domingo, 16 de septiembre de 2012

Economía y Sociedad - Cataluña y la Justicia Fiscal Territorial

Algunos Apuntes

Esta semana creo que hemos sido muchos los que nos hemos quedado cuando menos sorprendidos por la riada nacionalista que recorrió Barcelona el día de la Diada. El grito unánime que sobresalía de puertas para afuera era el de "Independencia", aunque bien es cierto que cuando los medios rascaban, cuando se le daba la voz a diversos manifestantes, ahí ya se encontraban algunos matices. De fondo lo que sobresalía era un sentimiento de injusticia ante el deterioro de la situación en Cataluña y su papel de financiador, por decirlo de alguna forma, de otras comunidades y regiones de España con menores niveles de renta. Yendo un poco más allá estos días, gracias a los artículos que me ha pasado mi buen amigo Fer Gutiérrez, y lo que se cuece en determinados foros y redes sociales, también se encuentran, además de las razones económicas, otras que podríamos catalogar como morales que residen en el "derecho a decidir" del pueblo catalán.

Los que venís siguiendo El Disparadero desde sus inicios, sabéis que en este blog se respetan a todas las personas y a todas las ideas que no vulneren, obviamente, los derechos humanos más elementales. En las próximas líneas que voy a escribir, sólo voy a exponer argumentos y puntos de vista contrastados, basados en datos públicos y reflexiones propias, tratando con la mayor sensibilidad posible todos los pensamientos y sentimientos de todos cuantos os paséis por este post. Dejo fuera, por lo tanto, cualquier barniz ideológico.

Vamos a comenzar por la cuestión económica. Existen dos reclamaciones básicas que se han podido leer y escuchar estos días en la prensa de todo en este aspecto. La primera, que no existe una justicia territorial en nuestro sistema fiscal. Y la segunda, que las inversiones del estado en Cataluña no se corresponden con lo que debiera ser dado lo que aportan los ciudadanos catalanes a las arcas del estado. Respecto al primer punto, recomiendo a todos las lecturas de los artículos que se han cruzado estos días los profesores Abel Fernández García (I y II) y Xavier Sala y Martín, así como también la monografía "Las diferencias regionales del Sector Público", publicado por la Fundación BBVA e Ivie en el que ha participado el propio profesor Abel Fernández. Esta última calcula el efecto redistributivo del sector público teniendo en cuenta los cuatro niveles de administración existentes (Administración Central, Seguridad Social, Comunidades Autónomas y Corporaciones Locales). Para ello se detraen de la renta per cápita primaria los impuestos y tributos que gravan a los ciudadanos de cada Comunidad Autónoma para a continuación añadir los pagos en transferencias (prestaciones por desempleo, pensiones, etc.) y servicios en especie (educación, seguridad, sanidad, etc.) que reciben los ciudadanos en función de la comunidad en la que se encuentran. Traduciendo: lo que gana cada ciudano de media en cada Comunidad Autónoma menos los impuestos que paga, más las transferencias que recibe. El resultado es llamativo para el período 2000 - 2008:

Sólo tres comunidades autónomas presentan un saldo negativo (de media) frente al resto del país en el período de análisis: Madrid, Cataluña y Baleares. Esto quiere decir, con ciertos matices, que estas tres comunidades son financiadoras del resto.

Que, como los autores apuntan, no es posible determinar un sistema de redistribución óptimo para un país como España, por lo que se trata de analizar es de si el actual sistema es igualitario. Viendo los datos e introduciendo matemática, cabe concluir que el resultado es dispar, pero que a Cataluña, a Madrid y a Baleares se les trata de una forma justa. Según el informe, los ciudadanos de Madrid pierden tras la acción del sector público un 8% de su renta primaria, los catalanes en torno a un 2% y los baleares algo menos.

Que existen tres comunidades autónomas cuyos balances son sorprendentes y que sí que reciben un trato de favor. Por un lado, País Vasco y Navarra, las cuales, por sus sistemas forales gozan de una situación mucho mejor que el resto. Por ejemplo, la primera debiera aportar casi un 4% de su renta primaria para estar en sintonía con el resto, y a cambio recibe casi un 5%. Navarra, por su parte, debería aportar un 5% de su renta primaria y en cambio recibe más de un 1%. Asturias, curiosamente, tiene una renta per cápita muy parecida a Murcia, pero recibe un 10% más que el resto de comunidades.

Que existen una serie de comunidades autónomas realmente mal tratadas por nuestro sistema fiscal: Comunidad Valenciana, Canarias, Murcia y Andalucía, las cuales son receptoras de renta pero en una cuantía menor de la que merecen según la progresividad del actual sistema.

