sábado, 28 de enero de 2012

Empresas - Spanair y los Desmanes Políticos

Algunas ideas

A lo largo de la tarde de ayer una noticia inundó todas las agencias y medios de comunicación: Spanair anunciaba el fin de sus operaciones. Desde las 22:00 de ayer, sus aviones no volverían a volar. Los damnificados, como siempre, los miles de pasajeros que ya tenían comprado sus billetes para estos días, así como toda una plantilla de profesionales que llevaba tiempo sufriendo las penurias de una situación económica que era insostenible. Ahora Spanair se enfrenta a un inminente concurso de acreedores que, tiene toda la pinta, acabará en liquidación de la compañía. Al menos tal y como se ve desde fuera.

Uno no ha sido ajeno a la delicada situación de la compañía, otrora balear, actualmente catalana, en estos años. Quién haya leído con detenimiento la prensa económica estos dos últimos años, sabe que Spanair perdió algo más de 186 millones de euros en el año 2009 y unos 115 millones en el ejercicio 2010. Todo ello con una facturación de unos 600 millones de euros anuales. Aquello era una bomba de relojería que tenía que estallar. Lo que es curioso es comprender por qué ha explotado ahora y qué hay detrás de toda esta quiebra. La historia es breve pero creo que explicativa de cómo está nuestra querida España en estos momentos.

Spanair se funda en 1986 en Palma de Mallorca. En 1988 comienza a operar con vuelos charter cuyo objetivo principal era transportar turistas europeos a nuestro país. En 1994 inicia sus vuelos regulares por todo el territorio nacional, inaugurando tres años después, en 1997, su primera línea internacional. En el año 2002 entra el grupo sueco SAS en su accionariado, pasando Spanair a formar parte de Star Alliance, la alianza de compañías aéreas más grande del mundo. Con el paso de los años, Spanair logra hacerse con una cuota de mercado de un 22% en nuestro país, cifra nada desdeñable, pero la crisis y el auge de las compañías Low Cost golpea fuertemente a la empresa, lo cual lleva a la misma a vivir una situación límite en el año 2008. Aquello, unido a las inmensas críticas recibidas tras el terrible accidente de Barajas,  hizo que SAS buscase salir, al menos parcialmente de la compañía. Y en esto, cuando nadie daba un duro por Spanair, llegó la Generalitat Catalana.

El 31 de enero del año 2009 entra en el accionariado de la compañía Iniciatives Empresarials Aeronàutiques (Ieasa), la cual aglutinaba a la Generalitat, al Ayuntamiento de Barcelona, a Fira y otros pequeños empresarios, adquiriendo el 80,1% de Spanair, pasando SAS a ser socio industrial con el 19,9% restante. La transacción se fijó en el módico precio de 1 euros, dada la situación que atravesaba Spanair en aquellos momentos. Desde entonces han salido de las administraciones públicas catalanas aproximadamente 150 millones de euros para tratar de reflotar a la compañía. ¿Qué se escondía detrás de estas inyecciones de dinero?

En el año 2008 existía una gran preocupación en el seno del "tripartito" como consecuencia del creciente aislamiento que sufría El Prat, en comparación con Barajas. La T-4, operada casi en exclusiva por Iberia, había hecho que la compañía española eligiera Madrid como centro de sus operaciones. Barcelona quedaba, por lo tanto, en manos de aerolíneas Low Cost y al margen de las principales conexiones aéreas. Esta circunstancia dejaba a la capital catalana en una clara desventaja competitiva, no ya sólo con Madrid, sino con las principales capitales europeas, con todo lo que ello conllevaba: menores posibilidades de atraer empresas a la ciudad, menores posibilidades de organizar congresos y eventos y, por supuesto, menor atracción de negocio vía turismo. En ese sentido era lícito que se buscasen soluciones para revertir un futuro que parecía sombrío. Spanair, en ese sentido, se consideró una inversión estratégica del gobierno catalán. El propio Trías, alcalde de Barcelona, apuntaba el pasado mes de julio que Spanair era una apuesta clave en su intención de consolidar a Barcelona como capital económica del sur de Europa y del Mediterráneo, a la par que admitía que el proyecto era de elevadísimo riesgo.El problema es cómo se han articulado estos movimientos. Una cosa es favorecer la inversión de unos empresarios a través de subvenciones razonables, incluso retornables, porque su actividad es viable y favorece el bien común, y otra es dar un cheque en blanco con dinero público sin evaluar rendimientos a una compañía que sin el mismo era incapaz de operar.

Pero sigamos con la historia. En las últimas semanas se había sabido que Bruselas obligaba a Malev, aerolínea húngara, a devolver unas ayudas estatales recibidas en su día por considerarlas ilegales. La siguiente compañía en el punto de mira era Spanair por las ayudas del gobierno catalán. Ante la insostenibilidad de las cuentas públicas catalanas, se comienza a especular con que la compañía no pueda recibir el dinero público que precisaba para seguir operando. En ese momento entra en juego Qatar Airways, con la cual se llegó a reunir incluso Mas Collell, actual consejero de economía de la Generalitat, en los Emiratos Árabes tratando de buscar una solución a la crítica situación de Spanair. El miedo a que Bruselas obligase a reintegrar los 150 millones de euros recibidos por la aerolínea procedente del gobierno catalán dio al traste con la operación. Sin alternativas y sin más dinero en las arcas públicas, a Spanair no le quedó más remedio que suspender sus operaciones anoche.

