viernes, 28 de septiembre de 2012

Economía - Lo que quiere España, lo que pide Bruselas

Sobre un hipotético Rescate

En principio, de no ocurrir nada extraño, mañana deberíamos saber las necesidades reales de recapitalización de la banca española a tenor de los distintos informes que se encargaron hace ya casi 4 meses. La cuestión no es menor, porque en principio, a partir de ahí, se debería poner en marcha en un período de tiempo razonablemente corto, el mecanismo de rescate de nuestros bancos. Y con ello, pese a que no sea la solución a todos nuestros males, sí que se debería recuperar cierta tranquilidad, o por lo menos abandonar este período que me gusta catalogar de "esquizofrenia bancaria" que vivimos de un tiempo a esta parte.

Aún así, aunque dicho asunto se resuelva, sigue quedando en el aire la otra incógnita pendiente de revelarse, la cual está relacionada con la necesidad de que nuestro país necesite un rescate total, y en el caso de que este se produzca, si éste va a ser light o por el contrario sería vía recortes draconianos como en Grecia, Portugal o Irlanda. Poco a poco, vamos sabiendo algunas cosas al respecto, pero lo que es cierto es que sigue habiendo muchas preguntas sin respuesta, que no hacen sino añadir incertidumbre a un país que realmente comienza a estar al límite. Estamos ávidos de certezas, porque la confianza en la economía es el lubricante necesario para que ésta pueda funcionar. Sólo con aceite no anda el coche, pero sin aceite no funciona.

A día de hoy, lo que parece más o menos descartado es un tipo de rescate como el de Irlanda, Grecia o Portugal. No, no es por los méritos de nuestros gobiernos (el actual y el anterior). Más bien es por una cuestión sistémica, la cual se explica simple y llanamente porque los países rescatados no han sido capaces de volver a financiarse en el mercado por su cuenta hasta la fecha, salvo Irlanda y en un caso muy concreto. Es decir, que sólo el BCE y el FMI están comprando la deuda pública de estos países. La realidad es que, como también se ha apuntado muchas veces en este blog, no hay dinero en la eurozona para cubrir las necesidades financieras de España e Italia. Es imposible rescatar a ambos si no es imprimiendo muchos billetes, lo cual pienso que es inviable sin meterse en una guerra de divisas y tipos de cambio de consecuencias imprevisibles. Además, dudo que Alemania lo pudiera aceptar, porque iría en detrimento de su competitividad. Hay, además, otra cuestión que no es menor. Hasta la fecha, los que pagan el rescate tienen preferencia a la hora de cobrar las deudas, lo que, sin duda, espanta a los inversores y, en consecuencia, expulsa del mercado a los países con problemas.

Dejando la terminología aparte, lo que España y Bruselas están negociando es la puesta en marcha de una especie de línea de crédito preventiva. ¿Esto qué quiere decir? Pues básicamente que a España, y también a Italia, se les daría una especie de salvavidas por si acaso. Es decir, que si en algún momento no pudieran acceder a financiarse, podría tirar de dicha línea para que el BCE a través del mecanismo que se articule suscriba deuda pública y compre bonos en el mercado secundario llegado el caso. A esto se refería Draghi hace unas semanas cuando habló acerca de hipotéticas actuaciones del BCE y logró, con unas palabras, lo que ninguna medida del gobierno había logrado previamente: que la prima de riesgo bajase de forma notable y se matenga, dentro de los niveles elevados, lejos de aquellos 600 puntos básicos de no hace tanto.

Con esta línea de crédito preventiva (o rescate blando) (de nuevo dejo la terminología aparte) se trataría de evitar que nuestro país siga pagando unos intereses desorbitados (pese a los 5 millones de parados, ya pagamos más por ellos que por subsidios de desempleo), así cómo frenar en seco a los especuladores y escualos que habitan los mercados. La pregunta es evidente, ¿habrá nuevas condicionalidades?

Pues es lo que se está negociando en estos momentos. Hay una realidad matemática que es irrefutable. Pese a todos los esfuerzos, España no tiene ni siquiera un superavit primario en sus cuentas públicas. ¿Esto que quiere decir? Pues básicamente que, sin contar los intereses que tiene que pagar por su deuda, también tiene déficit en sus cuentas, lo que le obliga a seguir endeudándose. Se prevé que el año que viene España pague 30.000 millones de euros sólo en intereses. Si somos capaces de cumplir los objetivos de déficit, muy probablemente haya recomendaciones relacionadas con desvincular salarios y pensiones del IPC, porque en el fondo, una de las cosas que se buscaban con la eurozona, era precisamente una inflación baja y controlada, por lo que, aporto la visión desde fuera de España, nuestro país debe abandonar esas viejas costumbres, pero no mucho más. Como creo y sostengo, que España va a ser incapaz de cumplir con dichos objetivos, porque la espiral de recortes y subida de impuestos sólo va a deprimir más la economía a corto plazo, es muy posible que nos impongan ajustes adicionales, algunos de los cuales pudieran ser bastante dolorosos.

Europa necesita que España pueda seguir financiándose en los mercados, pero para que ello siga ocurriendo, lo cierto es que nuestro país necesita ayuda. Cuando te endeudas y dependes de tus acreedores, ocurre que te pueden exigir ciertas garantías de que vas a cumplir con tus vencimientos futuros. Otra cosa es que tengas un gobierno más preocupado de mantener a los de su casta a toda costa, aunque para ello se asfixie a familias y empresas. Pero claro, en el fondo es la consecuencia de un historial de presidentes del gobierno que sabían de economía lo justo, pero que se creían premios Nobel en potencia. Nuestro desequilibrio de la balanza de pagos era una bomba de relojería y nuestro aparente milagro la consecuencia de nuestra capacidad de endeudamiento. Premio para los que alentaron la burbuja y para el genio que nos llevó a un déficit del 12,5%. Todos son culpables de la actual coyuntura. Que se sepa. En una cosa sí que va a tener razón Rajoy: sin necesidad de menospreciar a países africanos, es cierto que el nuestro es un gran país, de mucho peso en la eurozona. Muy probablemente por ello, pese a los esfuerzos adicionales que nos exijan, nos salvaremos de un esquema como el aplicado en los citados Portugal, Grecia e Irlanda. Afortunadamente.

martes, 25 de septiembre de 2012

Sociedad - El Síndrome del Corazón Roto

Razones y Emociones

En el mundo actuarial existe un fenómeno llamado el "Síndrome del Corazón roto", según el cual, cuando en una pareja mayor, fallece uno de los cónyuges, la probabilidad de que el otro muera durante los doce meses siguientes, se multiplica por 6 respecto a la media en el caso de los hombres y por 2 en el caso de las mujeres. A fin de cuentas va a resultar que los hombres llevamos peor de lo que pudiera parecer la falta de nuestras mujeres. ¡Quién nos lo iba a decir, con lo gallitos que muchas veces nos ponemos! Pero bromas aparte, el síndrome del corazón roto ha jugado un papel bastante significativo en la actual crisis económica, por muy increíble que pueda parecer.

En su afán por explicar las ciencias actuariales y financieras el por qué de este fenómeno, muchos estadísticos comenzaron a analizar el mismo. Tras varios estudios interesantes, un matemático chino llamado Ni Xiang Lin Li (rebautizado como David Li) logró perfeccionar los modelos existentes introduciendo Cópulas Gaussianas en lugar de las Cadenas de Markov empleadas hasta la fecha.  En virtud de aquello, las compañías de seguros podían medir las probabilidades de que una persona falleciera durante el año siguiente, lo que sin duda suponía un hito, por cuánto por primera vez no se analizaba la muerte de una persona como un fenómeno aislado, sino correlacionado con otro hecho como era el fallecimiento del cónyuge.

Aquello funcionaba tan bien, que desde Wall Street no tardaron en llegar cantos de sirena a David Li para aplicar su metodología a los mercados. En el fondo aquello no era nuevo. Ya en los años 80 se vivió un fenómeno parecido, cuando desde los principales bancos y fondos de inversión se contrataban a matemáticos, físicos e informáticos para tratasen de modelizar el funcionamiento de la bolsa y maximizar las ganancias de los inversores. Aunque hubo algún éxito notable, la realidad es que aquello terminó dando más disgustos que alegrías por una razón obvia: el comportamiento de los agentes en los mercados está interrelacionado. Es decir, la quiebra de una empresa, por ejemplo, afecta a sus acreedores (bancos, proveedores, etc.), que se quedan sin cobrar, pudiendo poner en peligro la viabilidad de aquellos, pero aquellos modelos primitivos eran incapaces de incorporar dicha circunstancia. Sin embargo, al menos aparentemente, el modelo de Li resolvía aquel entuerto. La muerte del cónyuge podía equivaler a la quiebra de una compañía, y la muerte del otro, a la quiebra de otra empresa como consecuencia de lo anterior. En 2003 Li ya era el jefe de Derivados Financieros de Citi Group y muy probablemente el actuarial más famoso de Wall Street. A la par, un nuevo fanatismo se había adueñado de la Bolsa neoyorquina: el de las finanzas estructuradas.

