sábado, 14 de mayo de 2011

Empresa y Sociedad - Inversión, Consumo y Trabajo: Hacia una nueva Democracia

Apuntes e ideas

Puede que sea por la cercanía de las elecciones y lo alejado que me siento de nuestra clase política, pero llevo varias semanas dándole vueltas a la cabeza a los problemas de nuestro mundo, a sus posibles soluciones y a la capacidad de nuestros dirigentes en solucionar los retos que afronta nuestra generación, los cuales, en su mayoría son globales. Que se quede tranquilo todo el mundo: no he hallado respuestas. No al menos en cuanto al papel que pueden jugar los demás. Nosotros mismos debemos ser el cambio que queremos ver en el mundo, dijo Gandhi en su día, y lo cierto es que tal vez nunca lo hemos tenido tan fácil como ahora para demostrar que el movimiento se produce andando, ni más ni menos.

Nos pasamos la vida echándole la culpa al sistema o a los demás, pero pocas veces nos cuestionamos nuestras propias decisiones. Cualquier modelo puede ser válido si le dotamos de valores y marcamos unas reglas en las que la responsabilidad social y medio ambiental tengan cierto protagonismo. Se trata de humanizar la economía, de vincularla al desarrollo humano sostenible, de tal forma que, efectivamente, el axioma que dice que cuando una empresa maximiza sus beneficios, mejora la sociedad en la que se desenvuelve, se cumpla de verdad. Esta crisis es un buen ejemplo para ver que, efectivamente, la obtención de una plusvalía no siempre equivale a la creación de valor. A fin de cuentas, el capitalismo es, al igual que el comunismo. El problema surge cuando en lugar de orientar el sistema al servicio del hombre, es el hombre el que se pone al servicio del sistema. Y lo que es peor, cuando creemos que el problema es el modelo, evitando de esta forma hacer autocrítica. Desgraciadamente, así nos va.

Vivimos en un mundo globalizado, con empresas multinacionales y gobiernos cada vez más limitados para marcar las reglas del juego. En EEUU, por ejemplo, hace tiempo que se abolieron la exclavitud, los trabajos forzosos, la prohibición de asociación y la mano de obra infantil, pero ello no impidió a Nike hacer póker en su día entre sus plantas de Vietnam e Indonesia. ¿Quién controla estas prácticas? Ni el gobierno del país más poderoso del mundo tiene potestad para hacerlo.Es bien sabido, como numerosos estudios demuestran, que muchos gobiernos de países en vías de desarrollo, esquilman leyes y requerimientos fiscales y laborales para atraer multinacionales a sus naciones. Todo vale por reducir costes. Y si ese país se desarrolla y cambian las reglas del juego, me voy a otro. Hace 30 ó 40 años, casi todo era "Made in Japan". Hoy es "Made in China". Mañana se verá. La mayoría de las iniciativas que tratan de mejorar las condiciones laborales en estos países, quedan como meros estándares voluntarios cuyo cumplimiento depende de  la buena voluntad del directivo de turno. 

El medio ambiente tiene también una dimensión mundial que limita mucho la acción de los gobiernos. El problema del calentamiento global es un buen ejemplo. Al final está muy bien que se firmen protocolos y que se reúnan todos los dirigentes, pero detrás de las emisiones de gases de efecto invernadero están, sobre todo, las empresas. El cortoplacismo de los dirigentes de turno juega malas pasadas y muchas veces es imposible controlar determinadas prácticas.
Otro buen ejemplo de la globalización de los problemas es la actual crisis económica. Los gobiernos de todo el mundo llevan ya tres años reuniéndose y tratando de arreglar el actual desaguisado. Desgraciadamente vamos camino de salir de la crisis cuando el mercado se ajuste, con independencia de lo hecho en este tiempo.Admitamos pues, que la mano que mece la cuna hoy en día son las grandes empresas. Hacen y deshacen casi a su antojo, tienen el poder económico y actúan por todo el planeta, siendo responsables de los impactos económicos, sociales y medio ambientales.

