domingo, 28 de agosto de 2016

Sobre Personas, Amor y Vinos

Algunas Reflexiones

Una buena amiga mía, en cuanto lea el título de este post se echará unas risas. "Ya está Fernando con sus ejemplos relacionados con el mundo del vino", pensará. Pero es que de verdad creo que hay muchas analogías entre las personas y este maravilloso sector al que me dedico. Bueno, realmente es que creo, como ya he dicho en más de una ocasión, que la naturaleza es realmente sabia y que lo único que ocurre es que pasamos demasiado tiempo obcecados en nuestro día a día sin prestarle atención y obviando las muchas lecciones que nos brinda. Sólo es cuestión de observar y reflexionar.

Por ejemplo, cuando las vides son jóvenes, se comportan como los adolescentes. Son como un saco cargado de hormonas que dan mucha cantidad (kilos) pero tan sólo se atisba su potencial cualitativo. Algo parecido a como éramos nosotros cuando teníamos 17 ó 18 años, que éramos capaces de hacer alguna reflexión interesante en la mesa cuando nos juntábamos con nuestros abuelos, pero que en el fondo andabas más pendiente del plan con tus colegas o de esa chica que habías conocido la noche anterior que de lucirte ante tus progenitores. A medida que avanzamos en la vida, sin embargo, tendemos a ponerle foco a nuestra existencia y a medida que alcanzamos nuestra madurez, comenzamos a sacar lo mejor de nosotros mismos. Lo mismo les ocurre a las cepas, cuando alcanzan los 25 - 30 años y comienzan a dar más calidad que kilos. Otro ejemplo es el de la competencia. Al igual que a las personas nos mejora, nos hace esforzarnos para batir a nuestros rivales, a las cepas les ocurre lo mismo. ¿Os habéis fijado en que algunas veces se deja algo de hierba en los líneos, entre cada hilera de cepas? Cuando la planta tiene que "esforzarse" por captar unos nutrientes que comparte con estas hierbas, el resultado es que termina sacando mejores uvas para hacer un mejor vino.

Pero si hay una parábola por excelencia, si se me permite usar este término, la que más veces he compartido en El Disparadero y con amigos, es la de la analogía entre el vino y el amor. Y es que cuando nos enamoramos y empezamos a salir con esa persona que nos gusta, todo es fácil. Todo es pasión y frenesí. Hay mucha química, pero también mucha física. En el fondo es como beberse un vino joven, blanco o rosado, incluso tinto roble, lleno de fruta y simpleza, con menor grado alcohólico del habitual, fácil de beber, fácil de compartir, fácil de maridar. Es el caldo más apropiado para adentrarse en este fascinante mundo. Ocurre, no obstante, que a medida que te va gustando el vino, te va apeteciendo probar otras cosas, porque los vinos jóvenes tienen su gracia, pero también sus limitaciones. Digamos que no muestran todo el potencial que tiene la uva.

La relación en la pareja evoluciona y aunque siga habiendo esa física y esa química, lo lógico es que poco a poco vayan apareciendo otras inquietudes. Se van compartiendo más espacios y en paralelo también las cosas se van haciendo mas complejas. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, se va también creando una complicidad que te adentra en otra dimensión. Se comienza a disfrutar del amor de otra manera, que si se sabe apreciar, es mucho  más plena. Aquí nos toparíamos con un Crianza, un vino de 12 meses de barrica, en el que la fruta sigue estando presente, aunque a veces para encontrarla hay que dejar "respirar" un poco al vino. La complejidad es mucho mayor, pero también lo son las oportunidades de disfrutar este tipo de caldos. Dónde esté un Adaro de PradoRey o un PradoRey Finca Valdelayegua (y permitidme que barra para casa), que se quiten todos los vinos jóvenes del mundo. El Adaro no sólo es válido para acompañar innumerables platos, sino que es idóneo para celebrar bodas, cumpleaños o lo que se tercie. No entra tan fácil como un vino joven, pero se disfruta mucho más con las comidas y entornos adecuados.

No todo el mundo sabe el origen de la palabras Reserva o Gran Reserva, pero su historia es cuando menos curiosa. Allá por el siglo XIX en Rioja, la gente hacía una "Reserva" de un vino de Crianza en una añada muy buena, o una "Gran Reserva" de un vino de Crianza en una añada excepcional. Eran más una filosofía que una categoría de vino, que es en lo que parece que se han convertido.Su elaboración es mucho más larga y complicada que la del resto de vinos.