La idea básica era simple: los bancos ya no tendrían que soportar riesgos nunca más. En su lugar, lo que hacían era evaluar dichos riesgos mediante modelos matemáticos, empaquetarlos y venderlos como cualquier otro título o valor normal y corriente. Las hipotecas fueron el primer ejemplo. En lugar de constituir una hipoteca y cobrar unos intereses durante toda la vida útil de dicha hipoteca, los bancos comenzaron a hacer paquetes de diferentes préstamos y a vendérselos a compañías pantalla de su propiedad –pero fuera de balance–, especialmente creadas a tales efectos. Estas compañías, a su vez, emitían bonos de riesgos muy variados (gracias al modelo de Li) para incrementar sus ingresos por caja.

El 10 de agosto de 2004, la empresa de calificación Moody’s incorporaba la fórmula de Li de la Cópula Gaussiana en relación con los incumplimientos de pagos a su propia metodología de calificación de obligaciones de deuda colateralizadas (CDO), unos instrumentos característicos de las finanzas estructuradas que con el tiempo terminaron convirtiéndose en armas financieras de destrucción masiva. Hasta entonces, Moody’s había sido reacia a que las CDO estuvieran integradas por diferentes tipos de activos (hipotecas comerciales, préstamos a estudiantes, deudas de tarjetas de crédito, deudas subprime, etc.). Sin embargo, la fórmula de Li permitía calibrar, al menos aparentemente, la interrelación de los riesgos, lo que hizo creer que el riesgo podía ser medido con exactitud y que por lo tanto, aquella vieja idea que se aplicaba en las finanzas de no poner los mismos huevos en la misma cesta, se había quedado obsoleta. Una semana después que Moody’s, la otra gran compañía de calificaciones, Standard & Poor’s, cambió también su metodología de trabajo.

Al cabo de un tiempo, las CDO integradas únicamente por hipotecas subprime comenzaron a hacer furor. Utilizando el modelo de correlación basado en la Cópula Gaussiana y algún que otro ingenioso artificio de ingeniería fiscal, las hipotecas de alto riesgo fueron empaquetadas en lotes calificados con una triple A –la máxima calificación que otorgan– para inversores de primer nivel, disparándose el mercado de CDO y alcanzando el mismo en el año 2007 ni más, ni menos, los 600.000 millones de dólares. En consecuencia, los precios de las viviendas se elevaron exageradamente, ya que todo el mundo se puso a construir viviendas y a especular con las mismas por el negocio redondo que suponía para el sector bancario.

El final de esta historia es conocido por todos. A finales de 2006 comenzaron los impagos en EEUU, en 2007 ya era evidente la basura que eran las hipotecas subprime y en 2008 cayó Lehman Brothers poniendo en jaque a todo el sistema financiero mundial. A partir de ahí se contaminó la economía real. ¿En qué había fallado la fórmula de Li? Fundamentalmente en que la misma funcionaba bien ante fenómenos con resultados binarios (vida o muerte), pero en la economía el rango de resultados es mucho más amplio, aleatorio y de una complejidad mucho mayor.

Pero esta historia tiene más miga aún. Pocas figuras han influido tanto en el pensamiento moderno como Descartes, el cual planteaba una visión matemática de la realidad física. Como apuntaba María Novo en su libro "El Desarrollo Sostenible", "las matemáticas representan para Descartes el orden total" (....) "de forma que consigue eliminar del mundo todo lo que pudiera considerarse confuso, caótico y vivo. Su mundo es un mundo de precisión, no de confusión". Luego llegaron los Galileo, Newton, Locke y los filósofos del siglo XVIII que alumbraron el nacimiento de la Enciclopedia. Todos ellos, dicho ésto de un modo muy generalista, ahondaron en la necesidad de encontrar verdades únicas bajo los planteamientos cartesianos.

La realidad, como siempre he pensado, es que somos muchos más emocionales que racionales y que, precisamente por ello, todo lo relacionado con las personas es tan difícil de gestionar. Las empresas son un mundo, la economía también y sin duda la salida de esta crisis tendrá también un componente de confianza y estado de ánimo que todavía se vislumbra lejano. La realidad, por mucho que pretendamos, se puede matematizar, pero nunca dejará de ser una limitación más o menos sofisticada de aquella. En el fondo, el "Síndrome del Corazón Roto" no deja de ser lo que los médicos llaman un estrés cardiomiopático, un estado en el que el cerebro del individuo libera de manera inexplicable toda una serie de elementos quimicos que debilitan el corazón, eso sí, tras haber sufrido un intenso traumatismo emocional.
 

jueves, 20 de septiembre de 2012

Píldoras para Salir de la Crisis - España y Deuda Privada

Algunas Ideas

Comienzo hoy una sección en la que pretendo aportar, de forma muy breve, algunas ideas para que, por fin, nuestro país revierta esta coyuntura tan compleja que atravesamos. De entrada admitir que es posible que se me ocurran cosas que no sean viables, así que espero que entre todos, con total libertad, nos ayudemos y propongamos cosas que puedan ser de utilidad tanto a nivel macro como microeconómico, así como espero generar la suficiente confianza para que, si digo alguna barbaridad, me corrijais oportunamente.

Quiero comenzar con el problema de la deuda privada. España ahora tiene un problema con sus cuentas públicas, generado el mismo a partir de su monumental déficit y su doble recesión en estos últimos cuatro años. Sin embargo, creo que nadie duda que el principal problema de nuestro país es su deuda privada. Baste con aportar la siguiente cifra. La deuda pública española suma el 75% del PIB. El montante entre deuda pública y privada respecto al PIB es de un 355%. Nuestras familias se están desapalancando (ya están al nivel del 2007) y nuestras empresas también, concretamente desde el año 2009. 

Como alguna vez he comentado, una economía apalancada es como un coche americano de los años 70: necesita mucha gasolina y barata para funcionar. Cuando se dan esas circunstancias, el coche es elegante, con grandes prestaciones. Requiere ir con cierta frecuencia a la gasolinera, pero de puertas para afuera tienes un cochazo. Ahora bien, cuando la gasolina escasea y es cara, es un armatoste. La gasolina, en este caso, es el crédito y el armatoste nuestra economía. Nuestras familias y empresas deben destinar muchísimo dinero de sus salarios o facturación, a pagar unas deudas desproporcionadas, las cuales se adquirieron bajo unas perspectivas de crecimiento  económico que, no sólo no se dan en la actualidad, sino que parece tardarán en volver a darse. Cuanto mayor es la recesión, menores son las ventas de las empresas, lo que empuja a un mayor paro o bajadas salariales. Todo ello redunda en una menor capacidad para pagar las deudas y, por consiguiente, un repunte de la morosidad bancaria hasta niveles record, como se ha publicado en prensa.

El problema de la morosidad bancaria es el siguiente. Cuando una empresa acumula impagos con retrasos de más de 90 días, la entidad financiera acreedora, debe declarar el préstamo en mora, y debe provisionar (es decir, considerar como dudoso el cobro del mismo), no por la cuota pendiente, sino por la totalidad del préstamo. Cuando una entidad "provisiona", se apunta una pérdida provisional. Si la empresa o la familia  es capaz de pagar, se sale de la mora. La otra opción es ejecutar en el caso de que existan garantías, pero este procedimiento siempre es muy costoso. El banco siempre prefiere buscar alternativas para cobrar en lugar de ejecutar, lo que ocurre es que muchas veces no hay dónde rascar. El problema de la morosidad es, por explicarlo de una manera muy sencilla, que al dotar una provisión, el banco consume "recursos propios", lo que le imposibilita cumplir con determinados ratios e incide en sus necesidades de recapitalización en estos momentos (es más complejo, pero la simplificación espero que valga para entendernos).

Hace poco más de un año leí un artículo muy interesante de Ken Roggoff, antiguo economista jefe del FMI y profesor en Harvard, publicad en El País. En el mismo se venía a decir que España no salía de la actual coyuntura si no había una transferencia de riqueza del acreedor al deudor. O lo que es lo mismo y dicho de otra forma mucho más cruda, que el sector privado jamás será capaz de pagar sus créditos a nuestros bancos y cajas en su totalidad. Al principio este razonamiento parecía válido para el sector inmobiliario y determinadas familias, pero a medida que la crisis se recrudece y todo se pone más difícil, cada vez más empresas se encuentran en esta tesitura y cada vez más familias lo tienen más complicado.

En la línea de Roggoff, y haciendo propia alguna de sus ideas, creo que ha llegado la hora de que la banca española tome medidas valientes y traslade para abajo algunas de las ayudas que está recibiendo desde todas las instancias (las cuales, y perdonadme que sea sarcástico, pagamos entre todos). En ese sentido, las propuestas que lanzo son diferentes, separando entre familias y empresas. Comienzo por las primeras.

