papelera y no a los cazadores furtivos o a los paseantes que pisan y arrancan plantas? etc etc. Mi punto no es que sean imposibles los cálculos del coste social de una externalidad. Con el tiempo quizá pasamos de imposible a difícil, o sabemos simplificar en lo esencial, y además todo se vuelve políticamente factible, socialmente razonable y administrativamente viable.

Mi punto es que estas dificultades técnicas son las que deben centrar y hacer avanzar las propuestas. El político que insiste en principios morales contra el PIB con declaraciones grandilocuentes está manoseando índices que tienen su utilidad y pretende su alteración sin haber entendido los obstáculos a los que se enfrenta.

Saludos

Fernando dijo...

Hola Nanius: De nuevo mil gracias por pasarte. Hombre, yo creo que hay un principio estupendo a la hora de crear modelos que es el de Parsimonia. Se pueden obtener resultados más que decentes con medias (digo por lo referente a tu comentario de los plásticos y demás).

Yo creo que, efectivamente, tienes razón en que el consumidor juega un papel muy importante en todo esto, pero yo sería de los que, sabiendo la huella ecológica, haría mi compra menos dañina para el medio ambiente. Creo que hay que medir, Nanius, como sea. Si todo el planeta llevara el ritmo de consumo del español medio, necesitaríamos más de tres Tierras para mantener nuestro nivel de consumo. Eso está medido y hay que ponerle freno, porque entonces no estaremos creando riqueza (aunque maximicemos beneficios).

De todas formas coincido contigo en que tampoco es plan de vilipendiar al PIB a estas alturas de la vida.

Un abrazo