jueves, 18 de agosto de 2016

El Hombre que no se Dejó Tumbar (Cinderella Man)

Caer y Levantarse

Pocas figuras del deporte me han despertado tanta admiración como James J. Braddock, más conocido como "Cinderella Man", el hombre que no se dejó tumbar, como rezaba la película de Ron Howard protagonizada por Russell Crowe hace algunos años. Siempre peleando a la contra y nunca tirando la toalla. Su vida me pone los pelos de punta, pero sobre todo me resulta inspiradora.

Braddock nació en el seno de una familia humilde originaria de Irlanda, allá por el año 1905 en uno de los barrios más pobres de Nueva York. Tras lograr sonados triunfos en el mundo amateaur del boxeo americano, comenzó a hacerse un nombre entre los profesionales a finales de los años 20, cuándo logró algunas victorias importantes que lo colocaron entre los púgiles del momento. Sin embargo, la suerte de Cinderella Man comenzó a torcerse el día que la bolsa de Nueva York hizo crack en el año 1929. Braddock, padre de familia numerosa, lo perdió todo y de la noche a la mañana se vio sin un dólar y malviviendo para sacar a sus hijos adelante. Tuvo que vender su casa y sus pertenencias para poder llevar un plato de comida a casa. Las pocas peleas que le surgían no le daban para vivir, por lo que tuvo que buscar un trabajo eventual en los muelles como mozo de carga. Durante el mismo, se lesionó la muñeca de gravedad, lo que le apartó aparentemente de forma defintiva de los cuadriláteros y le limitaba de forma ostensible a la hora de llevar a cabo sus tareas diarias en el puerto. 

Braddock tocó fondo, teniendo que llegar a pedir ayuda a los servicios sociales y a la caridad para poder subsistir. Pese a la férrea oposición de su mujer y a un estado físico que distaba de ser el óptimo, Cinderella Man decidió coger de nuevo los guantes. Lejos de venirse abajo, decidió tomar las riendas de su vida, apretó los dientes, se puso a entrenar y decidió tentar la suerte, dejándose el alma por salir de una situación que le superaba. Pese a que todo el mundo pensaba que estaba acabado y la gente del boxeo le dio la espalda en un primer momento, Braddock se convirtió en el héroe inesperado de una sociedad norteaméricana deprimida y necesitada de ídolos en una de las épocas más tristes de los Estados Unidos. Peleando a la contra, como decía al principio de este post,  y sin bajar los brazos, a Jimmy le llegó una nueva oportunidad.

En 1934, tras cinco años apartado de la cúspide del boxeo, una cancelación de última hora le permitió pelear en un combate contra John "Corn" Griffin, aspirante al título mundial, logrando una victoria tan memorable como inesperada por KO en el tercer asalto. Cuando aún sonaban los ecos de aquella magnífica batalla, a Braddock le llegó una nueva oportunidad. Esta vez contra John Henry Lewis, también aspirante al título mundial y el cual de nuevo era favorito en las casas de apuestas, pero que, al igual que Griffin, cayó en el décimo asalto contra todo pronostico. 

Apenas dos meses más tarde, Braddock, en medio de la euforia popular que invadía a todo el país, tumbó a Art Lasky, uno de los púgiles más importantes de los años 30, desatando la locura total en la sociedad estadounidense. Por fin el 13 de Junio de 1935, a Cinderella Man le llegó la oportunidad que había estado esperando durante más de 15 años. Ni más ni menos que la pelea por el título mundial, el cual ostentaba un imbatible (hasta aquella fecha) Max Baer, el cual a día de hoy se sigue pensando que tenía el mejor gancho de derechas de todos los tiempos, y el cual acostumbraba a ganar sus combates en un visto y no visto. Aquello parecía que iba a ser pan comido para el campeón, pero una vez más, Braddock apretó los dientes y entrenó mejor que nunca con la convicción de que en esta vida no hay nada imposible y que los límites nos los solemos auto imponer.

Cuentan los anales de la historia que el Madison Square Garden vivió una de las mejores peleas de siempre por el título mundial, en la cual, tras15 dramáticos asaltos, Braddock se impuso a los puntos para asombro de todos los entendidos y alegría de los millones de estadounidenses que veían en el de Nueva York no sólo un púgil de primera, sino sobre todo un símbolo, un soplo de esperanza para un país tan triste como su economía de aquellos años. No le duró mucho el título mundial, retirándose en 1938, pero su hazaña se sigue recordando como una de las más bonitas epopeyas de todos los tiempos en la historia del cuadrilátero.

La historia de Cinderella Man me parece, como decía al principio, inspiradora. A menudo entendemos nuestra existencia como un ejercicio de supervivencia, dónde parece que se trata tan solo de adaptarnos a las circunstancias y aguantar el chaparrón. Yo admiro a la gente que es capaz de rebelarse contra ello y tiene la valentía de llevar la vida que quiere llevar, a los que se atreven a desafiar los límites que se nos imponen (o que nos imponemos), los que hacen suya aquella frase de Mohammed Alí que rezaba eso de que imposible es "tan sólo una opinión".  Jimmy Braddock era una de esas personas.

O como comentaba en mi anterior post, todos tenemos derecho a tocar fondo, pero también la obligación de levantarnos, ya que lo importante no es caer, sino ser capaz de venirse arriba de nuevo, mirarle a la vida a la cara y tener el valor suficiente para afrontar y cambiar las cosas si es preciso. No se trata sólo de salir de la zona de confort, sino de modificarla, de atreverse a ser feliz con independencia de las circunstancias que nos rodeen. 

Que el miedo y el dolor son inherentes a la condición humana es algo que sabemos todos, pero lo que nos diferencia es cómo gestionamos los mismos. Nos pueden paralizar, o por el contrario pueden ser motor de cambio. Podemos dejar que la vida nos lleve por delante, o podemos decidir que ésta no nos va a tumbar, por muy dura que pueda llegar a ser en determinadas ocasiones. Puedes vivir el momento, exprimir cada segundo luchando por us sueños, o permitir que tu circunstancia te supere.

O como decía Braddock, "La vida no siempre da segundas oportunidades". ¿Estamos dispuestos a aprovechar la nuestra?

"Golpea más fuerte, saca la rabia
y si esta vez no es, se que no, no caeré.
Y si esta vez no es, sé que me levantaré...
Como Cinderella Man, el hombre que no se dejó tumbar"