La banca ya no puede comerse más viviendas. Me hace gracia cuando determinados "expertos" apuntan que ya no tiene sentido que los precios de las casas sigan bajando, porque la realidad es que los precios se fijan por la oferta y la demanda, y la realidad es que oferta sobra y demanda no hay, porque, por un lado, no hay financiación, y por otro, porque las expectativas de que los precios sigan bajando retrasan las decisiones de compra. Eso es de manual. Dudo mucho de que la banca pueda plantearse quitas (esto es, condonaciones de parte de la hipoteca) en estos momentos, ya que con todo lo que tienen que digerir están al límite, pero si que hay dos fórmulas que se pueden aplicar. Una, que las entidades reduzcan las hipotecas a cambio de derechos de propiedad de la vivienda. Es decir, se quita, por ejemplo, un 10% de la hipoteca, a cambio del 10% de los derechos de propiedad de la casa, de tal forma que el día que esta se venda, el banco tenga derecho al 10% de la transacción, por ejemplo. De esta forma, las familias verían aumentar su renta disponible y podrían aumentar su consumo. Los bancos evitarían provisionar e incurrir en costes adicionales en caso de ejecución. La otra alternativa es válida para las empresas: recalendarizar préstamos de forma progresiva y creciente, de tal forma que la inflación, a medida que vayan incrementándose los salarios, haga que la deuda hipotecaria disminuya en términos relativos.

En  el caso de las empresas, hay que diferenciar entre dos tipos de compañías: las que generan caja y las que no. Entre las segundas, obviamente, están las inmobiliarias. Desgraciadamente, no veo más salida que la liquidación de aquellas que no sean capaces de generar cash-flow como forma de "limpiar" el mercado. Reconozcámoslo: en España sobra capacidad. Sin embargo, existen muchas compañías, la mayoría, que tienen serias dificultades por la incapacidad de acceder al crédito. Pasar de una economía apalancada a otra desapalancada "a lo bruto" es algo realmente complejo y muy difícilmente tolerable para el tejido social en el que se desenvuelve la empresa. Estas compañías precisan, al igual que las familias, de mayores plazos, recalendarizaciones progresivas y crecientes de nuevo, así como de plantear que parte de los créditos ya concedidos, puedan pasar a capital social o incluso a préstamos participativos, los cuales computan como fondos propios de una empresa y son subsidiarios de los préstamos corrientes. En ese sentido se podría articular que estos préstamos participativos se comenzaran a pagar una vez se hubieran liquidado los primeros o se convirtieran en capital social llegado el caso. De esta forma la empresa vería aliviada su tesorería a corto plazo, lo que probablemente le permitiría acometer ciertas inversiones e incluso no tener la necesidad de ajustar tanto sus plantillas.

Pero con estas medidas, no sólo ganaría el sector privado. También lo haría la banca. Al bajar la morosidad, mejorarían sus ratios, lo cual debería abrirles las puertas del mercado interbancario, permitiéndoles refinanciar con mayor facilidad sus vencimientos, lo que a medio plazo debería repercutir en una reapertura del mercado crediticio a particulares y empresas. A cortísimo plazo imagino que las necesidades de recapitalización de la banca serían algo mayores de las previstas, pero ya que se les va a crear un banco malo, ya que se les va a rescatar, ya que a todos nos han frito a impuestos para crear los organismos necesarios que eviten la quiebra de nuestro sistema financiero, el que dicha ayuda vaya para abajo, no sólo es una cuestión económica, sino también moral. Sobre todo esta última.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Economía y Sociedad - Cataluña y la Justicia Fiscal Territorial

Algunos Apuntes

Esta semana creo que hemos sido muchos los que nos hemos quedado cuando menos sorprendidos por la riada nacionalista que recorrió Barcelona el día de la Diada. El grito unánime que sobresalía de puertas para afuera era el de "Independencia", aunque bien es cierto que cuando los medios rascaban, cuando se le daba la voz a diversos manifestantes, ahí ya se encontraban algunos matices. De fondo lo que sobresalía era un sentimiento de injusticia ante el deterioro de la situación en Cataluña y su papel de financiador, por decirlo de alguna forma, de otras comunidades y regiones de España con menores niveles de renta. Yendo un poco más allá estos días, gracias a los artículos que me ha pasado mi buen amigo Fer Gutiérrez, y lo que se cuece en determinados foros y redes sociales, también se encuentran, además de las razones económicas, otras que podríamos catalogar como morales que residen en el "derecho a decidir" del pueblo catalán.

Los que venís siguiendo El Disparadero desde sus inicios, sabéis que en este blog se respetan a todas las personas y a todas las ideas que no vulneren, obviamente, los derechos humanos más elementales. En las próximas líneas que voy a escribir, sólo voy a exponer argumentos y puntos de vista contrastados, basados en datos públicos y reflexiones propias, tratando con la mayor sensibilidad posible todos los pensamientos y sentimientos de todos cuantos os paséis por este post. Dejo fuera, por lo tanto, cualquier barniz ideológico.

Vamos a comenzar por la cuestión económica. Existen dos reclamaciones básicas que se han podido leer y escuchar estos días en la prensa de todo en este aspecto. La primera, que no existe una justicia territorial en nuestro sistema fiscal. Y la segunda, que las inversiones del estado en Cataluña no se corresponden con lo que debiera ser dado lo que aportan los ciudadanos catalanes a las arcas del estado. Respecto al primer punto, recomiendo a todos las lecturas de los artículos que se han cruzado estos días los profesores Abel Fernández García (I y II) y Xavier Sala y Martín, así como también la monografía "Las diferencias regionales del Sector Público", publicado por la Fundación BBVA e Ivie en el que ha participado el propio profesor Abel Fernández. Esta última calcula el efecto redistributivo del sector público teniendo en cuenta los cuatro niveles de administración existentes (Administración Central, Seguridad Social, Comunidades Autónomas y Corporaciones Locales). Para ello se detraen de la renta per cápita primaria los impuestos y tributos que gravan a los ciudadanos de cada Comunidad Autónoma para a continuación añadir los pagos en transferencias (prestaciones por desempleo, pensiones, etc.) y servicios en especie (educación, seguridad, sanidad, etc.) que reciben los ciudadanos en función de la comunidad en la que se encuentran. Traduciendo: lo que gana cada ciudano de media en cada Comunidad Autónoma menos los impuestos que paga, más las transferencias que recibe. El resultado es llamativo para el período 2000 - 2008:

Sólo tres comunidades autónomas presentan un saldo negativo (de media) frente al resto del país en el período de análisis: Madrid, Cataluña y Baleares. Esto quiere decir, con ciertos matices, que estas tres comunidades son financiadoras del resto.

Que, como los autores apuntan, no es posible determinar un sistema de redistribución óptimo para un país como España, por lo que se trata de analizar es de si el actual sistema es igualitario. Viendo los datos e introduciendo matemática, cabe concluir que el resultado es dispar, pero que a Cataluña, a Madrid y a Baleares se les trata de una forma justa. Según el informe, los ciudadanos de Madrid pierden tras la acción del sector público un 8% de su renta primaria, los catalanes en torno a un 2% y los baleares algo menos.

Que existen tres comunidades autónomas cuyos balances son sorprendentes y que sí que reciben un trato de favor. Por un lado, País Vasco y Navarra, las cuales, por sus sistemas forales gozan de una situación mucho mejor que el resto. Por ejemplo, la primera debiera aportar casi un 4% de su renta primaria para estar en sintonía con el resto, y a cambio recibe casi un 5%. Navarra, por su parte, debería aportar un 5% de su renta primaria y en cambio recibe más de un 1%. Asturias, curiosamente, tiene una renta per cápita muy parecida a Murcia, pero recibe un 10% más que el resto de comunidades.

Que existen una serie de comunidades autónomas realmente mal tratadas por nuestro sistema fiscal: Comunidad Valenciana, Canarias, Murcia y Andalucía, las cuales son receptoras de renta pero en una cuantía menor de la que merecen según la progresividad del actual sistema.

Xavier Sala i Martí, excelente profesor y una de las mentes más brillantes (y provocadoras) de nuestro país en materia económica, hace tres críticas fundamentales al estudio en cuestión: la primera, que los datos que se aportan estan mal; la segunda es una cuestión técnica: se confunde el error de la regresión con la pendiente de la regresión; y la tercera, la cual nos lleva al otro punto que quería tocar, el sentimiento en Cataluña es que el estado les está discriminando en lo que  a inversiones se refiere. Dado que las dos primeras son más técnicas, creo que es más oportuno que os leáis la contestación que el propio Abel Fernández lleva a cabo, aunque aclaro dos cosas: respecto al primer punto que los datos son públicos y que están en el INE, por lo que no tengo la sensación de que sean erróneos; en cuanto al segundo, que dicho error afectaría si el estudio estuviera analizando un óptimo, pero que como se ha expuesto, lo que se analiza es si el sistema trata de forma parecida a las diferentes comunidades autónomas, no si el acutal sistema redistributivo es el mejor.