Lo bueno que tiene la globalización, en compañía con la revolución de las tecnologías de la información,  es que las compañías son transparentes. Ya hemos escrito sobre ello en este blog. Ya no hay lugar dónde esconderse, porque la información, afortunadamente, se ha democratizado. Es sencillo saber qué hace y qué no hace cada compañía. Y si nos parece muy complicado indagar por la web, existen fundaciones y organizaciones no gubernamentales que nos lo recuerdan con nombre y apellidos. Creo que a la RSC se llega por dos caminos. Uno, el rápido, es el de la moral. El otro, más lento pero más efectivo, es el instrumental: Las empresas tienen que percibir que hacer bien las cosas es rentable. Retomemos la frase de Gandhi. Las empresas cambiarán si nosotros, consumidores e inversores, les obligamos a hacerlo.Es decir, si dotamos a nuestras decisiones económicas de valores.

Cómo compremos, dónde invirtamos o a qué empresa cedamos nuestro talento es otra manera de ejercer la democracia. De esta forma podemos premiar o castigar determinadas conductas, aprobar o reprobar ciertos comportamientos de las compañías. El fin no justifica los medios y mucho menos en la economía, ciencia social por antonomasia. A menudo olvidamos que tenemos otra forma de votar cada día de nuestra vida, que nuestras decisiones cotidianas sí que importan y que con ellas lanzamos un mensaje de aquellos valores que respaldamos. En la era de la información y la abundancia tenemos más que nunca dónde elegir, pero lo mejor de todo es que disponemos a su vez de más información que nunca para hacerlo en consecuencia.

La inversión socialmente ya supone casi el 40% del total en países como Holanda y cada vez son más las entidades que ofertan fondos con criterio éticos. Hoy en día se pueden elegir carteras con criterios excluyentes así como por "scoring", es decir, eligiendo tú mismo los criterios y analizando qué compañías, dentro de unos niveles de rentabilidad, tiene mejor comportamiento en aquellas cuestiones que tú como ciudadano inversor valoras.Cada vez son más las entidades financieras que ofrecen este tipo de productos. Hay estudios que han demostrado que este tipo de carteras, a largo plazo, tienen menor volatilidad y muchas veces, incluso, mayor rentabilidad (aunque esta afirmación habría que matizarla, y para ello necesitaría un post entero).

En cuanto al consumidor, el nicho del comprador con conciencia crece, como así lo indican determinados estudios. Lo más interesante es que, además, la gran distribución comienza a darse cuenta. Hoy en día comienza a haber espacios cada vez más grandes para el comercio justo en los lineales, las líneas ecológicas ganan fuerza incluso en las marcas blancas y Wall Mart ya ha anunciado que comenzará a exigir a sus proveedores que informen sobre la "Huella Ecológica" de sus productos. Este impacto se transmite a toda la cadena de valor. Para trabajar con los Carrefour, Auchan o similar, por ejemplo, tienes que tener certificaciones de calidad y medio ambiente.Y el consumidor puede elegir. Puedes optar por comprarte un SUV ("todocaminos" estilo Porsche Cayenne), deportivos que consumen una barbaridad, u optar por utilitarios híbridos o de bajas emisiones. Al final con tus decisiones te retratas.

No me olvido del trabajador. Decir lo que voy a decir ahora puede escandalizar a más de uno en los tiempos que corren (sobre todo en España), pero podemos (y debemos) cambiar el chip. Los que demandan trabajo son las empresas y no los trabajadores. Tenemos la oportunidad de elegir también. Esto me ha costado más de una discusión con algún buen amigo que se queja por lo mucho que trabaja. En el fondo uno sabe a lo que va cuando opta por determinadas compañías. Lo interesante es que hace dos décadas se pagaba por la mano de obra, hoy se paga, fundamentalmente, por los cerebros. La mano de obra es imitable, los cerebros no. Si el talento comienza a irse a empresas en las que se valore la dimensión humana del trabajador, el cambio será imparable. Como dice mi buen amigo Francisco Alcaide, Steve Jobs y Ferrán Adriá son los que marcan las diferencias. Nosotros decidimos si queremos poner nuestro talento al servicio de cheques en blanco que nos esclavizan, o al de compañías en las que, además, podamos crecer como personas.

La empresa perfecta no existe y el riesgo de la doble moral estará siempre presente. Las personas que formamos parte de aquella, nos equivocamos como cualquier ser humano, somos contradictorios y a menudo buscamos el camino más corto. Quiero decir con ello que, efectivamente, uno se puede volver loco si trata de analizar todo lo bueno y malo de las compañías, pero eso no debe ser óbice para tratar de incluir criterios éticos en nuestras decisiones económicas. Cuanto antes lo hagamos, más rápido se producirá el cambio. Y lo mejor de todo, es que tenemos más información y más libertad que nunca para hacerlo.

