martes, 25 de septiembre de 2012

Sociedad - El Síndrome del Corazón Roto

Razones y Emociones

En el mundo actuarial existe un fenómeno llamado el "Síndrome del Corazón roto", según el cual, cuando en una pareja mayor, fallece uno de los cónyuges, la probabilidad de que el otro muera durante los doce meses siguientes, se multiplica por 6 respecto a la media en el caso de los hombres y por 2 en el caso de las mujeres. A fin de cuentas va a resultar que los hombres llevamos peor de lo que pudiera parecer la falta de nuestras mujeres. ¡Quién nos lo iba a decir, con lo gallitos que muchas veces nos ponemos! Pero bromas aparte, el síndrome del corazón roto ha jugado un papel bastante significativo en la actual crisis económica, por muy increíble que pueda parecer.

En su afán por explicar las ciencias actuariales y financieras el por qué de este fenómeno, muchos estadísticos comenzaron a analizar el mismo. Tras varios estudios interesantes, un matemático chino llamado Ni Xiang Lin Li (rebautizado como David Li) logró perfeccionar los modelos existentes introduciendo Cópulas Gaussianas en lugar de las Cadenas de Markov empleadas hasta la fecha.  En virtud de aquello, las compañías de seguros podían medir las probabilidades de que una persona falleciera durante el año siguiente, lo que sin duda suponía un hito, por cuánto por primera vez no se analizaba la muerte de una persona como un fenómeno aislado, sino correlacionado con otro hecho como era el fallecimiento del cónyuge.

Aquello funcionaba tan bien, que desde Wall Street no tardaron en llegar cantos de sirena a David Li para aplicar su metodología a los mercados. En el fondo aquello no era nuevo. Ya en los años 80 se vivió un fenómeno parecido, cuando desde los principales bancos y fondos de inversión se contrataban a matemáticos, físicos e informáticos para tratasen de modelizar el funcionamiento de la bolsa y maximizar las ganancias de los inversores. Aunque hubo algún éxito notable, la realidad es que aquello terminó dando más disgustos que alegrías por una razón obvia: el comportamiento de los agentes en los mercados está interrelacionado. Es decir, la quiebra de una empresa, por ejemplo, afecta a sus acreedores (bancos, proveedores, etc.), que se quedan sin cobrar, pudiendo poner en peligro la viabilidad de aquellos, pero aquellos modelos primitivos eran incapaces de incorporar dicha circunstancia. Sin embargo, al menos aparentemente, el modelo de Li resolvía aquel entuerto. La muerte del cónyuge podía equivaler a la quiebra de una compañía, y la muerte del otro, a la quiebra de otra empresa como consecuencia de lo anterior. En 2003 Li ya era el jefe de Derivados Financieros de Citi Group y muy probablemente el actuarial más famoso de Wall Street. A la par, un nuevo fanatismo se había adueñado de la Bolsa neoyorquina: el de las finanzas estructuradas.

La idea básica era simple: los bancos ya no tendrían que soportar riesgos nunca más. En su lugar, lo que hacían era evaluar dichos riesgos mediante modelos matemáticos, empaquetarlos y venderlos como cualquier otro título o valor normal y corriente. Las hipotecas fueron el primer ejemplo. En lugar de constituir una hipoteca y cobrar unos intereses durante toda la vida útil de dicha hipoteca, los bancos comenzaron a hacer paquetes de diferentes préstamos y a vendérselos a compañías pantalla de su propiedad –pero fuera de balance–, especialmente creadas a tales efectos. Estas compañías, a su vez, emitían bonos de riesgos muy variados (gracias al modelo de Li) para incrementar sus ingresos por caja.

El 10 de agosto de 2004, la empresa de calificación Moody’s incorporaba la fórmula de Li de la Cópula Gaussiana en relación con los incumplimientos de pagos a su propia metodología de calificación de obligaciones de deuda colateralizadas (CDO), unos instrumentos característicos de las finanzas estructuradas que con el tiempo terminaron convirtiéndose en armas financieras de destrucción masiva. Hasta entonces, Moody’s había sido reacia a que las CDO estuvieran integradas por diferentes tipos de activos (hipotecas comerciales, préstamos a estudiantes, deudas de tarjetas de crédito, deudas subprime, etc.). Sin embargo, la fórmula de Li permitía calibrar, al menos aparentemente, la interrelación de los riesgos, lo que hizo creer que el riesgo podía ser medido con exactitud y que por lo tanto, aquella vieja idea que se aplicaba en las finanzas de no poner los mismos huevos en la misma cesta, se había quedado obsoleta. Una semana después que Moody’s, la otra gran compañía de calificaciones, Standard & Poor’s, cambió también su metodología de trabajo.