En cuanto a las inversiones del estado en Cataluña, Sala i Martí apunta que como el estado ha invertido menos de lo que hubiera debido en dicha comunidad, aquellas se han debido desarrollar bajo la iniciativa privada, por lo que los ciudadanos catalanes han tenido que pagar las mismas vía, por ejemplo, peajes (como apunta el propio Sala i Martí). Este dato es de nuevo bastante discutible, como se encarga de demostrar el profesor Abel Fernández. Es cierto que el gasto público en España no está por encima de la media de los países de la UE o la propia OCDE, pero también lo es que el actual nivel de déficit pone en dificultad que el mismo siquiera se pueda mantener a corto plazo. De todas formas, y aunque las cifras siempre son relativas, y el sentimiento del pueblo catalán a este respecto es totalmente lícito, conviene apuntar que el share de inversión pública en Cataluña en comparación a España no ha hecho sino crecer de forma muy llamativa durante el período 2000 - 2008, llegando a superar el 18%, cuando el share de población se ha mantenido constante en, también, un 18%.

Dos últimas cuestiones económicas: Una, algunos autores señalan que los datos de Madrid están manipulados, porque existe inversión y gasto público considerado como nacional que realmente radica en la Comunidad de Madrid. Dicho importe se prorratea entre todas las comunidades, y no se le imputa directamente a Madrid. Si así fuera, Madrid saldría en la foto como Cataluña y no podría ser ejemplo de nada, como desde algunos medios se señala. Creo que entrar en una guerra sobre cómo computar ciertos datos es estéril. Dos, el principal problema económico en Cataluña, en lo que a sus cuentas públicas se refiere, es su elevado endeudamiento, que ya alcanza un 22% de su PIB. No sólo es la comunidad con mayor nivel de endeudamiento, sino que su comparación con Madrid es sangrante (apenas un 9%). Aún cuando diéramos como buena la foto en la que se dice que la aportación de Madrid al estado es similar al de Cataluña, y no mucho mayor por la citada diferencia en la imputación de ciertas inversiones, tan sólo la mala gestión de lo público puede explicar un endeudamiento tan disparatado. Las tres comunidades autónomas más endeudadas son Cataluña, Comunidad Valenciana y Castilla La Mancha. Creo que por lo menos todos tenemos claro que las dos últimas son un ejemplo viviente del despilfarro y los excesos cometidos por nuestras administraciones públicas. Este dato es para, por lo menos, pensárselo.

Pasamos a la cuestión moral: dicen los catalanes que tienen derecho a elegir. Primero, su destino como pueblo en lo que a su pertenencia a España se refiere. Y segundo, dentro del estado Español, el destino de sus tributos. El asunto es espinoso, pero voy a tratar de apuntar algunas ideas desde el mayor de los respetos.

Respecto a su pertenencia a España: los sentimientos de cada uno pertenecen a cada uno, no se imponen. Ocurre que los argumentos esgrimidos se pueden volver en contra de uno llegado el caso. Mi buen amigo David Arenal me lo decía hace tiempo: "¿Dónde está el límite al derecho a decidir de cada pueblo?". Si Tarragona no quisiera la independencia, por ejemplo, ¿se les "oprime" obligando a pertenecer en una Cataluña independiente? Y si dentro de Barcelona, por ejemplo de nuevo, Badalona tampoco quiere participar en una Cataluña independiente, ¿se obliga a los badaloneses también? Y si dentro de Barcelona el barrio de Gracia, ¿quiere ser una especie de Condado de Treviño del resto de España? Cuidado por ese camino, porque los argumentos morales pueden volverse en contra en un asunto tan espinoso como éste. Ahí dejo la idea.

En cuanto al uso de los tributos recaudados, puedo entender que este debate se abra por la actual coyuntura, pero no puedo compartir muchas de las ideas que se han esgrimido desde Cataluña. Por encima de nacionalismos, pertenecemos al seno de la Unión Europea, de la que hemos sido beneficiarios durante años de los fondos que nos han transferido para lograr una mayor convergencia con el resto de países más desarrollados de nuestro continente. Europa ha sido un ejemplo, durante las últimas décadas, de los esfuerzos llevados a cabo por lograr una mayor igualdad entre sus pueblos, aspecto crítico para el desarrollo de un mercado común que beneficie a todos de la forma más igualitaria posible. Hoy en día precisamente las políticas de austeridad están poniendo en jaque parte del camino recorrido. La desigualdad cuesta mucho dinero y distorsiona los mercados, como el otro día se encargó de recordarnos Stiglitz en Madrid. Debemos exigir que el dinero recaudado vía tributos se emplee mejor, pero sobre todo se utilice para reducir las externalidades de los mercados. Y eso tiene que ocurrir tanto en España como en el seno de la UE. Se tiene que entender que un sistema tributario justo y progresivo beneficia también a las empresas y ciudadanos catalanes. Por este mismo argumento, no puedo poner un sólo pero al rescate catalán.

Termino con una última reflexión: Cataluña y el resto de España se necesitan mutuamente. Pensemos por un momento lo que pasaría en una hipotética secesión catalana. Cataluña muy probablemente saldría de la UE, pero podría tratar de quedarse en el Euro mediante acuerdos como el que tiene, por ejemplo, Andorra. En cuanto no pudiera financiarse en los mercados, entraría en default y se le invitaríua a abandonar la moneda única. La nueva moneda catalana muy probablemente se devaluaría respecto al Euro a una velocidad pasmosa, lo que muy probablemente llevaría a la quiebra a las empresas y familias catalanas, por cuanto su deuda suscrita (hipotecas, préstamos, etc.) seguiría estando en Euros. La UE no se ha atrevido a expulsar a Grecia del Euro en parte por esta razón, porque duda, pese a que Roubini así lo apunta, que se pueda "dracmatizar" su deuda privada.

Por otro lado, España vería como cae su PIB casi un 20% de un año para otro, quedándose sin una de sus tres comunidades autónomas que realmente actúan de financiadoras. Muy probablemente entraría en default, tendría que ser rescatada y entraría en una dinámica realmente complicada al quedarse sin una de sus locomotoras.

Así pues, Cataluña y el resto de España están condenadas a entenderse, aunque sólo sea porque las consecuencias de una ruptura sería traumática desde un punto de vista económico y muy probablemente social. El actual momento exige aunar esfuerzos, no poner más chinas en el camino, sobre todo ahora en que el mundo es global, diverso, las fronteras se difuminan y todos hablamos de una Europa más unida, fuerte y solidaria para salir de la crisis. Que los políticos no nos confundan ni nos aparten de lo fundamental.

 




martes, 11 de septiembre de 2012

Banda Sonora - Imagine

Crónica de una Generación

No creo en las casualidades y sí en las causalidades. Las cosas no suceden porque sí, sino por un cúmulo de actos y circunstancias que se van concatenando a lo largo de la historia. Las decisiones de las personas se enmarcan dentro de un contexto ético, moral y de valores que determinan la legitimidad de nuestras acciones. Creo que hay pocas verdades absolutas, como también desconfío del relativismo que engloba nuestras sociedades de un tiempo a esta parte. Creo que hay fenómenos morales, pero que también los hay moralmente interpretados, y es ahí donde cada generación rinde cuentas ante la historia. El progreso moral es también progreso, y no sólo el económico o el social, si bien cada día tengo menos claro que los tres se puedan separar.

Imagino que les pasará a casi todas, pero a menudo tengo la sensación de que mi generación ha vivido demasiadas cosas muy deprisa y como decía al principio, no creo que haya sido al azar. Hoy se cumplen 11 años de la caída de las Torres Gemelas, y desde entonces he asistido atónito a una serie de hechos que se vienen dando, uno detrás de otro, de un tiempo a esta parte sin que apenas se levante la voz. A los atentados del 11-S, le siguió la inauguración de las guerras preventivas, aquellas que se hacían porque sí, para evitar supuestos males mayores. Incluso comprobé asustado como cuando la invasión de Irak, el argumento de los medios afines a la oposición del momento, basaban buena parte de su argumentación en la legalidad o no de la guerra, y no en el fracaso que toda confrontación bélica supone en sí misma.Tras aquello siguieron los atentados de Madrid, los de Londres, más guerras, más fanatismo, más saltarse la legalidad a la torera, encontrando en según qué foros mayor o menor justificación a todo lo que estaba sucediendo. Las personas malas matan, las buenas no. Se reduce simplemente a eso.

Desde hace unos años vivimos otro tipo de terrorismo. En este caso el financiero. Gracias al mismo millones de personas han perdido sus viviendas, sus ahorros y sus puestos de trabajo. Los excesos los hemos cometido entre todos, pero las facturas sólo las pagan unos pocos, los cuales a menudo, han sido los menos culpables de lo que estaba sucediendo.Se salvan a bancos y países en pos de evitar un mal mayor, mientras los ciudadanos honrados que trabajan lo mejor que pueden, son cada vez más pobres. Nadie se siente responsable de nada y los políticos se preocupan simplemente, y con perdón, de salvar su culo, lo cual en el fondo es coherente con lo que han hecho estos años, "dimitir" de sus funciones más elementales y participar en la fiesta vivida. En paralelo, se hace la vista gorda con los excesos cometidos en los países en vías de desarrollo. Bajo el paradigma de que la maximización del beneficio era buena para el conjunto de la sociedad, se ha permitido casi de todo en la economía global, siendo el resultado una mayor fractura entre los países ricos y pobres, como diferentes informes de la FAO para Naciones Unidas se han encargado de demostrar no hace tanto. Tristemente, cada vez que un movimiento ciudadano espontáneo ha surgido de la nada, no han faltado los buitres políticos tratando de hacer ideología de los mismos. Es repugnante.

