domingo, 7 de agosto de 2016

Vivencias - A Fuego Lento

Manual para Impacientes

La naturaleza es sabia, y nuestras abuelas también. Lo que ocurre es que estamos demasiado ocupados, absortos en nuestro día a día, para levantar nuestra cabeza de los teléfonos móviles y prestar atención un rato a lo cotidiano. Me confieso una persona conectada a todo lo posible, pero reconozco que el maravilloso regalo que supone trabajar a menudo en el campo, o al menos en contacto con un ser vivo com la viña y luego el vino, me permite tener otra perspectiva. Nunca agradeceré lo suficiente la suerte que tengo.

Cuando estaba en la carrera nos insistían los profesores encargados de explicarnos las asignaturas más relacionadas con el ámbito financiero de la empresa que el tiempo era un bien económico, y para más INRI, escaso. Y demasiado bien que lo hemos interiorizado. Vamos a la carrera por la vida. Y así cada vez son más los platos precocinados en los lineales de los súpermercados, de esos que están supuestamente listos en dos minutos, por eso compramos cada vez más por internet, disfrutamos de (parte) de nuestro ocio en las redes sociales e incluso hay quién prefiere jugar en la Play un buen partido de fútbol en lugar de calzarse las botas y salir al campo. Ejemplos tenemos a millares. Incluso en la forma de ligar. No es que yo pueda decir que haya sido un figura en la materia, así que lecciones puedo dar pocas, pero sorprende ahora con el whatsapp lo rápido que pasan las cosas. Reconozco que me cuesta seguir a algunos amigos, las cuales cambian de "musa" casi quincenalmente. Y es que a vecese se me olvida que estamos en una sociedad de usar y tirar, consumista, en la que lo que realmente importa no es la calidad , sino la cantidad. 

Es decir, somos pragmáticos y buscamos satisfacer a menudo nuestras necesidades más físicas, incluso en la parte afectiva. Aguante, para que negarlo, tenemos poco. A lo mejor estoy siendo un poco injusto, como siempre que se generaliza, pero basta con ver, por ejemplo, el número de divorcios oficiales, a los que habría que sumar los que son de facto y que no constan en las estadísticas. Pero también me gustaría saber cuánta gente de la que toma Gazpacho a diario, lo hace como lo hacían nuestras abuelas y cuántos lo compran ya hecho. No, este post no carga contra los Alvalle y compañía, los cuales en más de una ocasión han venido a mi rescate culinario, sino que trata de profundizar en las contradicciones que tenemos como sociedad. No invertimos tiempo en conocer, observar, experimentar, crecer, en sacarle todo el jugo a la vida, en definitiva. Todo lo queremos para ya, y así creo que no se puede.

Hace unas semanas se me ponían los ojos vidriosos en bodega. Vale que como dicen mis amigos tiendo a ponerme de vez en cuando "bizcochón", pero es que era un momento emocionante. Llegué a bodega en Julio de 2007, y tanto esa añada como la siguiente fueron una calamidad. Por fin, la 2009 mostró todo el potencial de la Ribera del Duero. Y ese año, por tercera vez en toda la historia de la PradoRey, decidimos elaborar un Gran Reserva que se estrenó, por cierto, en la boda de mi hermano Jorge el pasado fin de semana. Se trata de un vino que comenzó a elaborarse en la cepa en mayo de 2009, que entró en bodega en octubre de ese mismo año, y que se ha pasado casi 7 años entre barrica y botella para alcanzar el umbral de su esplendor, el cual ahora tan sólo se empieza a vislumbrar. Se trata del primer Gran Reserva que ha salido en la bodega desde que yo estoy en la misma, por cuanto la anterior añada fue la 2004, antes de que aterrizara en el mundo del vino. 

Vale, de acuerdo que este es un ejemplo exagerado, pero que viene al caso para recordarnos que todo aquello que merece la pena en la vida, cuesta esfuerzo, que los mejores guisos se cuecen a fuego lento y que la vida a menudo nos da pistas para entender que cuando el éxito viene demasiado fácil, conviene estar con la mosca detrás de la oreja, porque no hay atajos para el mismo. Que las dietas milagro no existen, que lo difícil es ser disciplinado con la comida y salir a correr no un día, sino uno tras otro. ¿Cuánta gente se apunta al gimnasio el uno de enero y tras una semana no vuelve a aparecer? Y otra cosa más, que sólo los que perseveran triunfan.

Propósito de enmienda por la parte que me toca, al menos en lo que la inmediatez se refiere. Que nadie espere que en la próxima visita a mi casa en Aranda, le reciba con una paella, porque imagino que eso llevará un aprendizaje, pero sí prometo paladear cada momento que me toque vivir y hacerlo con calma. A fuego lento, poniendo el énfasis en las personas, en la gente y las cosas que merecen la pena. Se acabó correr, salvo en el campo de fútbol (si el médico me vuelve a dejar jugar). Nuevos tiempos. Frutos que empiezan a madurar... O al menos eso voy sintiendo.