Al cabo de un tiempo, las CDO integradas únicamente por hipotecas subprime comenzaron a hacer furor. Utilizando el modelo de correlación basado en la Cópula Gaussiana y algún que otro ingenioso artificio de ingeniería fiscal, las hipotecas de alto riesgo fueron empaquetadas en lotes calificados con una triple A –la máxima calificación que otorgan– para inversores de primer nivel, disparándose el mercado de CDO y alcanzando el mismo en el año 2007 ni más, ni menos, los 600.000 millones de dólares. En consecuencia, los precios de las viviendas se elevaron exageradamente, ya que todo el mundo se puso a construir viviendas y a especular con las mismas por el negocio redondo que suponía para el sector bancario.

El final de esta historia es conocido por todos. A finales de 2006 comenzaron los impagos en EEUU, en 2007 ya era evidente la basura que eran las hipotecas subprime y en 2008 cayó Lehman Brothers poniendo en jaque a todo el sistema financiero mundial. A partir de ahí se contaminó la economía real. ¿En qué había fallado la fórmula de Li? Fundamentalmente en que la misma funcionaba bien ante fenómenos con resultados binarios (vida o muerte), pero en la economía el rango de resultados es mucho más amplio, aleatorio y de una complejidad mucho mayor.

Pero esta historia tiene más miga aún. Pocas figuras han influido tanto en el pensamiento moderno como Descartes, el cual planteaba una visión matemática de la realidad física. Como apuntaba María Novo en su libro "El Desarrollo Sostenible", "las matemáticas representan para Descartes el orden total" (....) "de forma que consigue eliminar del mundo todo lo que pudiera considerarse confuso, caótico y vivo. Su mundo es un mundo de precisión, no de confusión". Luego llegaron los Galileo, Newton, Locke y los filósofos del siglo XVIII que alumbraron el nacimiento de la Enciclopedia. Todos ellos, dicho ésto de un modo muy generalista, ahondaron en la necesidad de encontrar verdades únicas bajo los planteamientos cartesianos.

La realidad, como siempre he pensado, es que somos muchos más emocionales que racionales y que, precisamente por ello, todo lo relacionado con las personas es tan difícil de gestionar. Las empresas son un mundo, la economía también y sin duda la salida de esta crisis tendrá también un componente de confianza y estado de ánimo que todavía se vislumbra lejano. La realidad, por mucho que pretendamos, se puede matematizar, pero nunca dejará de ser una limitación más o menos sofisticada de aquella. En el fondo, el "Síndrome del Corazón Roto" no deja de ser lo que los médicos llaman un estrés cardiomiopático, un estado en el que el cerebro del individuo libera de manera inexplicable toda una serie de elementos quimicos que debilitan el corazón, eso sí, tras haber sufrido un intenso traumatismo emocional.
 

2 comentarios:

Katy dijo...

Sencillamente magnífico y sorprendente.
Da la casualidad que las personas somos únicas e irrepetibles y las matemáticas son una ciencia exacta. Y esto ya lo explica bastante
“Los mercados” están para ganar a costa de lo que sea y sus victimas estos seres aparentemente pensantes que llegados a un momento se salen por la tangente. Porque somos impredecibles. Y lo de no poner los huevos en la misma está plenamente vigente. Es más yo añadiría en mi lenguaje coloquial nada técnico porque no tengo ni idea de empresas y de negocios: “Que la avaricia rompe el saco” y que este se ha roto del todo.
Un abrazo

Fernando dijo...

Millones de gracias, Katy, por pasarte y por tus palabras. Totalmente de acuerdo, somos totalmente únicos e irrepetibles y por eso las matemáticas, aunque pueden ayudar, y de hecho ayudan, a comprender mejor determinados fenómenos, no pueden a aspirar a más que a ser una simplificación de la realidad.

Y cuánta razón tienes. La avaricia rompe el saco. A este refrán yo añado otra realidad económica: rendimiento y riesgo siempre van de la mano. Súmale las dos cosas y tenemos un lío...

Un abrazo!