No, como decía, no son casualidades. Vivimos una crisis de valores espantosa, la peor en muchas décadas, en la que faltan referentes morales. Se da por bueno todo o casi todo, se fomenta el adoctrinamiento, el pensamiento único, y faltan voces críticas que realmente pongan el dedo en la llaga. Hemos deshumanizado nuestra economía, nuestras sociedades, nuestro día a día. Hemos denostado valores como la gratuidad, la solidaridad, el esfuerzo o la generosidad para subir al hedonismo y al egoísmo al más importante de los altares, aún a costa de machacar a los demás.

Por ello, en tal día como hoy, he querido traer a colación la maravillosa "Imagine" de John Lennon, la cual siempre es fuente de inspiración. Aunque este post pueda parecer pesimista, nada más lejos de la realidad. Creo que las capacidades de crecimiento de las personas son infinitas y estoy convencido que de todo esto saldrá una generación mejor, aunque ahora cueste verlo. Hoy es el primer día del resto de nuestras vidas.

Dedicada a todas aquellas personas con valores, aquellas que como yo siguen creyendo que otro mundo es posible, dónde los ideales predominen sobre las ideologías, y dónde las personas estén realmente en el centro de todas las decisiones que se tomen.

"You can say I´m a dreamer,
 but I´m not the only one
I hope some day You´ll join us
and the world will live as one"


sábado, 8 de septiembre de 2012

Economía - ¿Cuándo saldrá España de la Crisis? (Actualización Septiembre 2012)

Hacia una Década Perdida

Reconozco que este post empieza a ser recurrente y a tener más secuelas que la saga de "Loca Academia de Policía", pero la realidad es que como alguien apuntó acertadamente hace apenas unos meses por este blog, esta crisis es como un dragón con mil cabezas y cuando parece cerrarse un flanco, casi siempre en falso, se abre otro. Estamos ante una coyuntura compleja como pocas en la historia económica. Recesiones, incluso depresiones, las ha habido siempre, pero tal vez nunca con tantas implicaciones globales y con una economía tan internacionalizada. Como alguna vez también hemo comentado en este foro, los gobiernos, que no dejan de ser locales, son incapaces de resolver problemas mundiales. La peor noticia es que ni siquiera parece haber voluntad política en Europa para crear un organismo supranacional que ponga orden en este avispero que se ha convertido la eurozona. Y ello pese a todo lo que nos va en el envite. Por eso no puedo dejar de ser un poco más pesimista que hace unos meses.

En toda la serie de post de "¿Cuándo saldrá España de la crisis?" (I, II y III) se han apuntado una serie de circunstancias que debían darse para que nuestro país arrancara de una vez por todas: desapalancamiento del sector privado, ajuste de las cuentas públicas, reformas estructurales (que afectaran sobre todo al mercado laboral), saneamiento y ajuste del sector financiero e inmobiliario, así como más Europa. El diagnóstico sigue siendo el mismo, pero en función de cómo se hagan las cosas, la purga puede ser más o menos dura. Recapitulemos, por lo tanto, cómo están las cosas.

Hoy comienzo con el ajuste de las cuentas públicas, porque creo que es importante aclarar este aspecto, ya que ello incide en todo lo demás. No escribo en clave política, sólo económica. Creo que este punto es importante para que nadie malinterprete lo que voy a decir a continuación. Nunca terminaremos de lamentar suficientemente el disparate económico de la segunda legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero. Lo he apuntado en más ocasiones, pero Krugman, que no es dudoso en cuanto a sus inclinaciones políticas, se llevaba las manos a la cabeza hace unos años al hablar de la famosa crisis de Japón que hizo que el país asiático llegase a acumular un 4% de déficit público. España llegó a tener un 12,5% en 2010. Nuestro anterior record, si no tengo mal el dato, corresponde a la anterior crisis, la del 93, cuando dicho déficit llegó al 7%. Dado que el déficit se calcula de forma anual, es decir, no es acumulativo, es importante comprender que el déficit público implica que el estado se gasta más de lo que se ingresa en un año concreto. Es decir, que aunque España bajase su déficit y cumpliese con Bruselas, va a seguir gastando más de lo que ingresa este año, el quie viene y el siguiente, y que la manera de financiar ese déficit es vía mayor endeudamiento. Cuando la economía está deprimida, puede ser razonable incurrir en cierto déficit público para fomentar el crecimiento, pero existen umbrales que nunca se deben traspasar, los cuales están reflejados en los fundamentos del Euro, y nosotros nos los hemos pasado por el forro.

La capacidad de endeudamiento es clave para el crecimiento económico, pero también existen unos umbrales que tampoco se deben traspasar. España tenía unas cuentas públicas que eran la envidia de Europa en 2008, pero como lleva ya 4 años gastando más de lo que ingresa, sus niveles de deuda han comenzado a subir hasta niveles preocupantes (73,3% sobre su PIB) y lo seguirá haciendo en los próximos años por dos motivos fundamentales. Uno, porque como explicaba España va a seguir gastando más de lo que ingresa en los próximos años, y dos, porque el endeudamiento se calcula en comparación al PIB. Si nuestro país sigue en recesión y el PIB sigue cayendo, el endeudamiento en términos relativos va a subir hasta encender todas las alarmas.Siempre que te endeudas, te expones al prestamista. La actual situación hace que nuestros habituales acreedores exijan unos tipos de interés disparatados para seguir financiándonos, porque la realidad es que la capacidad de España para pagar sus deudas sin que se le desmorone el estado está más en duda que nunca. A España, por lo tanto, no le queda otra que cuadrar sus cuentas públicas.

Ahora voy con los palos a Rajoy. Ponerse a dieta siempre es doloroso y se pasa mal, sobre todo los primeros días en los que cambias el chuletón por la verdura hervida. La clave para adelgazar está en, por supuesto, comer menos, pero sobre todo mejor. El actual gabinete no ha comenzado quitando gasto corriente, sino inversión (educación y sanidad) y le ha trasladado la presión al sector privado vía subida de impuestos. Luego sí, hay alguna medida cosmética, que no está de más, pero a lo realmente gordo no se le ha metido mano. En el fondo es hacerse trampas al solitario. Para mejorar las cuentas públicas se asfixia a la familia y a la empresa, sobre todo a las PYMES, que ya están al borde del KO.

Hay estudios que indican, y es totalmente cierto, que existen correlaciones entre el nivel de funcionarios y la renta per cápita de un país. Esta situación se da sobre todo en los países nórdicos, pero me atrevería a apuntar que allí, además, hay cierta causalidad. Como hay un buen nivel educativo, una buena inversión en I+D+i, empresas exportadoras y unos costes laborales bien estructurados (su modelo de negociación colectiva también es ejemplar), la economía funciona bien y ello se traduce en una elevada renta per cápita que permite tener un estado del bienestar de primer nivel y sostenible. Aquí pretendemos mantener un modelo de estado que no está claro que nos podamos permitir. No pretendo ser dogmático, pero mientras no abramos ese debate, nuestros acreedores van a seguir sin creerse ningún plan de ajuste. Fundamentalmente porque subir impuestos en recesión sólo conlleva a más recesión (y a mayores tasas de desempleo, lo cual hace estériles estos esfuerzos) y porque quitar inversión cercena a medio y largo plazo las posibilidades de crecimiento.

Sigo con el sector público. La manera en la que el estado se ha mantenido con vida durante estos últimos cuatro años ha sido vía una espiral perversa: el BCE metía liquidez en el sistema vía bancos y éstos empleaban ese dinero, parte para cumplir con sus vencimientos con otros bancos, parte para comprar deuda pública del estado. Al deteriorarse tanto las arcas públicas, también lo hacían los balances de los bancos. La realidad de nuestras entidades crediticias a día de hoy es que gracias a su matrimonio bastardo con el estado, ahora tampoco las quiere financiar nadie en el mercado interbancario y sobreviven, a duras penas, a través de las inyecciones de liquidez que sigue haciendo el BCE. La consecuencia de todo ello es que no llega financiación al sector privado y el desapalancamiento de familias y empresas es "a capón", en lugar de hacerse de forma ordenada. 

Ahora España está abocada a un rescate que, por un lado, va a reducir la incertidumbre, lo cual no es poco, pero que vistos los precedentes tiene muy mala pinta. En primer lugar, porque las recetas del FMI en los rescates suelen tocar también aspectos críticos (volvamos al ejemplo de la dieta: si en lugar de comer mejor, comemos menos y además nos quitamos la fruta y la verdura, descompensamos al paciente), con el consiguiente coste social que ello conlleva, y en segundo lugar, porque todavía ningún país de los rescatados en la eurozona ha sido capaz de volver a financiarse en los mercados. El panorama es desolador.