Para hacer un Reserva o un Gran Reserva como en antaño, y para que éstos alcancen su plenitud, hacen falta muchas cosas. Lo primero una gran vendimia, en la cual la uva haya madurado a la perfección y llegue en estado óptimo a la bodega. En segundo lugar, una elaboración muy cuidadosa,  que conlleva una supervisión escrupulosa de la fermentación y una selección adecuada de las barricas, permitiendo que el vino repose en ellas con la temperatura y luz adecuadas.  Pero incluso una vez que el vino está en barricas, a éstas hay que manipularlas convenientemente y con mucho mimo. Y así, tras los meses oportunos, que nunca son estándar, sino que depende de lo que el vino va pidiendo, llega el momento crítico, en el que el enólogo coge las barricas en las que ha metido el vino y decide como va a hacer el coupage o mezcla final. Ahí te das cuenta de que el mundo del vino tiene mas de arte que de ciencia. Cuando se ha decidido cuál va a ser ese coupage, el vino se embotella. Y a partir de ahí, puede durar 30, 40 ó 50 años en plenitud hasta que se consuma, pero para ello hay que mimar y cuidar cada botella cada día, por cuanto este tipo de vinos son muy sensibles y cualquier alteración en la temperatura, humedad o conservación, puede hacer que todo el trabajo previo se vaya al garete y el vino se avinagre. Para que un Gran Reserva alcance todo su potencial, además, hace falta paciencia, por cuanto no hay que tener prisa por beberlo antes de tiempo.

Pero cuando logras aunar todo lo descrito, cuando eres capaz de completar el ciclo, amigo, el Gran Reserva es otra dimensión. No hay vinos más elegantes que éstos. La fruta sigue estando, aunque madura y no de forma evidente al menos de primeras, pero la perfecta complicidad entre la uva, la barrica y la botella, con el sorprendente aderezo del tiempo, permiten al vino alcanzar su esplendor, desatándose un éxtasis enológico sin parangón. No son vinos fácles de beber de entrada, pero cuando los decantas, les das su tiempo y los disfrutas poco a poco, te das cuenta de que estás ante algo realmente especial que justifica toda la espera y el trabajo previo. Si te gusta el vino, estos vinos te enamoran. 

Ocurre, sin embargo, que vivimos en una sociedad que en la que se tiende a ir a lo fácil y a lo inmediato, y que cuando las cosas se complican, se tiende a cambiar. Tenemos tantas ofertas en todo, que nos hemos convertido en una sociedad de usar y tirar, incluso en el amor. O traducido al vino, se santifica la fruta y se desprecia la complejidad, obviando, como decía el otro día, que todo lo que merece la pena en esta vida cuesta.  Hacer un Gran Reserva es un proyecto que nace desde la viña y exige todo lo expuesto con anterioridad, lo cual no es fácil, y requiere múltiples esfuerzos para que todo el trabajo llegue a buen fin. Asumo que ha gente que no quiere complicarse tanto la vida, pero a mi me parece fascinante ver cómo mis abuelos se siguen cuidando 63 años después. Yo querría algo así para mi. Y me consta que su camino no ha sido precisamente fácil.

Aún asi, la vida es perra y a menudo nos depara sorpresas morrocotudas, y observas como gente que para ti eran un referente, parejas que parecían sólidas como una roca, terminan también su proyecto mucho antes de lo esperado, incluso sin saber muy bien por qué. Es entonces, cuando busco explicaciones, a menudo recuerdo que en bodega sólo hemos sido capaces de hacer cuatro Grandes Reservas en 30 años. Como decía al principio, la naturaleza es sabia y sólo hay que prestar atención para aprender sus lecciones. ¡Qué difícil es hacer un vino de este tipo y con qué poquito se puede echar a perder!

Hoy a mis 38 observo la vida de una forma muy diferente a la de hace algunos años. Sigo aspirando a hacer de ésta un Gran Reserva como la copa de un pino, pero no quiero que sea una mera categoria de vino, no quiero que sea un vino cualquiera al que meta en la barrica y luego en la botella esperando que el tiempo haga un milagro, sino algo muy, muy especial, un proyecto fascinante que me permita alcanzar la plenitud vital, que me mejore como persona y me realice. Imagino que por eso sigo en búsqueda permanente. En el fondo agradezco que las cosas me hayan ido de esta forma, porque como decía hace unos dias, ahora sí tengo claro lo que quiero. Efectivamente, va a ser verdad que las cosas nos pasan para algo.

¡Salud!







2 comentarios:

Sara Marti Lara dijo...

Comparto todo lo que has subrayado en letra roja al cien por cien y como siempre sueles hacer cuando escribes con el corazón ,,salgo emocionada de leerte!! Las cosas siempre nos pasan para algo como bien señalas en tu final ,, y desde luego te agradezco tu fantástico artículo porque me has puesto al día totalmente del tema vinícola q como sabes desconocia ,, además de una forma muy bonita... Deseo que tu camino interior te lleve a obtener lo que tanto buscas ...
Eres un ejemplo a seguir de verdad!!!
Mil gracias por compartir y un beso enorme...
Sara.

Fernando dijo...

Hola Sara! Qué ilusión leerte por aquí!

Millones de graias por tus palabras, te las agradezco de corazón, que es cómo se escriben este tipo de posts. Hablamos muy prontito.

Un beso gigante