sábado, 24 de septiembre de 2011

Banda Sonora - Basket Case

Aquellos Maravillosos Años

Cuando uno echa la vista atrás y recuerda su paso por el colegio o la universidad, es inevitable no emocionarse pensando en aquellos cursos que uno nunca podrá olvidar. Siempre quedan momentos y anécdotas que recordar, risas que echarse e incluso encontrar espacio para la nostalgia al darse cuenta que el tiempo pasa y que uno va creciendo en todos los sentidos. Cada etapa de la vida es maravillosa, desde luego, pero el "carpe diem" aprieta, y aunque uno exprima el momento actual imagino que es normal brindar por lo vivido y disfrutado con una cierta pena al saber que hay cosas que nunca volverán.

Por mi parte nunca olvidaré el curso de 1994/1995. Por aquel entonces yo estudiaba 3º de BUP y, sin duda, fue la mejor etapa de todo mi periplo escolar. Reconozco que sigo llorando de la risa al recordar todo lo vivido en aquellos 9 meses que duraba año académico, al igual que recuerdo con orgullo lo mucho que trabajamos haciendo piña por sacar adelante la financiación de un proyecto de cooperación en Makambo (Sierra Leona), pero sobre todo, viéndolo con perspectiva, siempre pienso que fue un curso de mucho crecimiento personal.

Todo comenzó cuando un buen día, nuestro tutor, Ismael Ibáñez, nos instó a trabajar en torno a un proyecto común. Ni cortos ni perezosos nos fuimos a las oficinas de Manos Unidas en la calle Silva, muy cerquita de Gran Vía, y nos hicimos con un listado de proyectos que necesitaban financiación. Muchos estaban ya "cogidos" y los que quedaban recuerdo que nos parecían inabordables. Aún así, presos del entusiasmo, elegimos el de Makambo, para el cual teníamos que recaudar 1.350.000 pesetas, con las cuales se iba a construir un almacén para herramientas y parte de una escuela.

Sin tiempo que perder, comenzamos a desarrollar todo tipo de iniciativas. Los domingos por la mañana nos íbamos a cantar al Retiro y entre semana dedicábamos buena parte de nuestros ratos libres a idear camisetas y pulseras que vender, sorteos que realizar, fiestas que hacer y campañas concretas que nos impulsasen a seguir recaudando dinero, logrando implicar a personas de múltiples cursos. Aquello nos unió muchísimo a todos, pero sobre todo hizo que nos lo pasásemos de cine, haciendo de aquel curso algo inolvidable. Al final nos quedamos en 1.200.000 pesetas, mucho más de lo que jamás hubiéramos imaginado recaudar, y recibimos una felicitación de la gente de Manos Unidas, los cuales creo que jamás pensaron que nos íbamos a acercar tanto al objetivo. Aquel año aprendí que cuando uno da todo lo que tiene, no está obligado a más. Sí, 3º de BUP fue el curso  en el que comencé a percibir que dejaba de ser un niño, que la vida tiene mucho de responsabilidad y compromiso, y que, a medida que avanza, es inevitable complicarse la existencia.

Pero 3º de BUP fue también el curso en el que más me he divertido en toda mi etapa de estudiante. Aprendí a tocar la guitarra (por supuesto para ligar, porque por aquel entonces casi todo lo hacías para ello) (luego mi amigo Arturo me demostró que mientras yo tocaba los que ligaban eran los demás), los viernes "tomábamos" los bares de Alonso Martínez, sobre todo el desaparecido "Tulum", para vivir noches inolvidables (hasta la hora que te dejaban tus padres, claro) y en clase nos partíamos con las primeras virguerías de Josete en el ordenador y sus peripecias con Fernandolo, las ocurrencias de Iñaki y Raúl, las gracias de Hernán o las aventuras de Carlos y Javi diseccionando un ratón en el laboratorio con Vidal. Cómo no recordar también aquel viaje a las Fallas con mi inolvidable amiga Sara, a ver a nuestros amigos de Irlanda, y a aquella chica con la que compartí pupitre y a la que nunca fui capaz de decirle lo mucho que me gustaba. Paradojas de la vida, tan maduro que te creías y lo pipiolo que eras.

Diceiséis años después, tengo que decir que si por aquel entonces me hubieran dicho dónde estaría hoy, nunca me lo hubiera creído. Por aquel entonces yo soñaba con ser médico (aunque Ismael, nuestro tutor, siempre me decía que acabaría de empresario), pero sobre todo nunca hubiera pensado que las cosas se pueden complicar tanto. Con la ingenuidad de los "diecipico" uno piensa que la vida adulta es más sencilla de lo que parece, que tú eres distinto al resto y que a ti nunca te van a desbordar ni el trabajo ni las relaciones personales. Tal vez por ello, en momentos como los actuales, en los que todo parece que se va a venir abajo a tenor de lo que nos cuentan en el telediario, es positivo recordar los buenos tiempos y comprender que a veces conviene recuperar parte de la ingenuidad de la adolescencia para relativizar problemas, centrarte en lo que realmente es importante y, sobre todo, recordar que se puede ser feliz con las cosas más simples del mundo.

Durante el curso 1994/1995 llegó a España Green Day con su "Dookie", su tercer album de estudio pero el primero lanzado con un sello "potente" que les promocionó a nivel mundial. Su primer single, "Basket Case", fue un cañón que se coló en las emisoras de todo el planeta en pocas semanas. Aquel disco fue tras el mítico "Nevermind" de Nirvana, el LP de rock más vendido en la década de los 90.  Y "Basket Case", la mejor banda sonora para un curso eléctrico e inolvidable, en el que disfruté como jamás hubiera soñado. A todos mis compañeros de 3º de BUP C del colegio Santa María del Pilar, gracias de todo corazón.

Os dejo el vídeo. ¡Qué lo disfrutéis!

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