El desapalancamiento del sector privado y el asunto de la banca lo voy a tratar conjuntamente, englobando dentro de ésta lo del ladrillo. Pese a lo expuesto con anterioridad, el problema de deuda de España es sobre todo a nivel privado. El montante total entre deuda pública y privada de nuestro país suma un 355% sobre el PIB. Para que entendamos lo que esto significa, se considera que un 280% sobre el PIB ya es un disparate. Aclarado este punto, se debe decir bien alto que hasta la fecha tanto familias como empresas están cumpliendo su parte. Las primeras están ya al nivel de 2007, unos 871.000 millones de euros de deuda, lo cual sigue siendo una barbaridad, pero hace albergar ciertas esperanzas, y las segundas comenzaron dicho proceso en 2009, si bien siguen acumulando 1,26 billones de euros de deuda. El problema es que las perspectivas de que tanto familias como empresas puedan seguir este proceso es bastante sombrío. Sin crecimiento económico es imposible que nuestro sector privado devuelva sus créditos, y aunque lo hubiera, sigo teniendo mis dudas. Cada vez estoy más de acuerdo con Rogoff: La banca tiene que comenzar a asumir que será imposible recuperar todos sus préstamos. Sobre todo porque el 50% de las deudas vivas de las empresas están vinculados al ladrillo.

Es imprescindible que el saneamiento de la banca se haga cuanto antes para que estas recuperen una mínima normalidad, al menos en cuanto al circulante se refiere. Con el banco malo creo que se puede dar un paso importante, por cuanto el problema de fondo es que, salvo el BCE, nadie quiere prestar a nuestro sector financiero porque no se fían del mismo, pero la ayuda, como me decía ayer un importante empresario con el que tuve la oportunidad de charlar un rato, no puede quedarse en la banca. Si entre todos les vamos a limpiar su basura, ellos deben aceptar reestructuraciones con quitas hacia el sector privado. Y no sólo me refiero al ladrillo, también a las empresas. Por dos motivos fundamentales: porque este país no sale hacia delante sin una transferencia de riqueza del acreedor al deudor (es así de duro) y porque si no se hace, se van a llevar por delante a medio tejido empresarial del país. Como me decía otro gran empresario hace tiempo,  los japoneses se dieron cuenta tarde en la Segunda Guerra Mundial de que el problema de los kamikazes no eran los aviones perdidos, los cuales se construian en semanas, sino los pilotos que fallecían, en los que se habían invertido años y años de entrenamiento. Corremos el riesgo de que toda una generación de emprendedores se harte, se largue o directamente no invierta creando empresas y ello sería terrible. Con el banco malo espero también que se arregle, por fin, el tema inmobiliario, pero que nadie se lleve a engaños: este proceso llevará años.

Es pronto para saber si las reformas estructurales que se han tomado realmente van a surtir el efecto deseado. Hasta que no cambie el ciclo económico no vamos a saber, por ejemplo, si la reforma laboral va a ser un éxito o un fiasco. España necesitaba crecer por encima del 2% para generar empleo antes de la reforma. Si ahora bastase un 0,3 ó un 0,5%, las perspectivas para nuestro país podrían mejorar notablemente, pero realmente aventurar algo así con la que está cayendo es, como mínimo, de incautos. Lo que nunca se ha dado es la creación de empleo sin crecimiento económico.

Termino hablando de Europa. Necesitamos mayor colaboración entre los miembros de la UE. Nuestros problemas no los va a arreglar el BCE, pero también es cierto que una acción más decidida del mismo hubiera aliviado buena parte nuestro sufrimiento. Hace más de un año que se debía haber metido mano a la espiral de la prima de riesgo. Se debe trabajar también en una mayor unión fiscal y bancaria que permita demostrar, no sólo que el Euro es irreversible, sino que dote a la eurozona de un organismo con capacidad para tomar decisiones de forma rápida y drástica llegado el caso.

El problema es que todo ello requiere una acción conjunta y decidida de nuestros políticos a nivel europeo, sabiendo que los tiempos de la economía, desgraciadamente, no son los de la política. Mientras nuestros líderes sigan gobernando pensando en las urnas y no el bien común, y no se hagan pactos comunitarios y de estado entre los partidos para que haya cosas que se proyecten a largo plazo con independencia del gabinete de turno, la digestión de esta coyuntura se va a seguir alargando haciéndose cada vez más insoportable.

Así pues, desgraciadamente, aventuro una década perdida y varios años todavía de pasarlo mal. Tal vez a partir del 2014 un poquito menos mal, pero son varios los economistas que ya apuntan que hasta 2018 - 2020 no comenzará la recuperación como tal. Pese a todo, no quiero terminar sin dejar algún motivo para el optimismo. El primero es que todas las crisis terminan y que esta también lo hará. El segundo, que los escenarios y pronósticos pueden cambiar, que puede que nuestros políticos por fin acierten y den con la tecla, pero también que todos podemos hacer algo para mejorar las cosas. En nuestras empresas, por ejemplo, salir a exportar. El mundo va a seguir creciendo, pero lo va a hacer en mercados no convencionales. Toca ser un poco cómo Cristóbal Colón en su día, porque no olvidemos que esta vida es de los optimistas, que nadie lo dude. El tercero y último, que Europa siempre ha salido adelante de todas sus crisis y lo ha hecho reforzada desde la caída del Imperio Romano hasta la II Guerra Mundial. Estoy convencido de que esta vez también será así. Mientras tanto, toca seguir peleando a la contra. No queda otra.





jueves, 6 de septiembre de 2012

Economía - Errores Propios, Errores Ajenos

Algunas Reflexiones

De un tiempo a  esta parte, como a muchos os he comentado cuando hemos intercambiado opiniones, tengo la sensación de que se cae España. Cada día que pasa la situación se deteriora a marchas forzadas y el desanimo parece instalarse en todos los estamentos. Hoy hemos sabido que nuestra economía, que es la 12ª del mundo, ya ocupa el lugar 122 en facilidad en acceso al crédito. Nos han dicho también que nuestro gobierno está entre los más incapaces a nivel mundial en su lucha contra el déficit y hemos conocido que el paro, tras un breve espejismo, vuelve a subir como era de intuir. Incluso comienzan a escribirse artículos que señalan que el incremento de recaudación que supondrá la subida del IVA, ya se ha compensado casi con el creciente número de subsidios de desempleo que el estado debe abonar mensualmente.

Pero aún siendo eso cierto, a uno le duelen particularmente algunos comentarios y percepciones que se tiene sobre nosotros, los españoles, desde más allá de nuestras fronteras. Muchos de nuestros males nos los hemos ganado a pulso, porque hemos hecho muchas cosas mal de un tiempo a esta parte, pero no lo es menos, que este berenjenal nunca se hubiera montado de no contar con la colaboración de nuestros vecinos europeos y muchos de los fallos congénitos a la creación de la moneda única. No, no están los holandeses, alemanes o franceses para darnos muchas lecciones, por mucha moralina que desde allí nos quieran aplicar.

Por ejemplo, pensemos en nuestra burbuja inmobiliaria. Son errores propios todos aquellos que favorecieron el encarecimiento del suelo, como también aquellas normas que se desarrollaron y que permitieron aprovecharse de una necesidad social, consecuencia del aumento de la inmigración sin precedentes, para especular y buscar unas rentabilidades que no se encontraban en los mercados bursátiles. Son errores ajenos aquellos derivados de la política monetaria de la UE, la cual permitió, para incentivar el crecimiento en países como Alemania o Francia, los cuales sufrían en sus carnes la crisis puntocom, unos tipos de interés inferiores a la inflación que favorecían el endeudamiento. De haber tenido España un mínimo control sobre su política monetaria, bien nuestra moneda se hubiera apreciado (lo cual nos hubiera encaminado a una moderación salarial para no perder competitividad, lo que hubiera hecho que la burbuja no fuera tan grande), bien se hubieran subido los tipos de interés para desincentivar la inversión y el endeudamiento. 

Fueron errores propios los excesos que cometieron nuestros bancos y cajas, tomando riesgos absurdos e innecesarios por ganar mucho dinero a cortisimo plazo y sin ningún escrúpulo en muchos casos. La avaricia y la falta de valores en forma de derivados, preferentes y diferentes mierdas, también son responsabilidad de nuestros banqueros. Ellos fomentaron y alentaron la burbuja y ganaron muchísimo dinero con ella. Ahora que ésta ha explotado, que les hemos rescatado entre todos, que se ha demostrado que juegan con red, no sólo no tienen piedad de empresas y familias, sino que todavía pretenden darnos lecciones. Sin embargo, una de las grandes moralejas para la historia son las consecuencias de una burbuja financiada por ahorros de los ciudadanos de otros países. Los bancos de Alemania, Holanda, Francia, Finlandia y compañía, ganaron también muchísimo dinero con nuestra burbuja, haciéndose de esta forma cómplices y beneficiarios de la misma. Les vino de cine tener un socio en el sur de Europa que aparentemente iba bien. ¿Alguno recuerda cuando nos llamaban los "alemanes del sur"?

