jueves, 20 de septiembre de 2012

Píldoras para Salir de la Crisis - España y Deuda Privada

Algunas Ideas

Comienzo hoy una sección en la que pretendo aportar, de forma muy breve, algunas ideas para que, por fin, nuestro país revierta esta coyuntura tan compleja que atravesamos. De entrada admitir que es posible que se me ocurran cosas que no sean viables, así que espero que entre todos, con total libertad, nos ayudemos y propongamos cosas que puedan ser de utilidad tanto a nivel macro como microeconómico, así como espero generar la suficiente confianza para que, si digo alguna barbaridad, me corrijais oportunamente.

Quiero comenzar con el problema de la deuda privada. España ahora tiene un problema con sus cuentas públicas, generado el mismo a partir de su monumental déficit y su doble recesión en estos últimos cuatro años. Sin embargo, creo que nadie duda que el principal problema de nuestro país es su deuda privada. Baste con aportar la siguiente cifra. La deuda pública española suma el 75% del PIB. El montante entre deuda pública y privada respecto al PIB es de un 355%. Nuestras familias se están desapalancando (ya están al nivel del 2007) y nuestras empresas también, concretamente desde el año 2009. 

Como alguna vez he comentado, una economía apalancada es como un coche americano de los años 70: necesita mucha gasolina y barata para funcionar. Cuando se dan esas circunstancias, el coche es elegante, con grandes prestaciones. Requiere ir con cierta frecuencia a la gasolinera, pero de puertas para afuera tienes un cochazo. Ahora bien, cuando la gasolina escasea y es cara, es un armatoste. La gasolina, en este caso, es el crédito y el armatoste nuestra economía. Nuestras familias y empresas deben destinar muchísimo dinero de sus salarios o facturación, a pagar unas deudas desproporcionadas, las cuales se adquirieron bajo unas perspectivas de crecimiento  económico que, no sólo no se dan en la actualidad, sino que parece tardarán en volver a darse. Cuanto mayor es la recesión, menores son las ventas de las empresas, lo que empuja a un mayor paro o bajadas salariales. Todo ello redunda en una menor capacidad para pagar las deudas y, por consiguiente, un repunte de la morosidad bancaria hasta niveles record, como se ha publicado en prensa.

El problema de la morosidad bancaria es el siguiente. Cuando una empresa acumula impagos con retrasos de más de 90 días, la entidad financiera acreedora, debe declarar el préstamo en mora, y debe provisionar (es decir, considerar como dudoso el cobro del mismo), no por la cuota pendiente, sino por la totalidad del préstamo. Cuando una entidad "provisiona", se apunta una pérdida provisional. Si la empresa o la familia  es capaz de pagar, se sale de la mora. La otra opción es ejecutar en el caso de que existan garantías, pero este procedimiento siempre es muy costoso. El banco siempre prefiere buscar alternativas para cobrar en lugar de ejecutar, lo que ocurre es que muchas veces no hay dónde rascar. El problema de la morosidad es, por explicarlo de una manera muy sencilla, que al dotar una provisión, el banco consume "recursos propios", lo que le imposibilita cumplir con determinados ratios e incide en sus necesidades de recapitalización en estos momentos (es más complejo, pero la simplificación espero que valga para entendernos).

Hace poco más de un año leí un artículo muy interesante de Ken Roggoff, antiguo economista jefe del FMI y profesor en Harvard, publicad en El País. En el mismo se venía a decir que España no salía de la actual coyuntura si no había una transferencia de riqueza del acreedor al deudor. O lo que es lo mismo y dicho de otra forma mucho más cruda, que el sector privado jamás será capaz de pagar sus créditos a nuestros bancos y cajas en su totalidad. Al principio este razonamiento parecía válido para el sector inmobiliario y determinadas familias, pero a medida que la crisis se recrudece y todo se pone más difícil, cada vez más empresas se encuentran en esta tesitura y cada vez más familias lo tienen más complicado.

En la línea de Roggoff, y haciendo propia alguna de sus ideas, creo que ha llegado la hora de que la banca española tome medidas valientes y traslade para abajo algunas de las ayudas que está recibiendo desde todas las instancias (las cuales, y perdonadme que sea sarcástico, pagamos entre todos). En ese sentido, las propuestas que lanzo son diferentes, separando entre familias y empresas. Comienzo por las primeras.

