domingo, 21 de agosto de 2016

Cultura de Esfuerzo

Sobre Juegos Olímpicos y Otras Cuestiones

Lo reconozco, me encanta seguir las Olimpiadas. Nunca creí que escuchar una final de badminton por la radio, o la llegada a meta de Maialen en su final narrada por Manolo Lama, pudieran ponerme tan nervioso. Pero sobre todo, y además de saciar mi eterna ansia por aprender cosas nuevas, los Juegos Olímpicos permiten poner el foco en miles de deportistas habitualmente anónimos durante cuatro años, los cuales logran a menudo emocionarnos con victorias históricas, heróicas en muchos casos, que terminan sacando lo mejor que tenemos como país. Son ese pegamento que a menudo echo de menos en nuestra clase política, pero sobre todo, tienen una historia de éxito detrás que al igual que la que contaba el otro día hablando de James J. Braddock, tienden a resultar inspiradoras para la inmensa mayoría de los mortales.

Cuando uno coge la prensa estos días y lee las entrevistas a Carolina Marín, Saúl Craviotto, Ruth Beitia y otros tantos, encuentra siempre algunos patrones de conducta que se repiten con asiduidad: trabajo, esfuerzo, sacrificio, motivación, pasión, fuerza de voluntad, afán permanente de mejora y exploración de los propios límites personales de cada uno. Por supuesto que estos rasgos son también comunes en los Nada, Gasol y compañía, pero digamos que a éstos deportistas les tenemos más calados. Cuando Mireia ganó el oro al inicio de estos juegos, el mero hecho de escuchar el programa de entrenamientos semanal que ha tenido estos años para llegar a Río en sus mejores condiciones, a mi, que he sido siempre súper deportista y que he disfrutado como un enano entrenando (no digamos ya de la competición), se me cargaban directamente los gemelos. Como decía su entrenador hace unos días, "no es la más talentosa, pero ha ganado con trabajo, pasión y ganas".

Bromas aparte, y volviendo de nuevo a Mireia, nunca se me olvidará una entrevista que le hicieron tras su éxito en los juegos de Londres, cuando España estaba en el peor momento de la actual coyuntura económica, y le preguntaron acerca de lo que tenía que hacer nuestro país para salir de la crisis. Ella, con total convencimiento dijo: "trabajar". Y es que como decíamos el otro día también, no hay atajos para el éxito. Todo lo que merece la pena, se cuece a fuego lento.

Podría decir alguno, y no le faltaría razón, que hay mucha gente a la que un mercado laboral terriblemente inefciente les ha privado de esta posibilidad de trabajar durante los últimos años. Y es cierto. Lo más duro de esta crisis económica es que ha sido y sigue siendo terriblemente asimétrica. Los más desfavorecidos son los que más han sufrido las consecuencias, incrementadas por los recortes que se han llevado a cabo en ciertos servicios sociales. Y lo que es más desesperanzador: aún no hay moraleja. Esa es la consecuencia principal de la crisis de valores que estamos sufriendo y que subyace en la económica. Y ese fue el principal motivo  de mi tesis doctoral. Como me gusta subrayar, con más frecuencia de la deseada olvidamos que Adam Smith, padre de la economía moderna, era catedrático de ética en Oxford, y que ambas disciplinas allá por el siglo XVIII iban de la mano. ¡Cuánto han cambiado las cosas!

Desde que en el año 2008 cayó Lehman Brothers, han sido muchos los que han dado sus recetas para dejar atrás esta coyuntura tan dura, tratando de influir en la vida política de nuestras sociedades, como si de verdad un gobierno fuera a ser el maná que terminara de golpe con todos nuestros problemas. ¿Pensamos de verdad que nuestro día a día va a mejorar notablemente por que gobierne uno u otro? Personalmente me muestro escéptico. El éxito de nuestros deportistas olímpicos, bajo mi punto de vista, pone de manifiesto una realidad como un piano: nunca nadie va a hacer más por nosotros que nosotros mismos. Ahora se ha puesto de moda hablar de la resiliencia, y tal vez sea la palabra adecuada, pero para mi es más sencillo. El camino hacia el éxito casi nunca es una línea recta. Por el mismo suelen venir curvas, muchas de ellas bien cerradas, y de lo que se trata es de no desistir en el empeño. La vida siempre nos muestra alternativas para llegar a la meta y de nosotros depende aprovecharlas. Las dificultades nos hacen más fuertes. Lo que no vale es tirar la toalla.