Nuestro Banco de España fue responsable de un deficiente control sobre las actividades y riesgos de nuestros sector financiero. Sin embargo, no permitió que nuestros bancos participaran en la fiesta subprime. Fueron errores ajenos, más concretamente los de los diferentes Bancos Centrales de los países de la Eurozona, así como de la FED en EEUU, los que nos llevaron al primer credit crunch de todos los que llevamos desde el 2008.

Fue responsabilidad del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero el llevar a España a un 12,5% de déficit púbilco, lo cual es una barbaridad se mire como se mire y se sea de la ideología que se sea. Sin embargo, España había sido un ejemplo de control de sus cuentas públicas hasta el año 2008. Curiosamente, los primeros países que se pasaron por el forro los pactos de convergencia en la zona Euro en materia de déficit público fueron Francia...y ¡Alemania!, la misma que ahora trata de darnos lecciones. Esos fueron errores ajenos, y lo peor fueron sus consecuencias: ninguna y la sensación de que no pasaba nada por no cumplir las normas en el seno de la eurozona.

Nuestro anterior gobierno fue responsable de no interpretar correctamente lo que estaba pasando y meterse en una política de gasto público mal entendida que no mejoró para nada nuestra economía. Pero todos los gobiernos europeos fueron responsables también de poner en marcha unos planes pseudo keynesianos que ignoraban muchas de las premisas que apuntaba el brillante economista inglés. Entre ellas el de la necesidad de partir de unas economías públicas no demasiado endeudadas, circunstancia que no se daba en casi ningún país de la zona Euro. Curiosamente España era de los que mejores cuentas públicas presentaba en aquel momento.

Nuestro actual gobierno, el de Mariano Rajoy se ha pegado un tiro en el pie con los recortes en educación, sanidad e I+D+i, aspectos que son inversión, no gasto, pero el actual escenario de recesión que vive la eurozona es fruto de una política también mal entendida liderada desde Berlín. Claro que es necesaria la consolidación de las cuentas públicas, pero un exceso de quimioterapia puede matar al enfermo, y camino de ello vamos. Es error del gabinete de Mariano Rajoy pretender echarle un pulso a Europa en lugar de implementar las reformas que aún le quedan, pero no lo es menos que la pasividad del resto de miembros de la eurozona nos aboca también a un círculo vicioso del que no parece fácil que podamos salir. Y cada día que pasa parece más claro que no lo haremos solos.

En toda esta historia todos hemos cometido errores. Nosotros probablemente muchos, pero nuestros socios de la eurozona han sido, como mínimo, cómplices de varios de ellos. No parece justo ni razonable que el coste que está asumiendo nuestra sociedad. ¿O es que nuestra burbuja y nuestro saldo de exportaciones netas permanentemente negativas durante años no benefició a muchos de nuestros socios ricos de la zona norte de Europa? Lo realmente triste de esta historia es que estamos en un bucle del que realmente va a ser complicado salir. Por supuesto por la complejísima situación económica que vivimos, pero también, y eso es lo grave, por la falta de voluntad política para arreglar las cosas. Europa sólo saldrá de ésta con más Europa o rompiendo el Euro. Las consecuencias de lo segundo serían terribles. Me temo que en este cuatrimestre nos la jugamos todos.


sábado, 1 de septiembre de 2012

Empresas - ¿Es rentable la RSC?

Algunas Ideas

Hace algunos días me hicieron llegar un interesantísimo artículo de El País titulado "La solidaridad vende, pero sólo si es de verdad", en el cual se detallaban algunas iniciativas, resultados y opiniones de directivos de diferentes empresas involucradas en estrategias de Responsabilidad Social Corporativa (RSC). La conclusión a la que se llegaba era que, efectivamente, este tipo de actividades tenían un efecto positivo sobre la empresa y sus ventas cuándo realmente el consumidor percibe que son de verdad, que la compañía en cuestión realmente pone en el centro de su gestión otras preocupaciones más allá de la económica.

Colgué el link en Facebook y Twitter y en seguida el debate surgió: ¿por qué llevan a cabo las empresas estas iniciativas? ¿Realmente hay un fin solidario, o únicamente instrumental (y por ende económico)? ¿Es lícito que las empresas busquen vender más a través de este tipo de iniciativas? ¿De veras tienen impacto en la cuenta de resultados? Los que me venís siguiendo desde hace tiempo sabéis que precisamente sobre este asunto versa mi tesis doctoral, la cual parece que presentaré este curso que ahora comienza, así que no me he resistido a escribir este post en el que pretendo expresar algunos hallazgos, ideas y reflexiones al respecto.

La RSC, en el fondo, por encima de definiciones más o menos complejas y académicas, consiste en integrar cuestiones sociales y medioambientales en la gestión de una compañía, todo ello sin ir en detrimento de la primera responsabilidad de la empresa, que es la económica. Es lógico, si la empresa no es rentable, el resto de objetivos carecen de sentido, porque la compañía desaparece. Pero de igual forma, lo que también se reconoce es que el beneficio no puede alcanzarse a cualquier precio, que el fin no puede justificar los medios en el éxito empresarial. Las primeras preocupaciones de las compañías que comenzaron a desarrollar iniciativas de este tipo allá por los años 70 en EEUU fueron fundamentalmente filantrópicas, pero  poco a poco fueron teniendo cabida otras actividades sociales y medio ambientales cuya finalidad no era otra que legitimarse ante la sociedad, porque muchas veces este tipo de iniciativas buscaban tapar otras vergüenzas que tenían las compañías de la época, ya que la multitud de estudios académicos que comenzaban a analizar el fenómeno, demostraban que este tipo de organizaciones eran capaces de generar una especie de "reserva de buena voluntad" entre sus grupos de interés gracias a aquellas.

El debate universitario que se generó en EEUU fue apasionante. Milton Friedman, una de las mentes más brillantes que ha dado el siglo XX en materia económica (con independencia de que se esté de acuerdo o no con sus ideas), llegó a tildar a la RSC de actividad subversiva, diciendo que la única responsabilidad de la compañía era con sus accionistas y que sólo bajo la maximización del beneficio se podía beneficiar a toda la sociedad. La cuestión es, como explicábamos en el post de la semana pasada, si esto es posible con unos mercados tan imperfectos y complejos como los que tenemos. Por otro lado, Edward Freeman, desarrollaba la teoría de los stakeholders, la cual comenzaba a calar ante los cambios que se estaban comenzando a dar en las empresas: cadenas de valor más largas, internacionalizadas, múltiples eslabones... el éxito de una compañía dependía de más factores que nunca y precisamente por ello se debía gestionar la misma de una forma diferente, incluyendo a todos los grupos de interés participantes en mayor o menor medida.

Pero más allá del debate académico, lo importante era comprender cómo eran las sociedades a las que se enfrentaban las empresas entonces. La competencia era más o menos limitada, ya que la globalización todavía estaba en pañales. La comunicación de la compañía (publicidad) era unidireccional y, por lo tanto, sesgada, a través de los "mass-media", los cuales resultaban "creíbles". Los consumidores tenían relativamente poco entre lo que elegir, escasa capacidad de interactuación (con la empresa y entre ellos) y poca información para decidir. La identificación con una marca era relativamente sencilla y aparentemente racional, ya que se daba por bueno lo que nos contaban. Tan sólo las ONG y en menor medida los medios de comunicación gozaban de cierta credibilidad y a través de campañas ponían en un brete a las empresas de vez en cuando. Los empleados, por lo general, se quedaban toda la vida o casi toda en una compañía. La formación reglada contaba más que la tácita, porque todavía los estudios universitarios no se habían generalizado cómo hoy en día y la gestión empresarial, por lo tanto, se centraba en la eficiencia y en la producción. El marketing sólo tenía como fin la venta.