Xavier Sala i Martí, excelente profesor y una de las mentes más brillantes (y provocadoras) de nuestro país en materia económica, hace tres críticas fundamentales al estudio en cuestión: la primera, que los datos que se aportan estan mal; la segunda es una cuestión técnica: se confunde el error de la regresión con la pendiente de la regresión; y la tercera, la cual nos lleva al otro punto que quería tocar, el sentimiento en Cataluña es que el estado les está discriminando en lo que  a inversiones se refiere. Dado que las dos primeras son más técnicas, creo que es más oportuno que os leáis la contestación que el propio Abel Fernández lleva a cabo, aunque aclaro dos cosas: respecto al primer punto que los datos son públicos y que están en el INE, por lo que no tengo la sensación de que sean erróneos; en cuanto al segundo, que dicho error afectaría si el estudio estuviera analizando un óptimo, pero que como se ha expuesto, lo que se analiza es si el sistema trata de forma parecida a las diferentes comunidades autónomas, no si el acutal sistema redistributivo es el mejor.

En cuanto a las inversiones del estado en Cataluña, Sala i Martí apunta que como el estado ha invertido menos de lo que hubiera debido en dicha comunidad, aquellas se han debido desarrollar bajo la iniciativa privada, por lo que los ciudadanos catalanes han tenido que pagar las mismas vía, por ejemplo, peajes (como apunta el propio Sala i Martí). Este dato es de nuevo bastante discutible, como se encarga de demostrar el profesor Abel Fernández. Es cierto que el gasto público en España no está por encima de la media de los países de la UE o la propia OCDE, pero también lo es que el actual nivel de déficit pone en dificultad que el mismo siquiera se pueda mantener a corto plazo. De todas formas, y aunque las cifras siempre son relativas, y el sentimiento del pueblo catalán a este respecto es totalmente lícito, conviene apuntar que el share de inversión pública en Cataluña en comparación a España no ha hecho sino crecer de forma muy llamativa durante el período 2000 - 2008, llegando a superar el 18%, cuando el share de población se ha mantenido constante en, también, un 18%.

Dos últimas cuestiones económicas: Una, algunos autores señalan que los datos de Madrid están manipulados, porque existe inversión y gasto público considerado como nacional que realmente radica en la Comunidad de Madrid. Dicho importe se prorratea entre todas las comunidades, y no se le imputa directamente a Madrid. Si así fuera, Madrid saldría en la foto como Cataluña y no podría ser ejemplo de nada, como desde algunos medios se señala. Creo que entrar en una guerra sobre cómo computar ciertos datos es estéril. Dos, el principal problema económico en Cataluña, en lo que a sus cuentas públicas se refiere, es su elevado endeudamiento, que ya alcanza un 22% de su PIB. No sólo es la comunidad con mayor nivel de endeudamiento, sino que su comparación con Madrid es sangrante (apenas un 9%). Aún cuando diéramos como buena la foto en la que se dice que la aportación de Madrid al estado es similar al de Cataluña, y no mucho mayor por la citada diferencia en la imputación de ciertas inversiones, tan sólo la mala gestión de lo público puede explicar un endeudamiento tan disparatado. Las tres comunidades autónomas más endeudadas son Cataluña, Comunidad Valenciana y Castilla La Mancha. Creo que por lo menos todos tenemos claro que las dos últimas son un ejemplo viviente del despilfarro y los excesos cometidos por nuestras administraciones públicas. Este dato es para, por lo menos, pensárselo.

Pasamos a la cuestión moral: dicen los catalanes que tienen derecho a elegir. Primero, su destino como pueblo en lo que a su pertenencia a España se refiere. Y segundo, dentro del estado Español, el destino de sus tributos. El asunto es espinoso, pero voy a tratar de apuntar algunas ideas desde el mayor de los respetos.

Respecto a su pertenencia a España: los sentimientos de cada uno pertenecen a cada uno, no se imponen. Ocurre que los argumentos esgrimidos se pueden volver en contra de uno llegado el caso. Mi buen amigo David Arenal me lo decía hace tiempo: "¿Dónde está el límite al derecho a decidir de cada pueblo?". Si Tarragona no quisiera la independencia, por ejemplo, ¿se les "oprime" obligando a pertenecer en una Cataluña independiente? Y si dentro de Barcelona, por ejemplo de nuevo, Badalona tampoco quiere participar en una Cataluña independiente, ¿se obliga a los badaloneses también? Y si dentro de Barcelona el barrio de Gracia, ¿quiere ser una especie de Condado de Treviño del resto de España? Cuidado por ese camino, porque los argumentos morales pueden volverse en contra en un asunto tan espinoso como éste. Ahí dejo la idea.

En cuanto al uso de los tributos recaudados, puedo entender que este debate se abra por la actual coyuntura, pero no puedo compartir muchas de las ideas que se han esgrimido desde Cataluña. Por encima de nacionalismos, pertenecemos al seno de la Unión Europea, de la que hemos sido beneficiarios durante años de los fondos que nos han transferido para lograr una mayor convergencia con el resto de países más desarrollados de nuestro continente. Europa ha sido un ejemplo, durante las últimas décadas, de los esfuerzos llevados a cabo por lograr una mayor igualdad entre sus pueblos, aspecto crítico para el desarrollo de un mercado común que beneficie a todos de la forma más igualitaria posible. Hoy en día precisamente las políticas de austeridad están poniendo en jaque parte del camino recorrido. La desigualdad cuesta mucho dinero y distorsiona los mercados, como el otro día se encargó de recordarnos Stiglitz en Madrid. Debemos exigir que el dinero recaudado vía tributos se emplee mejor, pero sobre todo se utilice para reducir las externalidades de los mercados. Y eso tiene que ocurrir tanto en España como en el seno de la UE. Se tiene que entender que un sistema tributario justo y progresivo beneficia también a las empresas y ciudadanos catalanes. Por este mismo argumento, no puedo poner un sólo pero al rescate catalán.