Nadal estuvo a punto de tener que retirarse con 19 años por una lesión en la planta del pie. Lo que tuvieron que hacerle para corregir esa lesión es lo que le ha generado sus eternos problemas de rodilla durante su carrera. Acaba de ganar un oro y se ha quedado a las puertas de una segunda medalla con una lesión en la muñeca que aún no está curada, y estando lejos de su mejor momento físico. Saúl Craviotto estuvo a punto de tirar la toalla hace un año cuando no logró entrar en la final del mundial del año 2015. Desde aquel momento cambió su forma de entrenar e incluso de alimentarse. Mireia Belmonte comenzó a nadar como remedio a una escoliosis, y este último año ha superado una importante retahíla de lesiones. Carolina Marín ha tenido que pasar por encima de toda la falta de medios en una federación tan pequeña como la de badminton y me llamaba la atención cuando comentaba tras ganar su medalla como en los entrenamientos a los que le sometían, utilizaban ventiladores y no se le permitía cambiar la raqueta cuando la rompía para ser capaz de superar cualquier eventualidad durante los partidos. Maialen ha logrado un oro después de haber sido madre durante este ciclo olímpico. Ruth Beitia dijo que se retiraba tras ser cuarta en Londres por la mayúscula decepción que aquello supuso, y efectivamente se retiró pero sin embargo ha sido capaz de levantarse, de volver, para ganar medallas en europeos y mundiales, pero sobre todo para colgarse un oro en Río con 37 años, culminando así un currículum inmaculado. Joel ha tenido desde Londres una lesión gravísima de rodilla y un cambio de categoría en Taekwondo, y pese a todo ha sido capaz de colgarse otra medalla. Y Eva Calvo hablaba de lo duro que había sido llegar hasta los juegos y el difícil equilibrio que para ella había supuesto entrenar y no pasarse de peso. Ahora añoraba comerse una simple "Tortilla de patatas". Y así un largo etcétera que alargaría este post hasta el infinito si entrásemos la historia de cada uno de nuestros deportistas, yendo mucho más allá de los medallistas.
 
Pero la historia de nuestros olímpicos tiene otra moraleja: la importancia del estímulo, el cual ha hecho que todos ellos hayan sacado lo mejor de sí mismos. La obligación de nuestros políticos y dirigentes es garantizarnos a todos la igualdad de oportunidades y condiciones de partida, que no la igualdad per se. Parece lo mismo pero no lo es. Cuando el estímulo es lo suficientemente grande, las personas somos capaces de hacer lo impensable. Ese es el auténtico motor que nos hace alcanzar cotas que parecen inaccesibles a priori, siempre no regateando ni un esfuerzo en horas de estudio o trabajo, o en el caso de nuestros deportistas, en los abdominales, minutos de carrera o pesas durante sus entrenamientos, superar los días de lluvia, frío y nieve en invierno, o los de extremo calor en verano. Aplicarse en el trabajo, vaya. Cinderella Man, como comentábamos el otro día, tuvo en el sufrimiento de su familia el punto de inflexión. Eso es lo que hace que las sociedades realmente progresen y no un estado paternalista, sin que ello signifique renunciar a los progresos sociales logrados entre todos, precisamente con gran esfuerzo.

Así pues, yo no sé si mañana Pedro Sánchez desbloqueará su postura y finalmente tendremos gobierno o no. Y de veras, tampco me quita el sueño. Lo que sí que sé es que nuestro futuro depende sobre todo de nosotros mismos, y que tras unos días que me cojo ahora de vacaciones, en mi vuelta al trabajo me tendré que seguir vaciando para seguir sacando adelante una empresa ante una tesitura que sigue siendo complicadísima. Nuestro éxito dependerá del trabajo que tendremos que llevar a cabo de la mano y como el equipo que somos. Hoy terminan los Juegos Olímpicos y nos quedan cientos de ejemplos de personas que nos pueden dar pistas acerca de cómo hacer nuestras vidas un poco mejores. Y es que el trabajo siempre da sus frutos, aunque a veces sea a largo plazo y cueste no desanimarse. O como diría Simeone, el esfuerzo no se negocia. Cultura y valores. Optimismo Olímpico lo llamo. ¡A por ello!


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