Hoy nuestros escenarios no tienen nada que ver. La competencia es global y universal, lo que hace que el consumidor tenga más dónde elegir que nunca. Pero no sólo ello, sino que cómo se ha apuntado en este blog en numerosas ocasiones, la información se ha democratizado gracias a internet. Damos más credibilidad a lo que nos cuentan en foros, blogs, redes sociales, etc., que a las comunicaciones que nos siguen haciendo las compañías a través de sus campañas above y below the line y, encima, nuestras posibilidades de interactuar tienden al infinito. La generalización de la formación universitaria, ha hecho que ésta se haya convertido en condición deseable pero ni suficiente, ni necesaria para el éxito profesional. Bienvenidos a la era del conocimiento, en la que el talento es el que marca las diferencias entre las empresas. Los trabajadores deciden y se quedan o no en las empresas en función de sus posibilidades de desarrollo personal y profesional. Los proveedores y agentes que colaboran con nuestras empresas en la cadena de valor, están dispersos por todo el planeta y las legislaciones no son, ni por asomo, igualmente de exigentes y respetuosas con los derechos humanos más elementales. A todo este cocktail, sumémosle que a las ONG y grupos de presión, la democratización de la información les ha venido de cine. Ahora tienen un megáfono estupendo para hacer llegar sus mensajes a todo el planeta. Todos sabemos ya del calentamiento global, de las prácticas de las empresas textiles en Asia, de los escándalos de Apple en China, por ejemplo. El resultado es que hemos pasado del café para todos, al café al gusto y con causa. Todo ello en apenas 30 años. La eterna búsqueda de la legitimidad es más difícil que nunca e incluso cada vez más los inversores buscan buenas puntuaciones y calificaciones en índices como el FTSE-4Good o el Dow Jones Sustainability Index. Dirigir una empresa es más complejo de lo que nunca ha sido y la gestión de los stakeholders un difícil equilibrio. Y en esto volvemos al artículo que traía a colación al principio. ¿Sirven las iniciativas de RSC para mejorar la rentabilidad de una compañía?

Vamos a comenzar hablando de la vinculación entre RSC y Reputación Corporativa. La RSC es "performance", es decir, desempeño empresarial, mientras que la Reputación Corporativa es percepción pura y dura  y se calcula a partir de otras variables previas. Todas las herramientas desarrolladas para la medición de la Reputación Corporativa han hallado que la RSC es una de esas variables. Lo que es curioso es que cada vez gana más peso en la formación de la aquella. En el año 2005, Kantya, a través de su RepTrack demostró que la RSC era algo "Nice to Have" para gozar de una buena reputación, pero por debajo en importancia a resultados financieros o calidad de los productos, por ejemplo. MERCO, sin embargo, halló el año pasado que la importancia de la RSC era ya la primera en importancia a la hora de medir la formación de la reputación ("Must Have"). No hay una fórmula universal. MERCO y RepTrack, por ejemplo, son diferentes entre sí y diferentes al World´s Most Admired Companies de la revista Fortune. Pero el creciente peso de la RSC está ahí. La relación entre RSC y Reputación Corporativa es esencial para entender el por qué una iniciativa de RSC puede incidir o no en el éxito empresarial.

Existen importantes estudios que han hallado, por ejemplo, la importancia de la Reputación Corporativa en los mercados de capitales, lo que sugiere que incide en las decisiones de los inversores y accionistas de una empresa. La Reputación Corporativa, además, influye en el contexto evaluativo previo y en la generación de expectativas de un consumidor, lo que determina también, no sólo la percepción del cliente, sino su propia decisión de compra y satisfacción. La Reputación Corporativa, además, sirve para atraer y retener talento, como diferentes estudios se han encargado de demostrar también.

Pero hay más. El nicho de inversores socialmente responsables aumenta cada año, alcanzando ya cuotas muy significativas en países como Holanda o Reino Unido. Diferentes estudios han demostrado, además, que a largo plazo, las carteras de inversión formadas por empresas socialmente responsables, tienden a tener un mejor comportamiento que las carteras tradicionales, ya que tienen una menor volatilidad y variabilidad. Para participar en este tipo de oferta de inversión socialmente responsable, las compañías deben cotizar en índices bursátiles éticos, en los que son evaluadas por "screening", esto es, en función de lo que hacen bien y mal se les pone una nota, teniendo cabida en el índice sólo las mejores; o son excluidas en función del tipo de actividades en los que participan. De esta forma el inversor puede optar por elegir las mejores empresas por evaluación o descartar aquellas que llevan a cabo determinadas prácticas. Pertenecer a este tipo de índices como los señalados antes (FTSEE4Good o Dow Jones Sustainability Index) también mejora la reputación de las compañías.

Para participar en estos mercados sostenibles y obtener una mejor evaluación, las empresas deben integrar la mayor parte de su cadena de valor, incluidas aquellas actividades que se realizan fuera de la propia compañía. Ello obliga a desarrollar políticas medio ambientales y derechos humanos, así como códigos éticos que impliquen también a proveedores y empresas subsidiarias. El cumplimiento de los estándares ILO así lo exige, como también la medición de la huella de carbono. Obviamente las empresas siguen estando lejos de ser ejemplares, pero por lo que yo he podido analizar en el sector del automóvil, hay avances muy significativos de un tiempo a esta parte. La gestión de proveedores y otro tipo de partners, también incide en la reputación, por cuanto se ha demostrado que minimiza las posibilidades de incidentes en la cadena de valor. Además, el incluir prácticas medioambientales en la misma, favorece la aparición ecoeficiencias, las cuales redundan en una reducción de costes para las compañías, como también numerosos estudios han demostrado.

En la relación empresa - cliente, los estudios han hallado evidencias cuando menos curiosas. Por un lado, que el cliente es proclive a decantarse por una empresa socialmente responsable cuando ello no le exige sacrificios ni en calidad, ni en precio y, además, con mayor alegría si es una categoría de producto dónde hay alternativas a la marca líder. Por lo general, el cliente tiende a preguntarse qué hay detrás de las iniciativas que llevan a cabo las empresas. Si se percibe que la iniciativa llevada a cabo por una compañía es coherente con la actividad de la misma, suele tener mayor éxito. De otra forma, el comportamiento puede percibirse como oportunista y puede llegar a penalizarse a la compañía en cuestión. Incluso si las iniciativas de RSC van acompañadas de un detrimento en la calidad de los productos o un mal servicio, se ha llegado a demostrar que son hasta contraproducentes.

Por lo general se ha hallado que la RSC puede ser una forma a través de la cual los clientes se identifican emocinalmente con una compañía, pero hasta la fecha los estudios también se han encargado de demostrar que tienen más impacto (para mal) los escándalos que las buenas acciones, si bien es cierto que esto está empezando a cambiar. Cada vez más los clientes valoran, no iniciativas concretas, si no el conjunto de la compañía y la reputación de la misma y sus actividades. Es decir, una de las hipótesis que me atrevo a plantear, es que la filantropía pierde peso en favor de la filosofía empresarial. Cómo diferentes estudios se han encargado de demostrar, el cliente concienciado es cada vez un nicho mayor. Cada vez son más las personas susceptibles de decantarse por los productos de una compañía en función de sus prácticas medio ambientales y sociales. Las personas somos más emocionales que racionales y las empresas que tengan alma, que sean capaces de inspirar a sus clientes a través de este tipo de iniciativas, en incluso les hagan sentir que comprando sus productos participan en algo bueno, tienen mucho ganado. Pensemos en el equipo de fútbol que nos gusta. El día que pierde nos disgustamos, pero al rato estamos otra vez a muerte con él. No cambiamos de club porque gane o pierda. Cuando un cliente se identifica con una compañía, tiende a magnificar los resultados de sus productos, se siente más satisfecho con la misma, repite la compra y prescribe sus productos. Todo ello, como bien han demostrado múltiples autores, incide en unos mejores flujos de caja de la compañía. Incluso hay trabajos que han logrado demostrar que la RSC (empleando en este caso una medida reputacional), incide en un mayor valor de mercado de las empresas vía satisfacción del consumidor.

Mi tesis doctoral, en el fondo, está analizando ésto último pero introduciendo una variación. Empleo una medida de "performance" de las empresas (RSC) y estoy viendo cómo a partir de la misma, el resultado afecta al valor de mercado de las empresas vía Reputación Corporativa y Satisfacción del Consumidor. De momento hemos hallado algunas correlaciones muy interesantes, pero estamos analizando la causalidad entre las variables. Espero tener resultados en breve y compartirlos con todos vosotros.

Así pues, las evidencias sugieren que, efectivamente, existen relaciones positivas entre la RSC y el mejor desempeño empresarial. Con todo ello nos queda una última reflexión: ¿es lícito que las empresas lleven a cabo este tipo de iniciativas con fin de lucro? Siempre he sido crítico con la filantropía corporativa, y en especial con el marketing con causa, porque hay algo de oportunista en todo ello, pero cuando una estrategia de RSC detrás, me pregunto hasta qué punto se puede separar una cosa de la otra. Trato de explicarme.

La empresa es ciudadana corporativa, sujeto de derechos y obligaciones legales, como cualquier persona física, y que como miembro partícipe de un sistema, la sociedad, de la que toma recursos y a la que manda sus outputs, debe también aceptar unas normas mínimas de convivencia. Eso es lo que llamamos legitimidad en el fondo, y por eso ninguna empresa sobrevive dando la espalda a las sociedades en las que se desenvuelve. Y la supervivencia de una empresa se mide a partir del beneficio. Me resulta muy difícil separar una cosa de la otra. A la RSC se puede llegar por convicciones morales, o por razones más instrumentales, desde luego, pero lo segundo no me parece una mala noticia, por cuanto indica que detrás hay una sociedad con valores que premia determinadas conductas y castiga otras. A menudo obviamos que nuestras decisiones de compra o inversión, no dejan de ser una forma de ejercer la democracia a diario y que tenemos mucho mas poder para cambiar las cosas del que nos pensamos.