Termino con una última reflexión: Cataluña y el resto de España se necesitan mutuamente. Pensemos por un momento lo que pasaría en una hipotética secesión catalana. Cataluña muy probablemente saldría de la UE, pero podría tratar de quedarse en el Euro mediante acuerdos como el que tiene, por ejemplo, Andorra. En cuanto no pudiera financiarse en los mercados, entraría en default y se le invitaríua a abandonar la moneda única. La nueva moneda catalana muy probablemente se devaluaría respecto al Euro a una velocidad pasmosa, lo que muy probablemente llevaría a la quiebra a las empresas y familias catalanas, por cuanto su deuda suscrita (hipotecas, préstamos, etc.) seguiría estando en Euros. La UE no se ha atrevido a expulsar a Grecia del Euro en parte por esta razón, porque duda, pese a que Roubini así lo apunta, que se pueda "dracmatizar" su deuda privada.

Por otro lado, España vería como cae su PIB casi un 20% de un año para otro, quedándose sin una de sus tres comunidades autónomas que realmente actúan de financiadoras. Muy probablemente entraría en default, tendría que ser rescatada y entraría en una dinámica realmente complicada al quedarse sin una de sus locomotoras.

Así pues, Cataluña y el resto de España están condenadas a entenderse, aunque sólo sea porque las consecuencias de una ruptura sería traumática desde un punto de vista económico y muy probablemente social. El actual momento exige aunar esfuerzos, no poner más chinas en el camino, sobre todo ahora en que el mundo es global, diverso, las fronteras se difuminan y todos hablamos de una Europa más unida, fuerte y solidaria para salir de la crisis. Que los políticos no nos confundan ni nos aparten de lo fundamental.

 




4 comentarios:

David García Goñi dijo...

Brillante reflexión y compartida por mi parte. Desde mi punto de vista, todo obedece a una cortina de humo para evitar el desgaste que la crisis estaba suponiendo en los políticos nacionalistas que gobiernan Cataluña.

Todos saben la inoportunidad del planteamiento, pero hasta hace dos días era noticia una anciana a la que le solicitaban devolviera 3 mensualidades de unos pocos euros, tras haber sido hospitalizada por un ictus cerebral, hoy sólo se preguntan si habrá podido ir a la manifestación. Un órdago muy insensato.

Un fuerte abrazo

Fernando dijo...

David, millones de gracias por pasarte y por tus palabras. Estoy muy de acuerdo contigo. Hay mucho de cortina de humo, como bien apuntas, de tapar una mala gestión de lo público, como lo ha habido en todas las comunidades. Pero lo fácil, en la política y en resto de la vida, imagino que es culpar al resto en lugar de hacer autocrítica.

Un fuerte abrazo

José dijo...

Efectivamente gran post, eso que repiten los políticos nacionalistas Catalanes que España roba a Cataluña, no es más que un arma de adoctrinamiento y cortina de humo para ocultar las nefastas consecuencias de una política económica demencial que llevan aplicando allí, en Cataluña, durante 30 años.

Ha sido tal el desastre que Madrid les ha superado en PIB(algo impensable en los años 80), cuando recuerdo el 3% de Maragall, el caso de las subvenciones públicas para una compañía aérea ruinosa como Spanair, ejemplos de despilfarro y corrupción, se entiende que esté Cataluña donde ahora está, no por culpa de los catalanes, sino de lo nefasto que ha sido la política económica nacionalista.

En una cosa sí que tienen razón de estar indignados y no sólo ellos, sino también el resto de España con el gobierno central, y es que se haya permitido y que se siga permitiendo que dos comunidades autónomas exijan más derechos que el resto y que vivan de unos privilegios concedidos por fueros medievales hace más de 700 años en pleno Siglo XXI.

saludos,

José

Fernando dijo...

José, millones de gracias por pasarte y por tu comentario. ¡Bienvenido al Disparadero!

Pues estoy muy de acuerdo contigo. Creo que, efectivamente, el régimen foral hoy en día supone un agravio comparativo con el resto de España, y un mal ejemplo con la que está cayendo, pero sobre todo que Cataluña ha tenido unos políticos que no han estado a la altura del potencial y riqueza de la propia Cataluña. La súper deuda que tienen es responsabilidad política de los inquilinos de la Generalitat.

En cualquier caso, creo que estamos condenados a entendernos.

Saludos

Fernando