La banca ya no puede comerse más viviendas. Me hace gracia cuando determinados "expertos" apuntan que ya no tiene sentido que los precios de las casas sigan bajando, porque la realidad es que los precios se fijan por la oferta y la demanda, y la realidad es que oferta sobra y demanda no hay, porque, por un lado, no hay financiación, y por otro, porque las expectativas de que los precios sigan bajando retrasan las decisiones de compra. Eso es de manual. Dudo mucho de que la banca pueda plantearse quitas (esto es, condonaciones de parte de la hipoteca) en estos momentos, ya que con todo lo que tienen que digerir están al límite, pero si que hay dos fórmulas que se pueden aplicar. Una, que las entidades reduzcan las hipotecas a cambio de derechos de propiedad de la vivienda. Es decir, se quita, por ejemplo, un 10% de la hipoteca, a cambio del 10% de los derechos de propiedad de la casa, de tal forma que el día que esta se venda, el banco tenga derecho al 10% de la transacción, por ejemplo. De esta forma, las familias verían aumentar su renta disponible y podrían aumentar su consumo. Los bancos evitarían provisionar e incurrir en costes adicionales en caso de ejecución. La otra alternativa es válida para las empresas: recalendarizar préstamos de forma progresiva y creciente, de tal forma que la inflación, a medida que vayan incrementándose los salarios, haga que la deuda hipotecaria disminuya en términos relativos.

En  el caso de las empresas, hay que diferenciar entre dos tipos de compañías: las que generan caja y las que no. Entre las segundas, obviamente, están las inmobiliarias. Desgraciadamente, no veo más salida que la liquidación de aquellas que no sean capaces de generar cash-flow como forma de "limpiar" el mercado. Reconozcámoslo: en España sobra capacidad. Sin embargo, existen muchas compañías, la mayoría, que tienen serias dificultades por la incapacidad de acceder al crédito. Pasar de una economía apalancada a otra desapalancada "a lo bruto" es algo realmente complejo y muy difícilmente tolerable para el tejido social en el que se desenvuelve la empresa. Estas compañías precisan, al igual que las familias, de mayores plazos, recalendarizaciones progresivas y crecientes de nuevo, así como de plantear que parte de los créditos ya concedidos, puedan pasar a capital social o incluso a préstamos participativos, los cuales computan como fondos propios de una empresa y son subsidiarios de los préstamos corrientes. En ese sentido se podría articular que estos préstamos participativos se comenzaran a pagar una vez se hubieran liquidado los primeros o se convirtieran en capital social llegado el caso. De esta forma la empresa vería aliviada su tesorería a corto plazo, lo que probablemente le permitiría acometer ciertas inversiones e incluso no tener la necesidad de ajustar tanto sus plantillas.

Pero con estas medidas, no sólo ganaría el sector privado. También lo haría la banca. Al bajar la morosidad, mejorarían sus ratios, lo cual debería abrirles las puertas del mercado interbancario, permitiéndoles refinanciar con mayor facilidad sus vencimientos, lo que a medio plazo debería repercutir en una reapertura del mercado crediticio a particulares y empresas. A cortísimo plazo imagino que las necesidades de recapitalización de la banca serían algo mayores de las previstas, pero ya que se les va a crear un banco malo, ya que se les va a rescatar, ya que a todos nos han frito a impuestos para crear los organismos necesarios que eviten la quiebra de nuestro sistema financiero, el que dicha ayuda vaya para abajo, no sólo es una cuestión económica, sino también moral. Sobre todo esta última.

2 comentarios:

Fernando Lopez Fernandez dijo...

Sintetizando un poco, lo que creo que expones es que el esfuerzo ha de hacerse para que el crédito fluya aunque sea a un mayor coste al principio. Si es así, creo que merecerá la pena, porque lo otro, lo de que sirva exclusivamente para arreglar los desajustes de los banco no creo que a la larga sirva para mucho. Por otro lado, me ha encantado la propuesta del 10%. Es una solución bastante imaginativa y que puede, incluso llegar a ser rentable para los bancos.

Un abrzo

Fernando dijo...

¡Hola Fernando!

Millones de gracias por pasarte, como siempre. Lo que creo es que ha llegado la hora de que darse cuenta todo el mundo de que para salir adelante, todos tenemos que perder algo, o al menos renunciar a parte de las ganancias. No puede ser que mientras se rescata a los bancos con el dinero de todos, se desahucien familias y se ejecuten préstamos de empresas que sólo necesitan un planteamiento algo diferente para poder salir adelante para mejorar los números de las entidades financieras.

Creo a pies juntillas aquello de "a grandes males, grandes remedios", y la actual coyuntura los requiere, pero sobre todo imaginativos.

Un abrazo