La historia de la compañía catalana nos deja varias lecciones interesantes. La primera es que con "pólvora ajena" se dispara estupendamente. ¿Nadie de la Generalitat con un mínimo de rigor fue capaz de entender que aquello era un disparate y que esa supuesta "inversión" no se iba a recuperar en la vida? ¿Qué sin inyección pública de dinero el proyecto moría, y que las arcas estaban cada vez más vacías? ¿Sabe la ciudadanía que en el mes de noviembre, en pleno ejercicio de austeridad y recortes, en algunos casos sangrantes por parte del nuevo gobierno de Artur Mas, el ayuntamiento de Barcelona transfiere otros 25 millones de euros a Spanair?  No se puede gestionar una empresa cuadrando las cuentas sólo con dinero público.

La segunda lección es que nuestros políticos tienden a pensar más en su ego que en el bien común. El sueño de una aerolinea catalana, llevada a cabo por un gobierno nacionalista en medio de la peor crisis económica de los últimos 80 años era algo prescindible, sobre todo cuando estamos viendo que hoy en día se tienen problemas para pagar nóminas de funcionarios, se cierran quirófanos determinados días y no se garantizan la percepción de las ayudas para personas con riesgo de exclusión, las cuáles realmente las necesitan en su día a día. Esta segunda lección es recurrente. Los aeropuertos de Ciudad Real y Castellón o las líneas de AVE entre poblaciones Castellano -  Manchegas son como un martillo pilón que nos recuerdan permanentemente los miles de millones de euros dilapidados en pos de un supuesto "bien común" que realmente escondían megalomanía pura y dura de quiénes nos dirigen. Las facturas las pagamos luego entre todos. 

La tercera y última lección, probablemente la más importante, que nos deja el caso Spanair, es acerca del papel de las instituciones públicas en la economía. El estado y las comunidades autónomas son agentes económicos cuya misión se puede entender desde una triple perspectiva. Por un lado, tienen la labor de fijar las reglas del juego para los agentes privados que participan en el mercado. Por otro, redistribuyen la renta en virtud de los impuestos que recaudan. Por último, tienen la obligación de proveer aquellos bienes y servicios que por motivos de interés general, no pueden dejarse, al menos exclusivamente, en manos privadas. Me refiero, obviamente, a la educación, la sanidad, la seguridad o la gestión del medio ambiente, por ejemplo. Dentro de esta última función tienen también cabida determinadas inversiones que inciden en la calidad de vida de los ciudadanos de un país. Sin embargo, no es labor del estado ni de las instituciones públicas embarcarse con el dinero de todos en proyectos que entrañan un gran riesgo y del que pueden salir escaldados. Para empezar por el coste de oportunidad de los mismos, para seguir, porque no se puede ser juez y parte en una actividad económica, pero por último y sobre todo, porque se sitúa en las antípodas del juego democrático. ¿Alguien querría que el estado dispusiera de sus tributos para invertir en una empresa privada que ha perdido 300 millones de euros en dos años?

El epílogo de esta historia es lo que más duele. Desde el lunes el INEM contará con 4.000 nuevos desempleados, hay 22.000 viajeros de todo el mundo afectados y nuestro país no sólo ha perdido a una línea aérea de las más importantes, sino que ha vuelto a dar una imagen horrorosa. Cataluña se ha quedado sin su proyecto estratégico, dilapidando 150 millones de euros en un momento tan sensible como el actual.  Otro papelón de nuestros políticos.







4 comentarios:

Katy dijo...

Una pena. La mala gestión al fina siempre está detrás. Querer ser cabeza de ratón en vez de cola león, nos lleva a menudo al desastre. Derrochar dinero público a manos llenas es la tónica de los últimos años. Y verdadero drama: 4000 mil nuevos parados con nombres y apellidos.
Magnífico análisis. Me ha quedado claro lo que ya intuía.
Un abrazo y buen finde

Juan de Santiago dijo...

Es un drama para 2000 familias. Además de la mala gestión, para mi las administraciones han tenido mucha culpa. Cada uno rema por su lado y así no se puede acabar bien. Por un lado a Spanair la freían con tasas en el aeropuerto del Prat, y por el otro el ayuntamiento de Girona paga a Ryanair por cada avión que aterriza. Spanair ni ninguna compañía puede competir en estas condiciones.
Y esto es sólo una metáfora de lo que sucede en Europa. Hoy leía que Google factura en España 550 M€. Para pagar menos impuestos la sede la tiene en Irlanda. El dinero lo mueve libremente a Holanda porque las transacciones con EEUU no cotizan. Al final Google ha dejado en impuestos 26.ooo €. Con unas diferencias fiscales tan grandes entre países Europa está abocada al colapso. Irlanda, Holanda y Luxemburgo, para atraer un puñado de puestos de trabajo están limpiado las arcas de media Europa.

Fernando dijo...

Katy, millones de gracias por pasarte, por el comentario y por tus palabras. Lo peor, como bien apuntas, los parados con nombres y apellidos que se han quedado sin oficio ni beneficio, así como la imagen que han vuelto a dar nuestros políticos.

Un abrazo

Fernando dijo...

Hola Juan! Millones de gracias por pasarte y por el comentario. Tocas muchos palos y la respuesta es compleja. Yo creo que está bien que la administración de subvenciones y ayudas para mejorar la economía de una región o de un país. Bajo ese prisma puedo entender determinadas políticas en relación a las aerolíneas, pero una cosa es eso y otra tratar de mantener con vida a un cadáver con dinero público. Eso es insostenible. Y de aquellos polvos vienen estos lodos.

En cuanto a las políticas fiscales dentro de la UE, quiero creer que dentro del mayor esfuerzo de integración que se quiere hacer ahora en Bruselas, algo se avanzará en este sentido. Veremos en cualquier caso.

Un fuerte abrazo