6 comentarios:

Fernando Díaz dijo...

Reconozco que me gustan mucho mas tus post "no futbolisticos". Por nada en especial, eres igual de entretenido, simplemente no tengo ningún criterio futbolístico.
Dicho lo cual, lo que planteas en este de hoy no es solo pertinente sino, en mi opinión, urgente. Nuestro modelo de sociedad, la española por no viajar mas lejos, presenta tal crisis estructural que los cambios que comentan no pueden surgir solo del ámbito del convencimiento moral, de la autoregeneracion social. Coincido es que es sin duda el camino optimo, pero simplemente llegaremos tarde. Como sociedad estamos sacrificando una generación y posiblemente veinte años de crecimiento. No actuar de manera decidida (que no es lo mismo que inflexible, por supuesto) nos aboca a caminos inexplorados y que francamente, dan mucho miedo.

Fernando dijo...

¡Hola Fernando! Millones de gracias por pasarte y por el comentario antes que nada.

Me gusta escribir sobre fútbol, pero procuro no abusar, porque al final, por mucho que uno quiera ser objetivo, termina siendo demasiado pasional. Salvo en partidos que movilicen masas, como los de las últimas semanas, intento abstraerme, jeje.

Respecto al post de hoy, estoy muy de acuerdo contigo en líneas generales. No he querido decir que no haya que votar o que nuestro voto no sea válido. Todo lo contrario. Pero lo cierto es que nuestras administraciones tienen un alcance muy limitado. Por eso es necesario completar su acción desde la base, con nuestro comportamiento como agentes económicos.

Tengo mis dudas respecto a que los gobiernos sean tan visionarios como para abordar problemas que están en estado latente. Fundamentalmente porque miran a cuatro años vista y hay problemas más "urgentes" desde el punto de vista electoral. Esta crisis ha demostrado que los políticos también han llegado tarde. No quisieron ver la burbuja porque les interesaba, aunque ya había voces que advertían sobre lo que estaba pasando.

Coincido contigo en que hay que tomar medidas contundentes. Es terrible que teniendo la generación mejor formada de la historia (al menos en cuanto a titulados universitarios y estudios postgrado se refiere) se esté echando a perder. Aún así, de la mano de estas medidas, la clave está en la educación. Hay que inculcar valores y predicar con el ejemplo a las generaciones que vienen.

A ver si nos vemos y hablamos con calma!

Un fuerte abrazo

Katy dijo...

Nos pasamos la vida echándole la culpa al sistema o a los demás, pero pocas veces nos cuestionamos nuestras propias decisiones.
Has dado en clavo. Si las empresas tienen que valorar más a sus trabajadores estos se deben de dar cuenta de valorar para quien trabajan,
Cuando entran van tirando cohetes y luego todo son críticas.
La empresa perfecta no existe, como tampoco los trabajadores perfectos.
Hay mucho que cabiar, y este cambio emopieza por uno mismo.
Un abrazo

Fernando dijo...

Hola Katy:

MIllones de gracias por pasarte y por tu comentario. Estamos de acuerdo en todo. El cambio comienza por uno mismo. Nos pasamos la vida mirando la paja en el ojo ajeno y nos cuesta ver la viga en el propio.

Y en cuanto al mercado laboral, pues lo que apuntas. Nosotros somos los que ofrecemos nuestro talento a las empresas. Podemos elegir.

Un fuerte abrazo!

Fernando López Fernández dijo...

Hola Fernando:

Brillante post que complementa el anterior. Creo que el modelo hay que cambiarlo cuanto antes mejor, pero sigue habiendo mucha resistencia a hacerlo. al final caera, pero creo que va para largo. ientars tanto, como apunta Fernando Diaz, estamos sacrificando una generación y años de crecimiento.
Confiemos en que el rumbo cambie pronto y de una vez por todas.
Un abrazo

Fernando dijo...

Hola Fernando

De nuevo mil gracias por pasarte y por tus palabras. Estoy bastante de acuerdo: este post puede verse como una continuación del anterior. Y que conste que no ha sido premeditado, jeje.

El cambio, como apuntas, no sólo es deseable. Es imprescindible. Ojalá que poco a poco salgamos del bache. Desgraciadamente, estamos perdiendo a la generación mejor formada de nuestra historia. Me remito a lo que te he contestado en tu comentario al post anterior. EL cambio está en nuestras manos.

Un fuerte abrazo